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viernes, 1 de diciembre de 2017

Nunca conocer.

Se extienden las noches del invierno
a lo largo de mi reconocida ignorancia
por los días que supondrían saber de ti,
aunque se, o mejor dicho, por ser correcto,
sabemos que no quieres conocer la cara
de un muchacho mundano que habla
como si los años pesasen en su lengua
o esta fuese traída de otros tiempos
donde decirte que eres bella mujer
no produciría una extraña expresión
que corrompa tus ojos de niña bonita.

Se extienden las noches del invierno
acortándose mis oportunidades de vivir
libre de todo desconocimiento en mi rutina,
sin la esperanza dulce del verde caramelo,
por otro lado, prometí encerrarme
en un cuarto verso que ha sido precoz
si no lo esperaba mínimo hasta,
dentro de mi pésimo cálculo, en unos meses,
placebo por no encerrarme en la imagen
de una amplia sonrisa dibujada fina
en la comisura delicada de tus labios.
jurando por lo más sagrado, Dios y mi ego,
que no disfrazo mis palabras con retórica
en falsa humildad para agasajar tu oído,
al contrario, pretendo engrandecerme
demostrando que soy capaz de sentir
sintiendo mucho si mis poemas incomodan.

Se extienden las noches del invierno.
Tengo veintiún años, idiota por la juventud,
dejado por mi pereza, creído por mi egolatría,
pensativo por mis libros e idiota de nuevo
por que así salí de mi madre, santa que me trata.
Tengo veintiún años, valiente por la edad,
comprensivo por mi mente, atento por mi educación,
cariñoso no, o sí, dependo del momento,
animado según mi ánima y preocupado
solo por no preocuparme en nada mísero.

Se extienden las noches del invierno,
tengo veintiún años tan solo, aunque acompañado,
añorando, no con nostalgia porque nunca los tuve,
tus ojos esperanzados que temo nunca conocer.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Intercambio.

Un toque, leve, pero fuerte,
me diste en ese centro
de emociones que decora
el corazón de mi invierno,
para mirarme,
para no mirarme,
observarme con cara atenta
mi gran estupidez
de niño bueno no tan bueno,
y que bueno es saber de ti
aun cuando solo sabemos
que no me atrevo, Señor,
a firmar ese trato,
un intercambio, si aceptas,
de mi alma joven
quejosa pero bien conservada
por tu mano de diablo,
mujer malvada, mujer diablo.
Pero se, que ese toque,
no era para mí. O no,
para mí nunca lo fue.
Por la atención de otro,
otro que está atento,
distraído finjo tras tanto
venderme por 30 monedas
que me traicionan,
tú por hablarle,
yo por perder en cobardía,
pero jugársela supone
quedarme sin nada.
Nada de ti.

domingo, 12 de noviembre de 2017

A quien no conozco (recopilación)

 A QUIEN NO CONOZCO.

A tus ojos les digo:
verdor de calma,
calmada alma, perdón,
por observar tal esperanza,
una alabanza que no entiendo,
y si entiendo es verdor nostálgico,
si mirarte es volver a ser niño
soñando fantasías
donde la magia se brinda en tus manos.

A tu sonrisa le digo:
perpetua perdura por favor,
si encontrarse tu sonrisa es
olvidar la vida,
la presión que aprieta al pecho,
y mejor si la veo, mejor,
tierno calor sobre el latido
provoca el escalofrío
que abrasa a mi inspiración.

Porque digo aquello que callo
y callo cuando no debo,
si me doblego
ante tu libertadora esperanza,
unos ojos dulces, verde caramelo,
que me apresa a la concesión
de un libre papel.

Porque digo tal vez demasiado
sabiendo que de poco sirve 
si la felicidad no invade tu cuerpo,
la luz blanca que resuelva el silencio,
aunque diga que eres linda
sabiendo que de poco sirve
si no te hago sentirlo.

A ti, que no te conozco,
de la que solo se lo que me imagino,
ojala seas como creo
si creo que así serás feliz,
aunque no haya hombres buenos
ni buenos en general,
aunque cielo y tierra quieran conspirar 
en contra de tus ojos
y su bonito verdor,
aunque tu sonrisa aveces se tuerza
en una mala mueca irreparable,
aunque todo o nada pase,
de corazón, a ti, desconocida, te digo:


ojala seas feliz.

