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viernes, 22 de septiembre de 2017

El placer de verte.

El placer de verte
es ver que te tengo,
aunque en ocasiones
dudo sobre eso,
pero... no se,
porque tal vez
el placer
es quererte
cerca de este corazón 
que hace del latido morse
expresando "oye,
ojos verdes,
se el hilo que me cose.
Que cosas tengo,
¿verdad?"
y no miento,
si digo que al llegar 
septiembre
recuperé parte
de materia de este pecho
pendiente,
de tus andares, 
del humo que inhalas
y sueltas calmada 
con serena mano 
que prende la llama,
llama al hombre malvado
a ser buen humano
si yace en tu cama,
un mono ya sin rama
mirando con vista cansada
sin sentirse olvidado.
Y sigo,
queriendo contarte
con los dedos
los labios finos,
morderte el amor
por partes
como un sueño
profundo y bienvenido,
convivir en cielos
donde solo se parte
si me parto yo contigo.
El placer de verte
es ver que te tengo
o ver que estás conmigo,
por eso, no sé,
si tenerte o
tenerte al lado.
mejor no elijo, ¿no crees
que tras haberte
mirado
no quiero yo 
las dos?



martes, 12 de septiembre de 2017

Antes de morir.

Sus ojos se abrieron de par en par. El silencio a su alrededor era un afilado y largo cuchillo que se hendía en sus tímpanos y desgarraba cada segundo un pequeño trozo más de su conciencia. Aquella cama parecía enorme para esa persona que, en la brevedad de su vida, se sentía un pequeño hombre que por derecho y obligación del mundo debía vivir con las ganas reducidas a sentir y el constante miedo a perder ese regalo que nunca solicitó.
Una mosca se posó en el brazo de Samuel. Aquel insecto parecía tramar algo. Tal vez tramaba no tratar de entender nada. Tal vez la ignorancia sea la única posibilidad de ser feliz, pero, ¿para qué serlo? Con un leve movimiento espantó a la mosca y se volteó hacia un lado mirando la pared, odiando su cabeza. Tenía una gran inquina sobre la persona que reflejaba ante el resto, ese prototipo de joven positivo capaz de todo a pesar de sus inútiles y torpes manos.
Como no odiar dicho contraste con la realidad, como no odiar al ser humano por hacerlo como él era, un lamentable ser que ni siquiera era capaz de auto compadecerse por sus infortunios…

Deslizó entonces bajo su almohada y aferró su móvil. Más de trescientos mensajes se agolpaban esperando respuesta, o a su parecer, en vano. Miró la hora y volvió a esconder el teléfono. Solo eran las nueve de la mañana y su cabeza ya lo bombardeaba con el odio visceral que solía impregnar sus palabras. Recordaba como el día anterior había discutido, como ya era costumbre, con todos sus allegados. Su prepotencia era muy notable a la hora de tratar con los demás, siempre con una consideración ínfima de las capacidades de reflexión del resto a pesar de que conocía que su limitación era tan palpable como la de los demás. Se giró hacia el otro lado y refunfuñó con los ojos cerrados. El mundo era una prisión muy grande y aun así se sentía muy limitado, como si cada lugar fuera otra celda con distinto tamaño y decoración, pero sin perder esa capacidad de apresamiento que alberga una cárcel. Peleó con las sábanas hasta tapar todo su cuerpo nuevamente. Nada de lo que poseía había estado a su elección, ni su cuerpo, ni su familia, ni su país…nada en su vida. Trataba de encontrar una ruta de escape, aferrado a la idea de que sus límites lo bloqueaban a hallar eso que unos denominan felicidad. Tosió levemente y abrió los ojos. La mosca había vuelto para posarse en su cara. Trató de atraparla malhumorado, deseoso por deshacerse de tan ingrata compañía, un esfuerzo inútil que le costó que volviera a posarse en su boca. Se alzó mascullando más de un insulto y zarandeó su mano de lado a lado. Bastante atorada tenía ya la cabeza para que una mosca cojonera apareciera para amargarle la mañana.
Se levantó tras coger su móvil y con un notable enfado se dirigió al baño. Levantó las tapas y comenzó a orinar. La evacuación de tal cálido contenido relajó levemente su asqueado contemplar de las cosas. Tras ello se dirigió al lavabo y lavó sus manos y su cara, para posteriormente ver su rostro reflejado en el espejo. No aparentaba tener veintiocho años, su demacre lo inducía a un estado de vejez precoz que podía llegar a sumar cinco o seis años más a su aspecto. Pasó la mano por su rubio cabello y lo amoldó a su gusto.
-¿Qué tal Samuel? ¿Has dormido bien?- Dijo mirándose al espejo. -¿Sigues creyendo que tu vida es una mierda? Pero si tienes curro, hombre, ganas bien y tienes novia. ¿No es eso a lo que la sociedad llama éxito?
Dejó escapar una fuerte carcajada y esbozó una irónica sonrisa.
-Siempre has carecido de objetivos. El ser humano tiene muchas cosas: conformismo, crueldad, egoísmo… Pero puede sobrevivir siempre y cuando tenga un objetivo. Lo único que tienes tú es una vida que no vives. O tal vez tú único objetivo es morir sin más.
Y tras decir esto, escupió con rabia hacia el espejo hasta verlo escurrirse por el pulido cristal. Su expresión se había tornado seria y sombría. Alargó la mano para agarrar una toalla y limpió los restos de su escupitajo.
-Feliz cumpleaños Samuel.

