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domingo, 15 de marzo de 2015

Y se fue.

Con sigilo llegó,
como el destino
frustra el porvenir.

Se acercó la respiración
agitada pero inaudible.
Mis ojos no se percataron.

Se acercó, lo suficiente
para robarme
una cartera llena de latidos.

Y se fue.

Grabó a fuego
su nombre, su aroma,
la esencia de su ser.

Mi memoria cansada
de tanto consumirse, en
si por tanta letra.

Se alejó complaciente,
sin saber que se llevaba.
No, en ningún momento miró atrás.

Y fue así como se fue.

martes, 10 de marzo de 2015

La manía.

Solo sigo pensando en mí,
buscando un porqué,
arrastrando mis huesos,
mi madre gritando
al ver los arañazos en el parqué.
Sigo pensando en mí,
buscándote en
mi recuerdo,
porque nos vimos, ¿no?
Solo tal vez.
Sigo así, sin posesión,
careciendo de tener
te tengo manía,
o entre ellas, no se.
Sigo creyendo
que eso de nacer
es morir algún día,
que vivir no tiene sentido,
el sentido se debe conceder,
¿O tú se lo otorgas?
Guardas silencio.
Aclara y responde me.
Locura es el acto,
solo sigo su quehacer,
y sin recordarte
te tengo manía.
Manía por poderte ver.

lunes, 9 de marzo de 2015

La escena.

Si cada palabra fuese medida,
cada conversación vista desde
fuera con un plano medio
donde una banda sonora adorna
el trasfondo del aromático café,
si las expresiones fueran preparadas
antes, frente a un espejo
calculando cada pequeño gesto,
junto a lluvias sonoras que rompen
en las despedidas de aquellos
que marchan a paso dramático,
si la repentina rabia sincera
no aclarase las dudas de la mujer,
víctima de las lágrimas, producto
de los amargos estertores del amor,
si todo aquello que compone
esa escena cinematográfica
donde los labios se consumen
apasionados entre si,
si todo esto ocurriese, que juego
sería conocer de tu mundo
al verte, o al verte, conocer el mundo,
el mundo de una película
como la película del mundo.