Follow by Email

martes, 29 de diciembre de 2015

El precio de la Nostalgia. (Cuento)

La edad solo trae cansancio, la experiencia queda en un simple segundo plano. Nadie se vuelve más inteligente, solo se ejercita nuestra capacidad de pensar y anticiparnos, que no es lo mismo, lo único que se acrecenta con la edad es la capacidad de arrepentirse y la nostalgia.
La juventud es la vida, la adultez el periodo de escribir nuestras experiencias en el recuerdo para poder narrarlos correctamente al llegar a la vejez.
Es el anciano que haría lo que fuese por volver a ser joven, salvo borrar sus errores El adulto, es igual a contraponerse, pues haría lo que fuese por vivir de nuevo su recien fugada juventud, salvo ejercicio, dieta y eliminar sus malos vicios. El joven es aquel estúpido que haría lo que fuese con tal de ser siempre igual.
Así empieza esta triste historia, bella desde cierto punto de vista, pues nadie dijo que las lágrimas no pudieran ser bonitas al caer lentamente por nuestros ojos.
Aquel muchacho se llamaba Darío, apenas alcanzaba la mayoría de edad, pero en su rostro se vislumbraba un reflejo de madurez, tan grande como para tomarle en serio solo con verle a simple vista. Madrugaba a diario, se aseaba con paciencia, esmerándose en cuidar su imagen, preparaba para si un fuerte y completo desayuno que devoraba velozmente, posteriormente, se dirigía a su centro de estudio, allí donde destacaba por una fuerte implicación en la vida estudiantil. Era admirado por muchos. Sus triunfos como deportista le hacía ganarse el respeto de sus compañeros, sus largas pestañas bailando sobre sus verdes ojos el favor de cualquier mujer, y sus palabras, resultaban una sinfonía, seductoras, caricias para el oído atento, que resultaba cautivado.
Provenía de una familia acaudalada, lo que le había permitido una buena educación cultural amplia, en todos sus campos. Tocaba el piano, el violín y la guitarra con una maestría cercana al virtuosismo, capaz de interpretar obras con tal perfección que provocaba lágrimas de emoción en las personas que se veían impregnados por las notas, que se desprendían hondeando dulcemente de sus instrumentos.
No podía quejarse en ninguno de los sentidos. No le faltaba nada que el dinero no pudiese proporcionar, su carisma le hacía poseedor de fuertes amistades que lo daban todo por él, las mujeres deseaban que les dedicase un momento de atención y su familia se mantenía junta, bajo el calor del abrazo romántico de la unión.
Nada podía interrumpir la felicidad que impregnaba a sus días. O eso creía él.
Podía ser un joven maduro, pero joven al fin y al cabo. No tardó en cometer el mayor fallo que un hombre puede cometer.