Salió del baño y se dirigió a su habitación. La noche anterior había dispuesto de su mejor traje sobre la mesa que ocupaba la parte derecha de su habitación. Se vistió con cuidado, evitando dejar alguna arruga, después se colocó su mejor reloj en su muñeca izquierda, se calzó con unos elegantes zapatos italianos y cogió el libro de Oscar Wilde que descansaba en su mesilla. Se dirigió al salón, se sentó en su sofá y abrió el libro por una página marcada. Tras esto saco de sus bolsillos una carta arrugada que dejó caer al suelo y un frasco de pastillas que tragó velozmente acompañado del whisky que reposaba sobre la mesa. Su sonrisa se fue alargando según iba sintiendo los efectos del narcótico, sintiendo huir cada uno de sus sentidos. Lo último que se fugó de aquel cuerpo fue su alma. Su cuerpo cayó hacia atrás, sin vida, expulsando espumarajos por la boca, siendo una muerte tan vacía como la vida que llevó, haciendo gala de la frase que subrayada sobre aquella página marcada se encontraba sobre sus piernas. “Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo.

martes, 23 de mayo de 2017

La oscuridad de ser llamado humano.

Existen hechos que solo se aprenden con el paso de los años.
La inocencia de nuestra prematura existencia nos protege de una triste y melancólica verdad. El mundo está corrompido por los malos deseos que habitan en nuestro interior.
No todo individuo desea el bien al resto, pues si te propones recordar situaciones donde has mostrado tus ambiciones más oscuras, admitirás haber sentido en alguna de estas ocasiones como deseabas el mal ajeno solo por mero egoísmo, por no ver como a otras personas les va mejor que a ti. Es por ello que el ser humano está enfermo.
Podemos tratar de reprimir este mal que tortura a nuestro espíritu, pero esto no eliminará la existencia del diablo que se oculta tras nuestra piel. Disimulamos una torcida sonrisa mientras que nuestra terca naturaleza nos fuerza a envidiar, odiar, ser intolerantes... a ser de todo menos personas.
El mundo se torna oscuro pues el hombre erigió su trono a base de sangre inocente derramada para su propio beneficio. No le importa el sufrimiento de quien no conoce, no necesita hacerlo, solo su manchada ambición se verá satisfecha cuando nadie se oponga a sus deseos, agrandando aun más si es posible el vacío que se haya en su interior. Así es el ser humano, un ser arrogante que se cree que puede conseguir la felicidad violando a la mismísima naturaleza y no ofreciendo su corazón al resto. Se cree que se debe esperar algo a cambio de aquello que se da, cuando solo debes abrir los ojos para ser recompensado. Tu alma elude la soledad, tus actos hacen felices a otro e incluso serás agradecido si saben valorarlo.
Solo aquel que es capaz de aguantar las embestidas de la vida sin caer en un pozo oscuro de desolación y avaricia es recompensado con la auténtica verdad: las pequeñas obras hacen que existir merezca la pena.
Maravillosa es entonces la conciencia, ese pequeño ser a la que la sociedad ha conseguido encerrar en una consumismo compulsivo con tal de no oír su incesante voz dándonos a entender que es correcto y que no lo es. Es sepultada por una imagen, aquella que tratamos de reflejar ante el resto, una vida perfecta que resulta envidiable. Una máscara repulsiva compuesta de engaños y mentiras.