A QUIEN SIGO SIN CONOCER.

Me aferro a tu ausencia
para llenar el hueco
de unos ojos que no miran,
de lo poco que queda cuando los labios,
cortados por el frío,
deciden guardar silencio,
y en la distancia
te ves más mujer de lo que ya eres,
si eres el diablo que no viene por mí.

Lamento no verte
por culpa de mi insegura parte,
tal vez sonría las penas
fingiendo que nunca me fijé en ti,
prohibiendo al latido
contemplarte,
aunque sea por un instante,
si tú tienes la gracia
y yo un mal chiste por vida.

A la cara soy honesto,
ante la tuya, puede que, un niño tímido,
solo se que mis dedos serían aire
y marcharían con la brisa,
alejándose, por poniente,
de la idea de observar
el mismo horizonte,
si tus ojos son esperanza
y los míos la penumbra con fe.

No acepto mis temores
pero menos aun estarme quieto,
aunque el diablo se esconda tras esos ojos
y la tentación tenga las manos abiertas,
aunque seas solo una ilusión
creada por los pájaros de un iluso,
Aunque pueda morir en el olvido,
me da lo mismo,
porque así soy yo.

Aun no se a quien te pareces.
En mi cabeza eres igual a la noche,
intrigante y fantástica
coronada por cientos de estrellas,
y no, no te conozco,
solo eres una extraña
que produce en mi la curiosa sensación
de que nos conocemos
y no.

SIEMPRE POR CONOCER.

Hace mucho que no recordaba,
o no quería hacerlo, ese nombre
hecho de breve esperanza
para lidiar con mi alma sigilosa.
Por conocer está el tercer verso
que hoy dedico en silencio tímido
temeroso de tu brava figura de mujer,
diosa en su forma si forma Dios
tus ojos de verde caramelo
para endulzar la mirada del joven
menospreciado por su triste figura.
Siempre por conocer, seremos,
dos personas más que ignoran
y habitan callados, hablando
en sus separados mundos tan distantes,
si guardo para ti la necesidad
de desnudar mi mente y dejar
de vestir mis palabras de apariencias,
la necesidad de estar por fin
para alguien si por fin está
la necesidad de estar para alguien.
¿Qué quiero? ni yo se que quiero,
ser rebelde calma escuchando
el brote de tu alma llegando a mis oídos,
cómplices del mismo delito
que es hablar sin pensar en manifestar
amores de ninguna clase,
saciar mi curiosidad constante
de hallar quien se encuentra
tras ese hermoso rostro de mujer.
Y se que puede que nunca ocurra
al igual que se que te escribiré,
sin avisarte, un cuarto verso
donde me encerraré para siempre
buscando un quinto que me haga sentir
la posibilidad de que ya no seas
siempre por conocer.

Apuesto por el vilo de mi vida
de rutina triste e incolora,
pues más triste es conocer
como es la vida si la sonrisa triunfa
y tu presencia llama a ser feliz,
si el futuro aciago puede alejarte
robando el valor de mi ya
menospreciada vida que siento,
pues temo no ser capaz de
sobrevivir después de saber
que hay tras el gris y quedarme
sin ningún atisbo de esperanza.
Pero siempre hay un pero.
¡Pero qué ojos más bellos!
¡Qué presencia tan fuerte!
¡Qué curiosa me parece!
¡Pero qué idiota me siento
al dedicarte un tercer verso
que dudo que llegues a leer!
Te soñé cuando menos lo esperaba
y espero...no se que espero...
si soñarte fue sonreír dormido,
contento de verte allí al menos,
si soñarte supone despertar
con el delirio de una ficción
que frustra mi ser y mi cuerpo.
Mi alma ya no lidia con la soledad
ni las respuestas rotas dadas
por el niño interior que exteriorizo,
ni las respuestas bobas compartidas
por esa parte mía que se cree poeta,
y ni mucho menos, con la realidad
de que estés siempre por conocer.

NUNCA CONOCER.