Suele ocurrir que aparece una persona en nuestras vidas para darle la vuelta a todo, o más bien pensamos que eso ocurre. Nadie aparece de la nada, solo comenzamos a tener en cuenta a esas personas que no ocupaban ninguno de nuestros pensamientos.
Por aquel entonces, Darío tenía los dieciocho años cumplidos, cuando inició a llevar acabo salidas frecuentes a ciertos locales, dedicados a ahogar al ocio entre hielos o piernas. No le resultaba dificil tener una buena compañía cada noche, se había convertido en un juego que repetía una y otra vez. Se acercaba decidido a la mujer más atractiva, con el pretexto de la música alta se acercaba hasta su oído y susurraba una frase que resultaba ser siempre adecuada para seducir. Cuando le preguntaban que decía en ese susurro, respondía que una estupidez que pudiese resultar bonita, ya que lo importante no era la frase en si, su contenido no servía de nada si no se sabía decir. Para él, había que acercarse tanto a la oreja como para provocar cosquillas al mover los labios, causando así una sensación gratificante, que embelleciese aquella ocurrencia disparatada.
Llegó pues la noche que daría comienzo al final de todo. Borracho, contemplaba aquel bar. No veía nada que resultase de su agrado, así que se dedicaba a fomentar su precoz embriaguez efímera de una noche, cuando sus ojos se toparon con el conteneo de caderas de una muchacha cercana. Se movía al son de la canción que retumbaba en los altavoces, sin acelerarse, como si el baivén de una hoja cayendo de su árbol se tratase. Se sujetaba con las manos el liso cabello castaño, enredándolo entre sus finos dedos. Su cuerpo era un imán, atraía con un ligero escote que mostraba parte de su sugerente pecho, sus piernas asomaban bajo su falda como dos íconos de la sensualidad femenina. A pesar de la falta de luz, sus verdes ojos respiraban su propia luz, sus labios, definidos por el carmín, brillaban con la pasión de aquel rojo que se posaba en su boca con delicadeza, bajo la caída de una insinuante sonrisa. Darío remató su último trago y con un fuerte golpe sobre la barra, dejó el vacío vaso. No iba a resultar por lo visto tan aburrida su noche.
Se colocó el cuello de su camisa, pasó su mano por su ya definido peinado y se acercó con paso seguro y elegante hacia ella. Palpando su espalda con delicadeza, se acercó a su oído para verter su veneno.
-Perdona, pero me he visto obligado ha preguntarte como te llamas. Me he quedado embobado al ver tus ojos.
Cada palabra era un siseo sonoro, formando un verso rítmico que invadía aquella oreja.
La muchacha se giró para toparse con una expresión ensayada para sugerir misterio. Sin previo aviso, ocupó su rostro con la palma y le empujó para alejarlo, volver a girarse e ignorarle. Darío estaba boquiabierto. Desde que era pequeño, nada semejante le había pasado. Sin saber porqué, el nerviosismo fue un calambre frío que recorría la autovía de su espina dorsal.
-Es de muy mala educación no responder, ¿sabías?- Dijo acusando.
La muchacha no paraba de moverse, ausente en su propio mundo, ajena a cualquier cosa que sucediese a su alrededor, hipnótica aun a la vista de Darío.
Su orgullo actúo por él. Dio media vuelta malhumorado y marchó de nuevo a ese asiento que ya llevaba calentando por un rato. Dos amigos suyos conversaban, ignorando su intento fallido de acercarse a aquella descocada muchacha. Con un dedo llamó a la camarera y la dio a entender que le dispusiese de la misma mezcla que aquel vaso de hielos derretidos hacía poco contenía. La noche se acortaba a cada trago que acariciaba su garganta y lo abrazaba con aquel calor que solo el alcohol proporciona.
Media hora después, levantar el brazo para arrimar a sus labios aquel mal hábito se había vuelto como pestañear, incosciente de ello.
Se vio interrumpido, para su sorpresa, por aquella belleza que le había rechazo de muy malas maneras. Su fina mano estaba sobre su hombro, su aliento calentaba su nuca y uno de sus pechos se posaba sobre su espalda.
-¿Me invitas a una copa?- sonó con un tono seductor.
Darío no pudo evitar estremecerse. Mirándola fijamente, fue incapaz de negarse. Pidió con un gesto, señalando la botella que descansaba sobre una de las repisas que habitaba tras la barra. Pagó y al segundo de girarse, no había rastro de ella. Había marchado con la copa, sin tan siquiera dar las gracias. La rabia se apoderó de su cuerpo, calentando cada una de sus venas, tensando su cuello y cubriendo su rostro con una máscara agresiva. Salió tras ella sin pensarselo dos veces.
La encontró en la puerta, empleando la misma estrategia con otro chico, para conseguir de un cigarrillo que poder fumarse. Juguetona, como una niña inquieta, no paraba de bailar solo con los pies, sonriendo, moviendo la cabeza de lado a lado, mientras se encendía aquel cigarro obtenido con malas artes. Darío actuó llevado a rastras por su emoción del momento. Fue hacia ella, a paso seguro, dispuesto a no dejarse derrotar tan facilmente. Se plantó frente a ella, la cual no parecía sorprendida.
-¿De que vas?- dijo.-¿Crees que puedes jugar conmigo?
La chica seguía sonriendo, dejando escapar una leve risa, y acercándose poco a poco hacia él dejó colgando un fugaz beso sobre sus labios. Comenzó a andar de espaldas mientras le guiñaba un ojo. Dio una calada a ese cigarro dejándolo por la mitad y lo tiró al suelo, se volteó y se adentró en el local. Darío estaba petrificado, una estatua fija sin expresión alguna en su rostro. Su rabia había dado paso a un corazón acelerando, danzante en su pecho con una vertiginosa velocidad. Tocó con sus dedos su boca, en busca de algún rastro de aquel beso. Como una exalación, volvió a entrar tras las huellas de aquella locura hecha mujer.
La volvió a encontrar junto con un grupo de amigas, en el mismo sitio de aquella sala. Se apresuró a ir a donde estaba ella, sin ningún plan, sin saber que decir. Ella se percató que estaba ahí, y sonrió dulcemente. Parecía inocente e ingenua a simple vista. Esta vez fue ella la que se acercó a él.
-Creo que no me recuerdas, Darío.
Su sonrisa no se perdió ni por un momento, clavándose como una daga sobre su pecho tras cortar en su memoria causando un derramamiento de dudas.
-¿Nos conocemos?- logró decir.
La sonrisa de aquella muchacha olvidada se extendió aun más, enseñando una fila perfecta y recta de dientes que brillaban tanto como aquellos ojos. Sacó de su chaqueta un bolígrafo, agarró su mano y escribió un número de teléfono.
-Cuando no estés borracho lo hablamos mejor. Yo me voy a dormir.
Darío dejó caer la vista al suelo mientras ella se alejaba lentamente, tratando de analizar lo ocurrido. Seguía sin comprender nada, de que la conocía y mucho menos el porqué se comportaba así.