¿Porqué deseamos poseer todo? ¿Porqué hay hombres que ambicionan con controlar el mundo? ¿Porqué otros solo tratan de mostrarse superiores al resto? Aquel que actúa para ser recordado por el resto será olvidado mientras que aquel que se olvida de si mismo y actúa por el resto será recordado. Nadie ama a quién lleva acabo grandes proezas, como mucho lo admira, por otro lado, ¿Quién no ama a quién no da todo por ti?
Lejos de si existe Dios o no, hay una presencia innegable en los buenos actos. Algunos lo llaman magia, y no están desacertados, pues no hay nada más mágico que aquello que es capaz de dibujar una sonrisa en cualquier persona.
El odio es una lacra que no permite disfrutar. Te corrompe la médula llenándote de malas emociones, oscuras y retorcidas, alejándote de seres queridos, de amistades y de quien podría llegar a serlo. Una mente enfadada es una visión nublada que no deja pensar con claridad. Una mente enfadada es un tumor que obstruye al corazón y no le permite sentir.
Es una lástima que esto no pueda cambiar, pues es irrebatible decir que está siendo nuestra perdición, haciéndonos incapaces de disfrutar como deberíamos de nuestras vidas.
La vida no es tan complicada con una sonrisa en los labios y un corazón lleno de amor. Aunque los bolsillos estén vacíos y los problemas abunden, siempre habrá esperanza mientras podamos decir que tenemos quien nos quiere y por tanto un motivo para seguir luchando.

lunes, 8 de mayo de 2017

Quería

Quería
Nacer en sus manos
Morir en su pecho
Razonar sin nada más
Que unos bolsillos vacíos
Como mi alma
Ya parecida al jilguero
De tanto trino en vano

Quería
Un mundo sin mal
Un mundo sin mundo
Silencio en la conciencia
O una conciencia silenciosa
Un rey sin corona
O con la corona
Ya ve usted
Pero sin poder al fin y al cabo

Quería
Ser un dios entre los hombres
No un hombre entre bestias
Un verso inmortal
Y no un nombre olvidadizo
En la lengua de un cualquiera
Ser amigo de Dios
Y no enemigo de mí mismo

Quería
Una palabra
Capaz de resumirme
De resumirte
De resumirnos
Un futuro brillante
Con luz al final del túnel
A Caín y Abel
Firmando la paz
Sobre la caja
De Pandora cerrada.

Quería:
Volver
No sé a dónde
Si tan solo quiero
Volver
Hablar con mi perro
No entenderme ni yo
Habitar y entender
O  no entender porque habito
No ser nunca adulto
O puede
Y ojalá se pueda

Nunca serlo.

domingo, 7 de mayo de 2017

A su imagen.

Sabrá seguro que sus ojos son la entrada
a un extraño páramo donde el errante
siente como su alma transtorna a figura sedentaria,
un amplio lago de agua congelada
que irónicamente hace hervir la sangre
al prender el fuego al que llaman pasión.
Su gesto es simple e inocente,
pero concede la ligera impresión
de ser su relajada postura un cálculo
capaz de atribuirla toda la belleza que alberga:
desde su tímida sonrisa a su inclinado cuello,
aquel cabello suelto que no esconde su rostro,
la palidez de su pecho como oro blanco,
la enrabietada hambre que provoca
el hecho de saber que esconde,
si su lindo gesto hace obviar su feminidad,
y me creo sin dudar al decir que es difícil
al sufrir los malos instintos de ser hombre,
pero son sus posadas manos reposadas en la calma
que siempre he requerido en mi cuerpo
aquella que me facilita el camino,
la luz  que se retiene a sus espaldas, temerosa
de que acariciarla suponga dañar
la hermosa imagen que locos como yo
admiran escondidos en el silencio.

jueves, 4 de mayo de 2017

Quebradiza.