Se extienden las noches del invierno
a lo largo de mi reconocida ignorancia
por los días que supondrían saber de ti,
aunque se, o mejor dicho, por ser correcto,
sabemos que no quieres conocer la cara
de un muchacho mundano que habla
como si los años pesasen en su lengua
o esta fuese traída de otros tiempos
donde decirte que eres bella mujer
no produciría una extraña expresión
que corrompa tus ojos de niña bonita.

Se extienden las noches del invierno
acortándose mis oportunidades de vivir
libre de todo desconocimiento en mi rutina,
sin la esperanza dulce del verde caramelo,
por otro lado, prometí encerrarme
en un cuarto verso que ha sido precoz
si no lo esperaba mínimo hasta,
dentro de mi pésimo cálculo, en unos meses,
placebo por no encerrarme en la imagen
de una amplia sonrisa dibujada fina
en la comisura delicada de tus labios.
jurando por lo más sagrado, Dios y mi ego,
que no disfrazo mis palabras con retórica
en falsa humildad para agasajar tu oído,
al contrario, pretendo engrandecerme
demostrando que soy capaz de sentir
sintiendo mucho si mis poemas incomodan.

Se extienden las noches del invierno.
Tengo veintiún años, idiota por la juventud,
dejado por mi pereza, creído por mi egolatría,
pensativo por mis libros e idiota de nuevo
por que así salí de mi madre, santa que me trata.
Tengo veintiún años, valiente por la edad,
comprensivo por mi mente, atento por mi educación,
cariñoso no, o sí, dependo del momento,
animado según mi ánima y preocupado
solo por no preocuparme en nada mísero.

Se extienden las noches del invierno,
tengo veintiún años tan solo, aunque acompañado,
añorando, no con nostalgia porque nunca los tuve,
tus ojos esperanzados que temo nunca conocer.

Siempre por conocer.

Hace mucho que no recordaba,
o no quería hacerlo, ese nombre
hecho de breve esperanza
para lidiar con mi alma sigilosa.
Por conocer está el tercer verso
que hoy dedico en silencio tímido
temeroso de tu brava figura de mujer,
diosa en su forma si forma Dios
tus ojos de verde caramelo
para endulzar la mirada del joven
menospreciado por su triste figura.
Siempre por conocer, seremos,
dos personas más que ignoran
y habitan callados, hablando
en sus separados mundos tan distantes,
si guardo para ti la necesidad
de desnudar mi mente y dejar
de vestir mis palabras de apariencias,
la necesidad de estar por fin
para alguien si por fin está
la necesidad de estar para alguien.
¿Qué quiero? ni yo se que quiero,
ser rebelde calma escuchando
el brote de tu alma llegando a mis oídos,
cómplices del mismo delito
que es hablar sin pensar en manifestar
amores de ninguna clase,
saciar mi curiosidad constante
de hallar quien se encuentra
tras ese hermoso rostro de mujer.
Y se que puede que nunca ocurra
al igual que se que te escribiré,
sin avisarte, un cuarto verso
donde me encerraré para siempre
buscando un quinto que me haga sentir
la posibilidad de que ya no seas
siempre por conocer.

Apuesto por el vilo de mi vida
de rutina triste e incolora,
pues más triste es conocer
como es la vida si la sonrisa triunfa
y tu presencia llama a ser feliz,
si el futuro aciago puede alejarte
robando el valor de mi ya
menospreciada vida que siento,
pues temo no ser capaz de
sobrevivir después de saber
que hay tras el gris y quedarme
sin ningún atisbo de esperanza.
Pero siempre hay un pero.
¡Pero qué ojos más bellos!
¡Qué presencia tan fuerte!
¡Qué curiosa me parece!
¡Pero qué idiota me siento
al dedicarte un tercer verso
que dudo que llegues a leer!
Te soñé cuando menos lo esperaba
y espero...no se que espero...
si soñarte fue sonreír dormido,
contento de verte allí al menos,
si soñarte supone despertar
con el delirio de una ficción
que frustra mi ser y mi cuerpo.
Mi alma ya no lidia con la soledad
ni las respuestas rotas dadas
por el niño interior que exteriorizo,
ni las respuestas bobas compartidas
por esa parte mía que se cree poeta,
y ni mucho menos, con la realidad
de que estés siempre por conocer.

jueves, 2 de noviembre de 2017

El límite del amor.

