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martes, 20 de febrero de 2018

El tren.

El tren sigue sin dar tregua
en todos sus descansos 
que desaceleran el reloj,
apuntando sus manecillas
dibujando una sonrisa burlona.

El tren sigue sin bailar al son
del compás que lleva el mundo,
bailando lento, sin pegarse,
riendo por la compañía retenida
en sus entrañas de metal.

El tren sigue siendo mezquino,
no presenta interés en mí 
ni a nadie interesante cerca.
La siesta no la tomo no vaya a ser
que por una vez le de por tener prisa.

El tren sigue su trayecto
mientras busco a conocidos
con mirada triste y apagada.
No conozco a nadie salvo
la soledad que me acompaña.

El tren para de vez en cuando
y espero no tener que esperar
a que tantos suban cabizbajos
con las esperanzas muertas
atrapadas en sueños de cristal.

El tren, el tren, el tren.

jueves, 15 de febrero de 2018

Cuándo nos conozcamos.

Cuándo nos conozcamos
se que frecuentaré otro bar,
(saldré de casa como quien dice,)
y nos toparemos con mirada extraña.
Fingiremos no darnos cuenta.
Evitaremos la conversación,
solo al principio, cada uno reunido
con su tan querido grupo.
Será un conocido en común
los que dirijan mis pasos cerca tuya,
pero aún no habrá que hablar.
Mis palabras llamarán tu atención,
espero que de buena forma,
para comenzar a charlar, coartados,
en un inicio, tímido yo al ver
tus limitadas frases lejanas.
Poco a poco la confianza fluye
comentando aquel poema que escribí,
A quién no conozco, por conocer,
a quién ese día futuro se presentó
y eres solamente tú, única y tuya
despejando toda máscara que poseo,
libre de artificio y feliz por saber
las respuestas que me dan tiempo
ser capaz de responder.
Marcharé en silencio, sonriente,
por romper la barrera del silencio
de dos mundos tan distintos.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Mil amores. (Reflexión)

La mentira y los sentimientos siempre caminan de la mano. 
Por mucho que siempre he tratado de ser esclarecedor en aquellos designios que mi corazón dicta, siempre he albergado el deseo de proteger esas cálidas emociones del resto. Nunca he sabido con exactitud el motivo de tal ridícula empresa, si nunca sufrí ningún tipo de dolor por vanos intentos de avergonzarme por parte de los demás. He amado con locura a todos aquellos que me han querido y aún así creo que no es suficiente, pues pienso que merecen más que aquello que mi triste corazón pueda dar...Pero estoy limitado siempre por un latido que no sabe correr más rápido, por mucho que los mire a los ojos y les diga cuánto los aprecio.
Calló como estúpido por temor a hablar en vano quizás, o porqué se que mis actos son discordantes a mis palabras y me etiquitan de hipócrita cada vez que mi egoísmo impera en mis manos. No recuerdo si alguna vez llegué a decirles a mis padres cuánto valoro todas sus sacrificadas acciones, nacidas del amor de un hijo un tanto ingrato, ni a esos amigos por los que siento que nos une más que la simple palabra amistad el simple hecho de estar. Puede que me venza el ego que tal alto me mantiene, pero mi conciencia pesa casi tanto como mi silencio. 
Amo Aranjuez, cada una de sus calles y secretos, a pesar de que mi malhumorado ser no deje de gritarme al oído que habitan en él personas de poca cabeza y que se localiza muy alejado de mis intereses. Amo sus jardines, su plazuela de arena cuando el sol potente pica nuestra piel, la calle donde vivo, el bar que acoge mi juventud y el colegio donde, por muchas pegas que le puse en mi adolescencia, me crié. 
Tengo mucho que agradecer a todo lo que amo. Aranjuez me brindó una infancia tierna y feliz, donde pude compartir el tiempo con quienes eran importantes para mí. Añoro los días donde iba a la casa de aquellos que llamo yayos y daba dos besos al hombre de cano pelo que me enseñó que un hombre puede manifestar su amor sin temor a nada. Puede que sea la persona que más echo de menos.
Pero aún está mi yaya, la mujer más valiente que he conocido, fuerte y capaz, pero sobre todo, un ejemplo de una vida dedicada a quienes ama.
Amo en ocasiones demasiado, en otras, no tanto. Puedo enamorarme a primera vista con mucha facilidad o perder algo valioso para comprender cuánto valía. Así de estúpido alcanzo a ser.
Quiero con ternura a esos niños que cada viernes me reciben en mi antiguo colegio como su catequista desde hace casi ya cinco años. Muchas veces pienso que podría alguien mejor ocupar mi puesto, pero egoístamente no puedo alejarme de ese grupo que tanto me enseña y me recuerda que es ser niño realmente.
Quiero también, seguramente demasiado y por esto este aparte dedicado, aquel gimnasio de karate que desde tan pequeño me acogió, junto a todos sus integrantes. Alejarme de aquel lugar me causó un tremendo dolor y la impotencia llega a impedirme que en mis escasos tiempos libres pueda acercarme tan solo a saludar. Mi impaciencia clama por el día que pueda volver con ellos a entrenar, el día que mi torturador bautizado como tiempo afloje su soga.
Quiero a mi perro, como si fuera mi mejor amigo, la idea que tengo de esa chica de ojos verdes en mi cabeza, la literatura que me acoge cuando quiero evadirme o solo trato de disfrutar un buen libro. La música rock y rap, en castellano, pues siempre me ha gustado entender el mensaje. Quiero las bobas aspiraciones de una vida tranquila, el placer de las noches de verano, el conflicto alzado entre el viento y los árboles, la lluvia que fuerte cae contra el suelo. Quiero querer.
Quiero no guardar silencio sobre todo esto, no mentir ni echar la cara a un lado, permanecer firme en los sentimientos que albergo, feliz siempre que los acepto, pues como decía Lope, "esto es amor, quién lo probó lo sabe."