Ya no abogo por los latidos implosivos,
Apoyo más el roce del ángel torcido
Del camino que se supone que es el recto,
Y es cierto, no creo que haya nadie perfecto
Pero si perfecto para alguien en especial.
Prefiero entonces el placer de conocer,
De marcharme, irme para volver
Envuelto en nostalgias errantes de verdad
Empapado por el aroma dulce de la miel.
Mientras tanto pasa con poco me quedo,
Pasmado, tal vez, sin saber dónde habitar,
Saboreando su sutil y doloroso español veneno
De sus caros labios finos de beso vertical.

Y que no, que no abogo más que por el ruido,
Haciendo homenajes al mártir caído
En tierra de nadie arrebatada de sus manos,
No hay cantos si en el encierro solo hay santos
Que lloran a falta de nana que los acune.
A mis hijos les recitaré sus versos heridos,
A los diablos de la patria tendré entretenidos
Con la imagen de un hombre a su engaño inmune
Dispuesto a demandar a quienes nos han mentido.
Mientras tanto pasa menos paso yo de todo,
Ser de justa vanagloria que ignora a la masa,
Solo pienso en encontrar, a día de hoy, el buen modo
En el que octogenarias no sean echadas de su casa.

No abogaré nunca por nada, por derecho,
Si acaso solo seré defensor de los hechos
Del hombre justo que lucha con fuerza
Por la familia que en casa le espera
Con el corazón lleno y las entrañas vacías.
Se parte el pecho y se quiebra el alma,
No existe ni un momento de calma
Ni un segundo para tener la cabeza fría
Si la mala fortuna le tiene en su palma.
Mientras tanto pasa piso con mayor rabia,
Triste, al tener que ver a ese padre,
Que se mata para dar a sus hijos una infancia
Y llora al oír que tienen hambre.

Ya no abogo por que los abogados no son justos,
Mientras tanto pasa puso su peso Dios en su piso,
Grito no grato dado por su divino impulso.
Solo había que amar al prójimo e hicimos caso omiso…


sábado, 22 de abril de 2017

Mi muerte.

Ando planeando mi muerte.

No planeo mi suicidio,
si no mi muerte.

Aclaro que la vida
solo tiene el sentido
que uno mismo quiera darle.

Yo vivo para morir
y dejar un buen legado.

Si por un instante creen
que morir es algo malo
es que viven con miedo,
si quien teme a la muerte
no vive ni un segundo,
mientras que quien quiere morir
vive plenamente seguro de si mismo.

Si quiero morir es porque es fácil.
Morir lo hace cualquiera,
por alguien, unos pocos.
La pereza viene con vivir
y más cuando lo haces por alguien.
Lo curioso es que da sentido
tanto a la vida como a la muerte.

Y hablando sobre mi entierro,
sobre mi tumba quiero rosas azules,
(Por tocar los huevos y generar gasto)
las coronas las quiero en vida y abdicando,
y mi tumba, donde sea, donde quieran,
lo bueno de estar muerto es que no te quejas.
Eso te hace ser buen amigo.

Planeo mi muerte como el mayor de los eventos.
Tal vez lo haga mientras aferro su mano,
miro sus ojos, y expiro dedicando amor,
puede que sea en una cuneta,
con más alcohol que sangre en las venas
o atropellado por alguien que vaya así.

Lo más seguro es que muera mareado
por eso de que la vida da muchas vueltas.

Antes de morir fingiré mi muerte.
Quiero saber quien llorará el día que eso pase,
Aunque si me muero, ya dará igual,
si en la tumba se está oscuro
y por verse no se ver a donde fue a parar la vida.