-¿Podría volver a contarlo todo?- preguntó aquel hombre sentado frente aquella alargada mesa.
-Por supuesto.-respondió él- Todo empezó al cumplir los 25 años. Trabajaba lejos de mi casa y siempre me veía obligado a coger el coche. Siempre estuve muy orgulloso de ese Seat por lo bien cuidado que lo mantenía. Hacía lo imposible para que tanto la carrocería como la tapicería se mantuvieran impolutas. Trabajaba por el sur de Ávila y hacia unos 30 km para llegar. No es que lo tuviera cerca. Fue entonces cuando llevaba tres meses en aquel puesto cuando la conocí. Su nombre era Lucía. Recuerdo que me pareció la mano de Dios hecha mujer. Un día coincidimos en el ascensor del vecindario y me sugirió compartir coche al enterarse que teniamos destinos cercanos. Su sonrisa era...ah. Siempre se mantenía con un aura increíblemente bella y sus ojos eran un remanso de agua cristalina que parecía brillar con luz propia. Sus rasgos eran tan delicados... No pude evitar enamorarme de su alegría. Era contagiosa. Las conversaciones se mantenían en ocasiones forzadas, pero agradecía que tratara de intentarlo al menos, aunque la solía preferir en silencio para poder mirarla.- y tras decir esto su rostro se tornó serio.- Odiaba cuando me hablaba de su perfecto novio. No creo que se mereciese para nada el tacto de aquella mano. Caminaba como si el mundo fuese suyo y te hablaba aun peor a lo que ya amparentaba.-
Hizo una breve pausa y entrecerró los ojos.
- Fue entonces cuando tuvimos aquel accidente. Dios es un tanto injusto aveces. Yo salí sin un solo rasguño pero ella salió disparada por la luna. La contemplé desasgrarse en el suelo mientras llamaba a la ambulancia. La rabia me consumía con cada minuto que tardaba en llegar la ayuda.-Se recostó sobre la silla y siguió hablando. -Perdí aquella mujer que había logrado robarme la mirada y causaba que no tuviera otro pensamiento en el día.  Esa sonrisa jamás volvería a verla. Dios, ¿Porqué sufrí eso? O al menos eso pensé yo. Llegó un momento en el que creí volverme loco, pero pasó algo bastante inesperado que creía que nunca ocurriría. Su nombre no lo recuerdo bien, pero se sentó un día frente a mí, en mi oficina de viajes. Quería viajar a Francia con dos amigas y yo era el encargado de ofrecerle cubrir todos sus gustos por ciertos precios. Aunque esa sonrisa, tan parecida a la de Lucía me parecía pago suficiente.
- Céntrate en los hechos, por favor.
- A su debido tiempo todo. No puedo no evitar derretirme por dentro al recordar como podía perderme en su mirada.
- Eres asqueroso.
-Por favor, solo era un hombre enamorado. Eso no es delito. Bueno, continuo. La cosa es que tenía sus datos gracias al viaje que encargó y en mi gran miedo por perder nuevamente a Lucía...
-Se llamaba Ariadna. No eran la misma persona.
-Lucia, Ariadna... Da igual. Esa sonrisa no tenía nombre, amigo mío. Bueno, que me desvío, ¿por dónde iba? Ah, ya. Empecé a seguirla muchas veces a casa y trataba de vigilarla desde lejos sin que me viese. Esa sonrisa nunca, nunca se torcía. Ni una mueca que la corrompiera. Estaba trazada con la mano divina, como si hubiesen hecho de la belleza un color y hubieran plasmado toda una gran obra en el lienzo que era su rostro. Todo cambió tras cuatro meses más o menos siguiéndola.
-¿Te pilló?
- No, no, solo que un hombre enamorado no puede evitar en ocasiones no intentar algo. La sorprendí un día en su portal y confesé todo mi amor. Que mágico fue todo. No pudimos evitar hacerlo allí mismo. Sus gritos hacían que temiese que nos descubriesen y por ello la tapaba la boca. Nunca esperé nada así.
-¿Cuándo fue la siguiente?
-Todo en su momento. De primeras dire que con Diana no era tampoco muy compatible.
-Se llamaba Ariadna.
-Eso. Bueno, que pronto me olvidé de ella, y yo volví a estar triste. Sentía marchitar por la pena pensando aun en Lucía, pero para mi sorpresa, volvió a ocurrir. Su piel tenía una palidez que la confería un aspecto de porcelana fina, su pecho era... Digamos que era. Pero ahí estaba lo más importante. Aquella sonrisa que no era suya. Cuándo podía iba a aquel bar donde ella trabajaba y me pedía un café solo con hielos. A la semana ya no hacía falta ni que la diese mi pedido. Ella me lo traía siempre con una hermosa y amplia sonrisa que me atrapaba.