A la mañana siguiente, para Darío todo fue como un sueño extraño y difuso. Contemplar su palma pintarrajeada por aquellos torcidos números rompían con su ensoñación. No podía evitar sentirse confuso. La imagen de aquella preciosa desconocida danzante, aquellos ojos coronando aquella amplia sonrisa, y el ligero escote que dejaba intuir lo necesario para imaginar, no salía de su cabeza. Trataba de no darle importacia, pero la idea de llamar tentaba a sus deseos. Nunca sintió nada así.Para él hallar respuestas era el instante, recordar le era igual a perder el tiempo, momentos que se podían dedicar a vivir cada segundo. No entendía que era eso de alegrarse con la nostalgia, jamás tuvo ganas de volver a ver a una persona. Negó con la cabeza. Quería apartar cualquier pensamiento que tuviera que ver con la noche anterior.
Decidió pasar la tarde con unos amigos en un club donde solían matar los días a base de jugar al billar.
El lugar estaba cuidadosamente decorado con elementos típicos de un bar americano, igual a los que salen en las películas. El camarero hablaba con un hombre habitual desde detrás de la barra, una pareja se sentaba en una de las mesas, y al fondo de aquel local, un grupo de chicas charlaban ruidosamente. Suspiró. Cogió un palo de billar mientras uno de sus amigos situaba las bolas en el centro de la mesa.
No se le daba mal el juego, pocas cosas estaban fuera de sus capacidades, causa de su egolatría. Golpeaba las bolas con determinación, empujándolas a cada uno de los agujeros correspondientes. Una voz a su espalda le distrajo.
-¿Si metes está me llamas finalmente?
Vio la bola meterse justo antes de girarse. Allí estaba aquella chica que le había causado un fuerte dolor de cabeza. Sonreía inocentemente. Vestía de manera muy distinta a la de aquella noche. Llevaba un jersey azul, que a pesar de cubrirla hasta llegar al cuello, dejaba intuir la forma de su pecho, debido al tamaño. Unos pantalones negros enfundaban sus dos finas piernas.
Darío la dio la espalda.
-¿Qué quieres?- dijo secamente.
-Que me recuerdes.
-Recuerdo muy bien como me jodiste la noche anterior.
-Te molestas entonces con poco.
Darío dejó el palo sobre la mesa para volver a mirarla a los ojos. Quedó hechizado por ellos, pero trató de disimularlo.
-¿Qué quieres?-repitió.
-¿Sabes que es la nostalgia?
Darío la miraba sin comprender. Ella siguió hablando.
-Hay quien dice que la nostalgia es un tipo de triste añoranza. Yo creo que es la felicidad de hacerse viejos a pesar de nuestros errores.- se acercó un poco más a Darío.- Nadie evita cometer errores, desde tomar una mala decisión a tener una actitud equivocada. Nadie es consciente de sus errores en el momento, pero cuando lo sean, aprenderán de ellos. Comprenderán el daño de su tropiezo o el que pueden causar, como al olvidarse de alguien.
Su expresión cambió. Estaba seria, aunque su rostro no podía evitar parecer infantil.
-Lo siento, pero... no te recuerdo.
Ella sonrío, le tomó por la mano y le sacó del lugar.
-¿A donde me llevas?
-A enseñarte la nostalgia.
Darío no entendía nada, solo que esa chica comenzó a trastocar su rutina. Al principio aparecía en los lugares por donde el solía estar, más tarde empezaron a poner hora y sitio a sus encuentros. Aunque la resultase frustrante la muchacha no podía evitar sentir algo de cariño. Tenía algo familiar. Durante varias semanas quedaban en el mismo punto, se veían, charlaban amistosamente, reían, disfrutaban ambos de la compañía del otro, pero ella nunca le decía su nombre.
-Tienes que recordarlo tú.- decía ella.
-Ya, pero, ¿cómo te llamo entonces?
Ella se quedó pensando. Al instante, le miró sonriendo.
-Llámame Nostalgia.
Poco a poco, Darío se sintió muy unido a Nostalgia. Se quedaba dormido recordando lo ocurrido en aquel día con ella, se esforzaba en tratar de recordar su nombre, pero dandose por vencido, solo pensaba en sus ojos. Al salir del conservatorio le solía esperar Nostalgia, vestida siempre con su inocencia y la más grande de las sonrisas.
Un día Darío le preguntó porqué nunca llevaba tabaco si la vió fumar en aquel momento que le hizo salir de aquel antro de la mala vida.
-Es que yo no fumo. Solo lo estaba probando.
-¿Por curiosidad?
-Porque podía. Antes nunca pude.
Algunas de sus respuestas le solían resultar extrañas, pero lo consideraba parte de su encanto.
Pasó el tiempo y Darío y Nostalgia acabaron por iniciar una relación más allá de la amistad. Fue repentino. Se habían quedado sin palabras de tanto hablar cuando sus ojos se cruzaron, junto con una chispa. Se sorprendieron ambos besándose. Al principio Nostalgia quería mantener las distancias, pero era obvio queno era lo que realmente quería. Sus hábitos no cambiaron mucho a partir de entonces, solo que de vez en cuando sus labios se juntaban y ella visitaba la cama del muchacho.
-Me sabe mal que no me digas tú nombre.- dijo malhumorado.
-Ya te dije que me llamases Nostalgia.
-Me refiero al verdadero.
Un silencio se apoderaba de la situación.
-Será que ahora no quiero que me recuerdes.
-Eso no tiene sentido. Explícame.
-Es porque simplemente, desaparecería.
-A ver si adivino. ¿Al recordarte tendría otra forma de verte y por tanto no serías la misma? Seguro que esa es la respuesta que me darías tan filosófica.
Ella sonreía dulcemente.
-Se podría decir así.
Su voz guardaba secretos que pesaban en su conciencia.

Llegó el verano a sus hábitos, tan pronto como permitía ese tiempo que vuela sobre el calendario. Darío invitó a Nostalgia a su lugar de veraneo frecuente. Ella se mostraba contraria.
-¿Es por timidez con mis padres? No van a estar.
-No es eso. Es que...
Darío se acercó a ella hasta quedar frente con frente. Sonreía de oreja a oreja.
-Es bueno decir adios siempre a la rutina.
Ella miraba al suelo.
-También a los lugares a los que no pertenecemos.-susurró.