martes, 6 de febrero de 2018

A quién ya no soy.

Ahora y para siempre
resulta ser que me llamas,
una espontánea luz
que cobija las sombras
de mi vespertino malestar
transformándolas en formas
sinuosas que componen
un "amore mío" pretendiente
de toda una eternidad.
Tú, que te llamas esperanza,
y portas en tus ojos
la pasión que en su día tuve,
la llama Prometeo
por la cual mis versos
se visten de Vestales,
la añoranza del tibio trago,
puesto que estos son tan malos,
el perdón que me concedía 
junto a la ignorancia
que me volvía niño inocente.
Y son locuras que se desvanecen
si no te aferras a mi conciencia
erosionada ya de pensarte,
si trato de conjurar tu presencia
pero en este presente
solo vale en vano esperarte.
Melancolía en la cerveza,
un vino que te espanta,
pero que va a hacer sino,
si solo eres mi versión distorsionada
de lo que creo que una vez fui,
un crío pendiente de lo curioso,
hecho curioso, pues soy yo
quién está pendiente de ti,
un recuerdo difuminado,
taimado en esta imagen
donde el dinero era futuro
y no condenada ausencia,
donde mujeres eran rubor
con mejillas encendidas,
donde Dios habitaba con más fuerza
hasta que su cruel naturaleza
decidió que ya era hora
de hacerte mayor.


miércoles, 24 de enero de 2018

Ante el espejo.

Me miro al espejo
y puedo decir que me veo.
No es solo que vea
un chico macilento
de cabello maltratado
con una mirada tan marcada
como mis facciones.
Me miro al espejo
y veo a un idiota, un soñador,
un intento de poeta,
otro de escritor y de maestro,
un idealista, un crédulo,
un hombre que trata
de ser bueno.
¿Cuánta gente mira
y realmente se contempla?
Putas fachadas que niegan,
aparentan, fingen, disimulan.
Mentiras hacía si mismos...
Así uno no es feliz.
Ser feliz no es eso,
no consta de seguir a las masas,
tampoco alejarse de ellas,
más bien es algo así
como tratar de serlo
con aquello que te lo hace.
Nada de ser esclavo de la sociedad,
menos aún un frustrado
que solo reclama atención,
si el camino es tan sencillo
como dejar que todo fluya
al igual que una carcajada.
No tengo miedo en decir
cuanto quiero a los que amo,
no me paro a pensar
que dirán si intento algo y fracaso,
fracaso si acaso y me mofo
de mi mismo al volver a intentarlo,
no pierdo mi tiempo
con gente que no aprecia
o se confunde a la mínima,
si no dependo más que
de un macilento
de cabello maltratado
con una mirada tan marcada
como mis facciones
dispuesto a sonreír.
Dependo de que siga siendo
un idiota, un intento,
un utópico, un imbécil
que quiere enseñar
y hacer feliz
aún cuando nadie
lo pidió.
Dependo de que siga viendo
en el espejo
aquello que realmente soy.