-¿La camarera era Marina?
-Soy muy malo para los nombres. Pero creo que sí. Su nombre me importaba poco, solo sabía que volvía a ver a Lucía en ella. Enamorado me tenía cada vez que la veía salir por la puerta de aquel bar dirección a casa. Seguí las mismas formas que con Diana.
-Ariadna- dijo aquel hombre enfadado de la mesa.
- Si, si. Lo que ocurrió entonces fue curioso. No tenía tanto miedo de confesar mi amor como lo tuve en el pasado, así que la sorprendí un día que volvía del trabajo. Al principio se asustó pero al verme volvió la sonrisa a la cara. Me escuchó con detenimiento y no pudo evitar no querer acostarse conmigo. En esta ocasión la llevé a mi casa. La encantaba hacerlo duro revolviéndose.- dijo con tono pícaro.-Pero al día siguiente ya no era lo mismo. La dejé frente su puerta y me fui a trabajar.
- Eres asqueroso.
-¿Usted nunca ha tenido amores de una noche? No creo que sea tan reprochable, agente.
El hombre se levantó y le lanzó una carpeta donde se asomaron unas cuantas fotos. Este las analizó reconociendo a la gran mayoría de aquellas mujeres.
- Mira todas esas fotos, hijo de puta.
Las fue analizando una a una. A pesar de que no sonreían seguían siendo muy bellas.
-¿Trata de decirme que soy todo un conquistador?
Un golpe chocó contra la mesa y un grito tomó la sala.
-¿Porqué las matabas tras violarlas? ¡No tenemos todo el día!
El hombre frente a él tenía la mirada tranquila y curiosamente el pulso muy sereno.
-Yo no violé a nadie agente. Ellas siempre quisieron probar de mí. Solo es que, tras hacerlo, ya no sonreían. Ya no veía a Lucía.
Comenzó a pasar las fotos de una en una sonriendo. Acariciaba sus impresos cuellos amoratados, como si fueran cristal fino. Entonces se topó con la foto ensangretada de Lucía. Su rostro esculpió una expresión seria.
-¿Cómo fue ella realmente?
Levantó la mirada y la rabia salía disparada por sus ojos.
-Aquel día me confesé. La dije que la amaba. ¿Sabes lo que hizo? Consolarme sin perder la sonrisa. ¿Cómo podía ser tan inhumana? ¿Confieso mi amor y solo puede darme una palmadita en la espalda diciendo que apenas la conocía? Por favor, si sabía hasta como tenía ordenado el cuarto.- suspiró y miró al suelo.-Yo andaba distraído tratando de recoger los pedazos de mi corazón fragmentado por las alfombrillas, cuando aquel animal que se nos cruzo me hizo frenar de golpe. Ella nunca se ponía el cinturón. Salió disparada atravesando todo, pero tampoco voló mucho. Cuando salí todavía estaba viva.
Calló derrepente y sonrió con malicia al policía.
-¿Qué es lo que hiciste? ¡Contesta!
Hubo un segundo de silencio donde el rostro de aquel hombre se torno en una mueca furiosa.
-¡Tomé lo que era mío! ¡Me pertenecía por derecho! ¡Sabía que aquel niñato no la merecía! ¡Hice lo que ella realmente quería! La amé como nadie...- dijo al final entre sollozos.
El policía se levantó y trató de mantener las formas. Aquel hombre le resultaba repulsivo.
-¿Qué ocurrió tras eso?
-La dejé desangrarse y llamé a la ambulancia.
El agente se sorprendió. Había algo que no encajaba en las palabras de aquel enfermo.
-¿No decías que la amabas?¿Porqué lo hiciste?
El hombre liberó una sonora carcajada.
-No sonreía.
-¿Cómo?
-¿No es obvio? Lloraba y no sonreía. Estaba rota. Tras eso no iba a sonreír de nuevo.
-Así fue con todas, ¿no?
Asintió fríamente. El policia creía que podía haber algo de arrepentimiento en sus palabras, que aquel condenado había comenzado a comprender que había obrado con maldad. Era un enfermo al fin y al cabo. Se sentó frente a él y abrió una carpeta.
-En recapitulación. Las dos primeras víctimas fueron violadas en el acto. A partir de la segunda comenzaste a estrangularlas, y con la tercera a secuestrarlas y cometer tus crímenes en tu casa. 16 mujeres en total en tres años ¿Algo a destacar?
Levantó la mirada y sonrió relamiéndose tras coger una de las fotos que reposaban sobre la mesa.
-Me gusta como sale su hija en esta foto.

