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sábado, 22 de abril de 2017

Mi muerte.

Ando planeando mi muerte.

No planeo mi suicidio,
si no mi muerte.

Aclaro que la vida
solo tiene el sentido
que uno mismo quiera darle.

Yo vivo para morir
y dejar un buen legado.

Si por un instante creen
que morir es algo malo
es que viven con miedo,
si quien teme a la muerte
no vive ni un segundo,
mientras que quien quiere morir
vive plenamente seguro de si mismo.

Si quiero morir es porque es fácil.
Morir lo hace cualquiera,
por alguien, unos pocos.
La pereza viene con vivir
y más cuando lo haces por alguien.
Lo curioso es que da sentido
tanto a la vida como a la muerte.

Y hablando sobre mi entierro,
sobre mi tumba quiero rosas azules,
(Por tocar los huevos y generar gasto)
las coronas las quiero en vida y abdicando,
y mi tumba, donde sea, donde quieran,
lo bueno de estar muerto es que no te quejas.
Eso te hace ser buen amigo.

Planeo mi muerte como el mayor de los eventos.
Tal vez lo haga mientras aferro su mano,
miro sus ojos, y expiro dedicando amor,
puede que sea en una cuneta,
con más alcohol que sangre en las venas
o atropellado por alguien que vaya así.

Lo más seguro es que muera mareado
por eso de que la vida da muchas vueltas.

Antes de morir fingiré mi muerte.
Quiero saber quien llorará el día que eso pase,
Aunque si me muero, ya dará igual,
si en la tumba se está oscuro
y por verse no se ver a donde fue a parar la vida.


Mi trato.

Mi trato consiste en conocerte,
saber más del mundo,
vivir embriagado, (si Dios deja)
y perderme en tu mirada.

Mi trato consiste en soltarme,
escaparme de mis grilletes,
escupir sobre mi propia tumba
mientras bailo con los ángeles.

Mi trato consiste en constituirme,
intoxicarme pronto si puedo,
matarme si logro atreverme
a provocarme un infarto con su cuerpo.

Mi trato consiste en irme,
fugarme en cuanto sea posible,
llevarme conmigo un petate
y dependiendo de su valentía, algo más.

Mi trato consiste en empezar a tratarme,
no como un estúpido, si no tratarme,
si mi diagnóstico está cerca de la alerta roja
como yo de visitar al yayo.

Mi trato consiste en dar mi alma,
recibir nada, polvo si acaso,
salir aun así ganando, junto a un diablo
que me reclama una devolución.

Y cuantas cosas trato de hacer,
cuantos tratos rompo sin mentir.
Seguiré siendo entonces un niño
que trata de apagar la luna a pedradas.