Una semana más tarde, ambos se veían paseando por una de las playas de Galicia. Iban de la mano, aunque Nostalgia se mostraba tensa, pesada a cada paso que daban.
El sol caía lentamente para dar paso lentamente a la noche, y un ligero frío se iba apoderando poco a poco del ambiente. La brisa se levantaba, meciendo sus ropas y acariciando sus rostros. Darío iba con un simple bañador y una camiseta de tirantes, mientras que Nostalgia llevaba un vestido de verano blanco, acompañado por un pequeño lazo azul. Se detuvieron frente a un acantilado a ver la puesta de sol. Ninguno habló por un largo rato.
-Llevo veraneando aquí desde que era crío, pero creo que es la primera vez que aprendo a valorarlo.- La miró a la cara.- Eso es gracias a ti.
Nostalgia lo observaba callada, con los ojos vidriosos. Sin romper con el silencio, le beso apasionadamente, acariciando sus labios con toda la ternura que era capaz de darle. Se separó desapacio, apoyando sus manos sobre su pecho, para crear distancia entre ambos. Las lágrimas discurrían por sus mejillas, los sollozos tomaban su voz, su piel morena se mostraba rojiza.
-¿Qué te pasa?
Pegó dos pasos para atrás. Logró contener su llanto y volver a mirar Darío a los ojos.
-Es hora de recordar.
Como ya era costumbre, él no entendía nada de lo que ella hablaba.
-Déjate de tonterías anda.- dijo bromeando.- disfruta de este lugar tan...
Familiar. Esa era la palabra que se quedaba en el aire. Miraba al horizonte, perdido sobre él, con los ojos húmedos. Se giró a mirarla.
-¿Marina?
Ella lloraba descontroladamente. Era una fuente que no paraba de emanar su pena.
-No...no puede ser. Tú...
-Morí. Si.
A la cabeza de Darío estaba la imagen de aquella compañera de aventuras durante sus vacaciones. Año tras año esperaban al verano para volver a juntarse, hasta ese fatídico día de tres años atrás. Marina y él se encontraban sentados al borde de aquel acantilado. Nunca se imaginaron que era imprudente, que una fuerte ola la haría caer a las piedras que asomaban del agua. Fue todo en el acto.
Darío lloraba mirando aquel maldito lugar sin comprender como pudo haber olvidado ese instante tan fatídico.
-Adios.- escuchó a sus espaldas.- Te juro que solo quería que me recordaras. No he podido evitar ser egoísta.
Se giró bruscamente para abrazarla. No quería dejarla ir. A todo cobraba sentido. No quería volver a perderla, no quería olvidar, solo quería que Marina permaneciese con él. Solo ella lograba entender que se escondía tras esa imagen perfecta de él, todas esas inseguridades, sus defectos, sus auténticas virtudes.
Pero ella ya no estaba allí. En su lugar, se encontraba un colgante con una piedra que se asemejaba a una esmeralda. Fue un regalo que le hizo a los doce años. No pudo evitar gritar su nombre. Y fue la segunda vez que gritó su nombre en aquel lugar, fruto de la desesperación. Solo que está vez, no la olvidaría nunca, pues fue el dolor de haberla olvidado lo que ocasionó el milagro. La brisa sopló, arrastrando a sus oídos una lejana voz.
-Siento haberte enseñado el significado de la nostalgia.
Darío se seco las lágrimas. Sonrío forzadamente.
-No. Solo vive el que siente, por eso seguías viva. Yo apenas sentía. Apareciste para devolverme la alegría de vivir. Por muy perfecto que parecía todo, me sentía solo. La nostalgia es la triste alegría de seguir vivos.
Y mirando al frente, prometiendo no olvidar nunca a Marina, apretó el colgante en su puño, colocado sobre su corazón.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Con desencanto.

Se desprendía como un rumor, leve,
cercano a mis oídos, distante de mi cuerpo,
un sonido dispar, fuera de lo común,
curioso, ante los ojos de un cualquiera,
danzando sobre escalofríos repentinos,
la sorpresa de no esperar nada, nada esperaba
la sorpresa de si misma, y en silencio se oye,
velando por los cesados aplausos de mi corazón
cansado de seguir el mismo ritmo, rutinario
grito de mis entrañas clamando vida.

Hoy duermo a mi insomnio en noches sin cafeína,
recitando el poema que no escribí,
entonces vislumbro un sinfín de sinsentidos,
yo comprendiendo que es el ridículo,
el miedo a fracasar sin tan siquiera intentar nada,
las alas caídas en un charco de cera,
artimañas de mi ilógica, razonando con mis pies
reclamo al camino por mis tropiezos,
como si la culpa de mi torpeza no fuese mía.
El humo se espesa a espensas de los pulmones
del vecino que quiere respirar tranquilo,
ahora atemorizo al diablo viejo
con la pulcritud de mis actos, sino creo en el karma
más calma requieren mis nocturnos pensamientos.

A merced de mi incógnita propia, escondida
dentro de mi para mi mismo,
los bolsillos escupiendo polvo, la tierra
de mis zapatos salta por mis suelas,
no quiero ser anciano pero siendo joven
no me consideran digno aun de plena autonomía.
Sin dinero planeo los gastos del futuro,
lamento mis pretérito de una forma más que perfecta,
será que mis errores se tornaron en objetos compuestos,
complejo en los días, aconsejo a mi adulto interior,
quiero beber de la fuente seca, quiero arder
en el fuego apagado, ceniza de la ruina,
entender que de mi tan solo quedarán palabras,
frases que se perderán según se acabe el día.



miércoles, 9 de diciembre de 2015

Desbordando malestar.

Desgarra mi carne con calmado detalle,
presionando sobre mi tórax su garra fría,
mi bilis escalando mi traquea, quemando
la mañana que sustituyó a la noche.

¿No mezcla la victoria las lágrimas y la alegría?
¿No bebe para celebrar aquel que vence?
Yo mezclé el ron, el whisky y el vino
para obtener malestar, mareos y martirio.

Obtengo de resultado una fuerte somnolencia
que se cuelga sobre mis párpados inflados,
sueño despierto o despierto yo a los sueños
que por mi cabeza rondan un tanto atolondrados.

Ahora ando dando bandazos emocionales,
la risa es llanto, el llanto sospecha de la nostalgia,
detiene mi soledad abrasadora a mi helado cariño
hacia la vida que nunca quise poseer.

Entiéndeme ahora, que desbordé todo mi contenido,
dos días perdido en un retumbar del cráneo,
sino se si me fui a alimentar a mi amargura
o acabé abrazado a una farola que hizo a la vez de baño.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Hasta que la muerte me pierda.

El humo manda mensajes
de texto a las conciencias,
el peligro de vivir
es vivir sin vivir la vida,
mis errores son mi carne
con el nombre de experiencia,
mi madre  me dio valores para sentir,
pero yo a mi cerebro algo de poesía.
Pájaros viven de mi imaginación,
mujeres en mis ojos,
causa de tanta fascinación
en busca del sonrojo
provocado por el verso
que desnude sin andar mintiendo,
aquel fuego
que hace al paralítico salir corriendo,
aquel sueño
que no me deja marchar lejos
a pesar de ya estar despierto,
el loco juego
donde vivir es ganar igual que perder, acabar muerto.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Vuelta tras vuelta.