jueves, 26 de octubre de 2017

Papá, papá.

Papá, papá,
¿Dónde estás?
¿Porqué tú cuerpo
es ahora tierra
y no descansa
tu espíritu de libertad?
Sigo oyendo
estruendos sobre
la maciza puerta
y tus gritos ahogados
tiñendo el aire
de una morada expresión,
sigo sintiendo
una falsa España
arrebatando tu color,
su aterradora intención
de hacerme hombre
antes de tiempo,
y para ser franco
me vetaré de amor,
solo para engañar
a ese Dios
abandonando esta tierra
donde el nacionalismo
tomó su trono
y ya no trinan
los pájaros en su bandada
devorados
por águilas
que no evangelizan,
solo imponen
que oxígeno
ocupará mis fosas,
el arte encerrado
que dejó de ser arte,
pero, papá,
ya no soñarás
con poder
volver a mirarme,
no descansarás
ni tras 80 años
que me hagan abuelo
de una democracia falsa
con un presidente
que teme
que desenterrarte
sea reanimar
tu latido republicano.
Papá, para
hombres vanos
fue tu lucha en vano,
para hombres libres
un ejemplo
a pesar de ser huesos
en el anonimato,
para tu hijo
una ausencia
que con frecuencia
respiro.
Yo sin padre,
España sin madre,
todos con vida
pero ninguno vivo,
Papá, tu que viviste
y sigues
dentro de este
no tan niño,
me calzaré tus botas
y cargaré el fusil
con la paz negada,
será esta triste expresión
mi uniforme
con cabeza ya formada,
si te leo en cada verso
de Hernández
llorando porque
yo no tuve nana.
Papá, me negaron
un padre,
una libertad
y a España.
Me negaron, papá,
por eso
Solo me consuelo
preguntando
donde estás.
Papá, papá,
¿Dónde estás?

lunes, 16 de octubre de 2017

Nocturno II.

Aunque la noche acabe
y yo siga respirando
la negligencia de Dios
de permitirme vivir vacío,
aunque la noche muera
dejando moribundos
ojos alcohólicos mohínos,
aunque la noche deje
de lado mis inquietudes
para caer en la vereda
discutiendo en monólogo,
sabré que la luna llena
no llena este extraño sentir
que gobierna en el epicentro
del terremoto del latido,
ni convierte mi alma desamparada
en guiada luz al cielo,
oye cielo, baja a verme
o me verás llegar a lo más alto
junto con una mezcla de
autocompasión y lástima,
acompañado por un vaso
que permanece seco
por la sed que nunca sacio
mientras relata viejas historias
que yo nunca oí.
Estoy cansado y hundido
pero albergo un pequeño
atisbo de esperanza,
todos los tontos tienen suerte
y por suerte soy tonto,
ahora solo queda esperar
con los brazos abiertos
buscando como no buscar
tomando por manual la historia
experta ya en esperar
algo bueno de nosotros.
Y morirá la noche,
nacerá mi esperanza,
con ella mi impaciencia,
pero nacerá algo bueno.
Tal vez ya era hora
de que llegase
algo bueno.