miércoles, 10 de enero de 2018

A su silencio.

Tal vez me conforme con el hilo
de su voz leve atada a mi meñique
decidida a llevarme a darme de bruces
contra el destino que no atisbo a ver.
Puede que siga soñando la esperanza
que nunca contemplé, pero que me mira
de pasada, como una mera farola
titilando en la fría y profunda noche,
bailando con las sombras sin forma
bautizadas con su indomable nombre
mientras ardo en un simple 3 de agosto
por ser todo aquello que no soy.
Mi confusión se desprende lenta
de mi conciencia hasta la piel,
y no hay peor quemadura en el cuerpo
que la ausencia del contacto de sus manos,
a pesar de que desconozco que es
eso de susurrar la felicidad al oído
y conversar por mero afán de conversar
sin tratar de llevar una máscara de engaño.
Deduce entonces mi lógica subjetiva
que la distancia es larga entre los dos:
Viene de Tesalia, Macedonia o de la espuma
salpicada del mar Egeo, como si de Venus
se tratase su fantástica existencia,
y yo, bueno, de aquí o de allá, ni me hallo,
solo se que provengo de palabras fuertes
que flaquean si se erige con tal temple,
corazón menor botando por primera vez.
No deseo que sus ojos sean míos,
pues son bellos por el hecho de ser libres,
odio entonces quienes los codician,
si hombre que se precie no debe
ambicionar agarrar semejantes estrellas,
si el precio es salir ardiendo en su carácter
creyendo que es una simple mujer.
Tal vez me conforme solo con recordar
que existe en mi mismo mundo. Sonrío.
Puede que Dios realmente exista
y no contemple una realidad sin belleza.
Por eso sus ojos enamoran con mirarlos.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Nunca conocer.

Se extienden las noches del invierno
a lo largo de mi reconocida ignorancia
por los días que supondrían saber de ti,
aunque se, o mejor dicho, por ser correcto,
sabemos que no quieres conocer la cara
de un muchacho mundano que habla
como si los años pesasen en su lengua
o esta fuese traída de otros tiempos
donde decirte que eres bella mujer
no produciría una extraña expresión
que corrompa tus ojos de niña bonita.

Se extienden las noches del invierno
acortándose mis oportunidades de vivir
libre de todo desconocimiento en mi rutina,
sin la esperanza dulce del verde caramelo,
por otro lado, prometí encerrarme
en un cuarto verso que ha sido precoz
si no lo esperaba mínimo hasta,
dentro de mi pésimo cálculo, en unos meses,
placebo por no encerrarme en la imagen
de una amplia sonrisa dibujada fina
en la comisura delicada de tus labios.
jurando por lo más sagrado, Dios y mi ego,
que no disfrazo mis palabras con retórica
en falsa humildad para agasajar tu oído,
al contrario, pretendo engrandecerme
demostrando que soy capaz de sentir
sintiendo mucho si mis poemas incomodan.

Se extienden las noches del invierno.
Tengo veintiún años, idiota por la juventud,
dejado por mi pereza, creído por mi egolatría,
pensativo por mis libros e idiota de nuevo
por que así salí de mi madre, santa que me trata.
Tengo veintiún años, valiente por la edad,
comprensivo por mi mente, atento por mi educación,
cariñoso no, o sí, dependo del momento,
animado según mi ánima y preocupado
solo por no preocuparme en nada mísero.

Se extienden las noches del invierno,
tengo veintiún años tan solo, aunque acompañado,
añorando, no con nostalgia porque nunca los tuve,
tus ojos esperanzados que temo nunca conocer.