Llorar hacia dentro es ahogar sonrisas,
suprimir la calma que el alma pide,
recolectando palabras en este huerto
inundado por el río desbordado
de las emociones de un cuerpo.

Pita entonces los oídos del odio,
en boca del sordo se mece el colmo
de los ciegos que contemplan su impotencia,
al tacto de los mancos frente al corazón
cojea la mentira,al autonegarse la vida que nadie quiso.

Las manecillas son nostálgicas, avanzar
es volver a visitar la misma hora,
testigos del estío, el rocío tomando ventanas,
la vista atrás, al paisaje o el punto de,
solo son eco en las cabezas
que chocan contra el muro de la vejez.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Versos tachados.

Siento más los versos que tacho
que aquellos que dejo a la vista,
si son frases que no expresan lo que quiero
y yo soy completamente inexpresivo,
carente de mensaje, de ambición,
más solo hablo de mi,
mi nota o mi tema principal,
será que quiero conseguir
lo que no logro con mis poemas,
algo así como conocerme,
pero, ¿quién se conoce
si aquí cualquiera se sorprende
de aquello que uno es capaz de hacer?
Alcanzando atisbos de una imagen
siempre un tanto preconcebida,
en la cantina canto y considero
que soy un tanto pájaro
de estar siempre empollando
el mismo vaso, ya caliente,
eclosionando las ideas sobre mi garganta,
sobre esa mesa donde ya hay raices
que trepan por mis pies.
Ignorando mi tristeza me escondo
en una furtiva sonrisa que trata de contagiar
la felicidad que siempre quise,
el amor en el cual no creo
y aun como un estúpido no paro de buscar.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Poemario breve.

Doble sentido.

Me condena mi propio juicio
por matar al tiempo,
pierdo la razón
tanto como me la quitan,
¿y la ropa?
Esa se queda puesta
en el puesto de carcelera.

Único en serie.

¿Qué es único y a su vez
no es más que otro producto
en serie de la factoría?
La vida humana.


Ciego al amor.

He pasado la mitad de mis años
de madurez tratando de definir
que es el amor.
Inutil intento, como si un ciego
tratase de definirme que son
los colores que decoran
los carrillos de la timidez.

A su silencio.

Silencio. ¿Ausencia de sonido?
más bien falta de vida.

Se manifiestan las emociones
por romper las cadenas
que apresan a nuestras voces.

Ríe, llora, habla, grita...
Demuestra que estas vivo,
el silencio es la muerte
de las emociones.

Para ti-mi.

No se si escribo
para que me conozcan
o conocerme yo.

Quiero que sepan
todo lo que en mi encierro.
No se porqué.
Será que creo poder
enamorar así.

Quiero saber de mi
tanto como desconozco
aquello que aun no he visto.
Será que aun no me he visto
en todas mis circustancias.

Complejo de arte.

No se amueblar mi cabeza
si mil libros son mi decálogo.
Tantas frases adornando
recargan un ambiente gótico,
mi pensamiento en si
es el resumen de mi Renacimiento.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Desde y para entonces.

Muchos meses fueron quemados
desde que sus ojos
cautivaron a mi niño interior.

Quise volver a mi infacia
para disfrutar más de cerca su inocencia.

Y mi éxito fue su abrazo,
el mar en calma de sus ojos
ahogándome en la agonía
si libraba al vacío alguna lágrima.

Quise pagar la entrada
para ser el expectador de sus actos,
el docil voluntario
que se presenta en primera fila
para dirigirla por el buen camino
de este largo y breve cuento
que es la vida.

A día de hoy no me arrepiento,
se que me apenaré
cuando se choque de bruces
con el cruel destino.
Pero ahí estaré yo,
para calmar el desbordado océano
que inunde sus pestañas.

No sabré decirla adios,
no seré más que callada ausencia
cuando no me necesite,
un lejano observador a la espera
del momento para aparecer de nuevo.

Diré adios con mi mano
guardando la pena para que no la vea,
mientras tanto vivo sus abrazos
como la paz que nunca tuve.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Consentida.

Me quejo de la vida,
pero disfruto más que sufro,
bebo por llegarme a olvidar,
sus labios son de consentida,
mi mente un nuevo mundo
que te quiero presentar.
Mi risa suena divertida,
mi alma siempre contuvo
el peso de una gran verdad,
dando la bienvenida
al hecho confuso
de que recordarte es rezar,
perdiendo la partida,
los papeles fueron humo
en manos de la calamidad,
con la mirada perdida
sigo sin saber que busco
a la hora de besar,
solo se que no hay salida,
que en este cuarto oscuro
solo tú lo tiendes a iluminar.
Con la boca herida
y el corazón en obras
veo que acompaño a soledad,
mi infancia ya crecida
conversa con mi adulto a solas
clamando por aires de libertad,
el corazón hace partida,
su viaje al Edén se atropella
por el placer de pecar,
arrodillado ante su caida,
la flor frente al invierno que deshoja
y sin prisa suele desnudar.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Sobre sus manos.

Sobre sus manos, caricias de medios círculos,
la noche poblada en sus avenidas
junto conmigo, incapaz de dejar de mirar sus ojos.
Madrid es la ciudad que nos contempla,
riendo al ver que lo único que nos detiene
son besos repentinos con bienvenidas triunfantes.
Y mis manos, son peregrinas, sobre su rostro,
mi boca solo quiere devorar sus labios
para que mi piel no se estremezca al separarnos
erizando cada poro con tal de estar más cerca.
Me echa en cara mi condición de poeta,
la acuso por ser el diablo disfrazado tentándome,
nos sonreímos, de manera pícara, sin saber
que hablar, que decir. Solo nos miramos.
Juro perderme sobre sus ojos y no encontrarme.
Solo somos dos locos caminando,
dos más entre tanto mundo que se nos hace pequeño,
si ahora, solo quiero acallar la voz de mi pecho
que me dice que no coja aquel tren,
por mucho que el sol vaya asomar la cabeza
y en casa estén preocupados por mi ausencia.
Refreno mi latido, parando el tiempo
mientras ambos nos aferramos al momento,
dejándome caer, sobre sus manos,
para caer en la completa locura que es mirarla fijamente.
Y esa noche, no habló la embriaguez
si no nuestros labios, sin articular palabra.
Sobre sus manos me oculto bajo sus frases,
si estoy tan cerca que hablar es acariciar el oído,
mientras improviso un pequeño poema
ante la poesía de la vida, de verdosos ojos,
haciéndome caer la vista en búsqueda de la rima,
encontrándome el sentido de estar ahí.
Si ella es, como ese poema que una vez escribí:
"te tengo manía, o entre ellas, no se".
Y comienzo a temer mis palabras por si dicen
algo fuera de lugar, algo disparatado,
pero está noche, quiero cantarle a la vida,
seguir mirando a esa mujer de ojos verdosos,
sin caerme. Para mantenerme sobre sus manos.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Desvaríos.

Son los sueños los cordones
que atan mis zapatos,
mi imaginación la aventura
que escribe los pasos de mi rutina,
sus ojos son el agua
que se escapa entre mis manos,
mis silencios son mis cuerdas vocales
atando mis piernas, para no dirigirme a ella.

La sombra está atada a mis pies,
cansada de verme siempre cansado,
si los días pesan todo el firmamento,
con sus nubes, alas abiertas a la vida,
mientras cierro mi pico, cacarea mi piel
si el frío es su ausencia en mi estado,
de nuevo cambio, nueva forma
de olvidar como se recuerda.

Canta mi imaginación a gritos
tratando de volar como pájaro enjaulado,
no son barrotes sino incertidumbre
por mantener la lumbre encendida,
la carne a fuego lento
y mi alma narrando en pasado
entre cenizas de carbón vegetal
y la sangre derramada del poeta.

Tampoco se del peso que soporta
la rama donde poso lo pensado,
la barra donde libran mis pesares
desahogándome en la desconocida
que contempla el sonriente semblante
que oculta versos tras los tragos,
perdiendo los dedos de sumar
los trenes huidos y las veces que perdí la cuenta.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Amar es.

En ocasiones, amar es callar por dentro,
en otras, hablar todo un mundo, menos el tuyo propio.
En ocasiones, amar no es nada
más que un simple todo,
si en los labios del condenado habita
para ahondar en el corazón del hombre.
Es un suspiro que se escapa,
una carrera a trote sobre el pecho,
la única respuesta para una infinidad de dudas.
Los actos suponen la acción,
amar es actuar en pro del latido,
de encontrar sentido al hecho
de ver magia, donde otros ven meros trucos.
Y en el pañuelo te encuentras
escribiendo la historia que algún día compartirás,
dirás lo que contemplaste como impensable,
ante ella, romperás tu muda imagen
y expresarás: Eres el sueño que deseo como eterno,
la poesía que nunca me planteé escribir,
la razón para ser abrigo en este invierno,
la voz debida a ti.
Amar es decir estupideces, como:
quiero que sea feliz, aunque no sea conmigo.
Amar es ser egoísta, amar es pensar
en ti para otra persona, pues amar es
el grito del alma que clama por entrar al cielo
acompañado de la alegoría de la felicidad.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Desde el recuerdo.

Frente a ti me encuentro, relatando
para todos mis adentros lo ya pasado,
sonriendo al pensar que vengo
con más promesas cumplidas que rotas,
algunas olvidadas en el tintero,
con la pena que da recordarte.
Tus últimas palabras se encuentran
conmigo, al lado, vestida de luto,
añorando todo aquello que fuiste
sin pensar en lo que serás,
si tú eres yo, y todos los que te portamos.
Entiendo entonces que mi vida
no es solamente mía,
mis actos son las alegrías
y las tristezas de tantos
que formo parte de ellos.
Ahora lo entiendo más que nunca.
Y conozco ya el final de este poema
pues es el comienzo de todos mis principios,
mientras miro en ese centro florido
que reposa sobre tu tumba
a Cristo cargado, encontrarse con su madre
como hoy yo me encuentro contigo.
Ahora déjame cargar tu cruz,
clavarme las espinas que no me clavé,
soñar con sentir de igual manera
como mirabas tú a la vida.
Entonces sabré que actúo bien.
Tus palabras llegaron hondo
aunque en la práctica falle aveces,
pensar que también quiero
que lleven flores a mi tumba,
sean regadas con lágrimas,
como las que por ti vertimos
y solo espero que tras evaporarse
te acompañaran hasta el cielo.
Saber lo que hiciste, querer ser lo mismo,
tú me enseñaste a ser un hombre,
pero sobre todo ser persona.
Ahora, no me quiero ir,
en serio lo digo, si tengo
tanto que contarte como dudas
a las que des respuestas,
si tras un par de años aun
se me humedece la mirada
al recordar tanto bueno como malo,
y siendo sincero, te envidio.
Solo tú eres capaz de lograr ese efecto.
Me escudo entonces en que vives en mí,
más si salgo del cementerio
con esa sensación de nuevo:
noto tu mano sobre mi hombro,
me giro y no te veo, un susurro
agita cada poro de mi cuerpo,
respiro aliviado, se que quieres
que siga con mi meta de enseñar
nuestro "Por los míos mi fe."

sábado, 31 de octubre de 2015

Recopilación de arte.

Aveces las palabras dicen demasiado poco,
la consecuencias de estar cuerdo,
mi causa para ser un loco,
que, los sueños en la cabeza son pájaros sin alas,
la realidad es un cazador,
y tiene demasiadas balas.
Ahora dime porque rezas,
te daré la solución,
nadie vive solo pidiendo,
nadie siente solo por el latido del corazón.

Vivo porqué: alguien tiene que hacerlo,
porque tener una vida
no significa
que uno esté viviendo,
por mucho que se sufra
lo que otros atesoran,
será que a la soledad
nunca le gustó sentirse sola,
será que callar
nunca fue gusto de mi boca,
será que de tanto hacer tropezar
la piedra quiso ser roca.

Ignorando los fracasos
se busca la sonrisa hasta en la basura,
solo quise oficiar de yonki
y morir por sobredosis de locuras.

Ahora resido en un París constante,
entre luces y lunas llenas,
curando mis heridas lacerantes,
pensando en como era antes
de habitar en el poema,
escribiendo entre comillas
saltándome las comas,
parando tan solo donde no hay salida,
evito rendirme tocando notas silenciosas.

Aplasta la sinceridad
por el efecto de la gravedad,
pesan los actos
que no se supieron interpretar,
buscando el significado
para explicar
las osadías de no osar,
si el viento corre tanto
será que trata de escapar,
y si engañamos
es para que nos puedan pillar.

Navegando en barcos de papel plegado
naufragamos en la tinta,
es la artista
variopinta
que me pinta
para dejarme hecho un cuadro,
la sorpresa imprevista,
el canto del solista
en el amor a primera vista
que en dos minutos quedó olvidado.

Las normas para romperlas,
la vida para establecerla,
la victoria para merecerla,
la vergüenza para perderla,
la locura para serla,
la música para componerla.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Gotas rojas.

La vida es una gota de sangre perlando nuestros labios,
bella, brillante, como un rubí, efímera como la primavera.
Primero, un colmillo se clava, hundiéndose en la rosada piel.
Comienza entonces un río, que nunca desemboca
si no que discurre en un mismo cauce, el mismo océano,
compuesto por tantos espíritus como naturalezas.
Brilla al contacto de la luz, se esconde en la ausencia,
bailando al compás gravitatorio que ata a nuestros cuerpos.
Y cae.
A plomo sobre los pasos del poco cuidado,
aplastando la moral individual de cada ser,
componiendo un llanto, la agonía y el regreso,
allí, donde nunca debimos marchar,
un lugar de colores permanentes, sin desteñirse,
las cicatrices son fugaces, arañazos a la existencia
escribiendo los designios de un angustioso porvenir.
Entonces sopla el viento.
Se mantiene incesante, constante en la labor
que el tiempo encarga sobre sus erosiones,
marchitando el alma, al hombre
que creyó tenerlo todo, hablante de la esperanza
y solo fue eso. Cuestión de tiempo.
Ahora ruega por volver en forma de añoranza
y que es sino la forma de nuestros recuerdos,
la nostalgia es la felicidad de estar triste,
la felicidad es solo la triste nostalgia
de vivir lejos de los malos sueños.

Al diablo.

Te pregunto que si crees en el diablo.
Se disfraza de tentación,
finas y largas piernas de mujer,
el rojizo color de sus mejillas
o el vino tinto brillando en cristal.
Se oculta en momentos de indecisión,
en las palabras que acarician el oído
sugestionando nuestras entrepiernas,
una provocación en la caída
de la camisa, por un hombro de mujer,
como para el borracho en la cantina es el dinero,
la jarra vacía, sus pechos llenos,
pícaro y juguetón, gestos con el dedo,
"ven aquí" nos da a entender
mientras sostiene nuestras pasiones.

Y ahora que sabes esto, te pregunto,
¿Eres o no el diablo?

martes, 27 de octubre de 2015

Definición de un egocéntrico.

Hay un hecho que,a mi parecer, es una mezcla entre curioso, fascinante e irritante y son las personas que sin saber nada, creen saberlo todo, tratan de imponer su voluntad sobre aquellos que no paran de sacrificarse para que no les falta de nada, lejos de valorar aquello que se hace por ellos y ante la intención de hacerles saber lo molesto que resultan, solo saben responder de malas maneras y sin argumento alguno, sulfurándose por la impotencia, para terminar amenazando, en un intento frustrado de mostrarse superior en lo que carecen.
A la hora de discutir, no hay más razón que aquella que ellos tienen. No tienen problema en inventarse cualquier evento, ya sea un falso conocimiento o algo ocurrido en su vida pasada para tratar de dar veracidad a sus palabras, solo por conseguir su objetivo, sea cual sea, y sin dudar en ni una palabra, a pesar de contradecirse en muchos momentos. Un acto de puro egoísmo.
Lo más fascinante de todo es la capacidad de estar personas de mantener su conciencia limpia, tras no solo desaprovechar las oportunidades que se le ofrecen y son necesarias para su porvenir, sino de no conformarse nunca con lo que recibe (que ya es más de lo que se le puede dar) para exigir antojos innecesarios, que solo servirán para alzar su ego, ante las personas que fueron la causa de aquella envidia que forzó su ambición por ese tren de vida que o se puede permitir. No tendrá problema en dañar a los que más quieren, o al menos esa es la imagen que dan al resto, pero no les importará nada, porque en su cabeza solo él lleva razón, para él solo hace una reclamación de lo que se merece, pues no es consciente de que para merecer primero hay que ganárselo.
Sus respuestas siempre son un obcecamiento en sus ideas, cualquier argumento que se le oponga no es más que una estupidez, una burla a su escaso o desaprovechado y corrompido intelecto, haciendo que solo se fije en lo negativo de lo que se le dice, incapaz de analizar una frase si contempla en ella una posible ofensa a su ya enaltecido ego.
Estas personas son prácticamente incapaces de sacrificarse por otras, solo harán pequeños gestos que bajo su consideración son algo enorme, las cuales no tendrá problema de echarlo en cara en una disputa. Viven para ellos, el resto solo son sus posesiones, y como objetos que son no tienen más derechos que los que él considera.
El resultado de este estilo de vida tendrá sus consecuencias: serán incapaces de comprometerse con cualquier causa, ya sea trabajo o social, se moverá solo por capricho. Acostumbrado a tener todo a base de exigencias, tratará de este modo a las personas externas a su círculo cuando adquiera algo de confianza, ganando el desprecio de esta gente. La mayor de las consecuencias es la peor de todas, les será imposible acabar con cualquier empresa que se propongan, lo abandonarán todo con escusas y culpando al mundo, porque él no verá sus fallos, no será consciente de sus errores, por eso es incapaz de aprender.
El futuro que le ampara es un destino lento y paulatino en el que poco a poco quedará solo, será un títere de un mundo que el cree gobernar.

sábado, 24 de octubre de 2015

POR LOS MÍOS MI FE(fragmento).


FRAGMENTO DE LA NOVELA POR LOS MÍOS MI FE, ESCRITO EN MI OTRO BLOG DEDICADO SOLO A ESTA HISTORIA.

CAPITULO 23:LA VOZ EN CARTA.
(CARTA DE DAMIÁN A ELENA.)

Elena, no es mucho el tiempo en el que nos conocimos, y mucho menos es en el cual hemos comenzado ha vernos de otra forma distinta a como era antes. Trato de pensar  en que te hace especial, y soy incapaz de darte una respuesta. Le di mil vueltas al asunto, intentando saber que parte de ti me hace sentir que el corazón se me vaya a salir del pecho, pero por más que lo pienso no hallo respuesta. 
Primero pensé en tus ojos, esa mirada que me  hace creer que no hay nada más bonito, un mar en eterna calma, donde no me importaría naufragar hasta encontrarme. Luego pensé en tu sonrisa, como de niña buena,  que me hace querer abrazarte y no soltarte nunca. También pensé que podía ser tu forma de ser, siempre tan alegre, contagiando tu gran optimismo. Pensé que a lo mejor era tu atractivo en si, pero no me consideró como otro más para mirarte con esos ojos. Y me costó dar con la respuesta correcta. Era todo junto y a la vez todo por separado. Cuándo me haces creer que tengo motivos para ser especial, por el hecho de estar contigo, la sonrisa que me sacas con tanta facilidad, los besos que me robas y yo te robo, los momentos que deseo que el tiempo se pare, que tú no te vayas, que te quedes conmigo.Todo porque eres capaz de enmudecer mis labios, de dejarme sin voz.

Es por ello que siento que eres más especial de lo que cualquier persona ha llegado a ser para mi, aunque haya sido en poco tiempo, por eso tengo la necesidad de saber, si de verdad, tú también quieres estar conmigo, de si me haces el favor de devolverme la voz.

ENLACE A LA NOVELA. DEJEN SUS COMENTARIOS Y SIGAN MIS BLOGS SI LES GUSTA AQUELLO QUE ESCRIBO. GRACIAS.

martes, 20 de octubre de 2015

Entre nosotros.

Hablando en primera persona coincidí en que fui segundo,
perdido en el minuto, en el corazón aun adolescente,
y si, quiero saborear el placer de ver mi nombre en la portada
de un buen libro, de muchos colores, para tantos gustos,
gracias a la poesía que delata como soy, aunque no me conozca
lo suficiente como para saber que hay tras mi nombre,
y no escribo, tan solo me estoy escribiendo a mi mismo.
Beberé cervezas los findes, reiré como solo los locos saben,
hablaré de poesía con un ignorante que cree que una oración
es solo un rezo a Dios, y aun así seguiré
hablando del ímpetu que me produce la lectura
de la maravillosa literatura que es la hispanoaméricana.
Releo entonces los haikus de Benedetti,
los últimos versos que Neruda dedica,
las crónicas fúnebres de muertes anunciadas por García Márquez.
Olvidé entonces el verde de los paisajes
que nunca produjeron una chispa en mis entrañas,
recordé cada rostro de mujer, hasta el más desconocido
por el cosquilleo que recorrió por mi juvenil entrepierna,
siendo objeto de la inspiración diurna, nocturna reservada
para las caricias que el diablo presta a mi endeble tentación.
Cogí los puñales con los que nunca llegué a armarme,
los lancé fuerte, contra ese futuro impredecible,
más nunca hice daño a nadie por el peso de la moral,
atado a mi conciencia, ¿que reflexiono sino dos veces mi rodilla?
Ignorando mis miedos del porvenir y el por llegar
si tan solo quise saber por donde podré escapar.
Ahora me debato con romper, con todo,
con lo establecido, las normas, el silencio
y saber que se oculta tras la esperanza de sus ojos,
aun vestida de niña buena que considera pecado el hecho de ser persona.
Me cubre la vergüenza, el cielo que no quiere ponerse de acuerdo,
si llueve, río, si clarea, necesito que llueva,
como si se tratase de un licor de dulce trago
o la posibilidad de poder llegar a verla.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Tristeza.

Las manos se sienten flojas. Los brazos en si son un peso muerto. El color gris toma posesión de toda imagen que los ojos observan. Un hueco en mi pecho se hace cada vez más y más grande, arrebatado ese calor que el corazón desprende cuando salta con emoción. Ahora solo supone un paso fúnebre, una melodía que poco a poco disminuye su volumen, hasta morir entre susurros.
Solo impera un deseo: no despertar una vez ya he dormido.
La impotencia se aferra a la parte consciente y ahonda en cada uno de los pensamientos, volviendo mi cuerpo en un amasijo de carne débil, sin fuerzas para afrontar sus problemas.
La cabeza deja caer su mirada al suelo, buscando aquella sonrisa que se desprendió de los labios, una sonrisa que solo se lucía ante unas miradas en concreto, pero hoy, tan solo por este día, no se siente coqueta para salir a jugar a los inocentes.
Los ojos se bañan en si mismos, la pena que se desborda sobre las cuencas, vertiendo lágrimas,  naufragas sobre las parcas mejillas.
Todo es lúgubre, tintado por una capa oscura que todo lo cubre, y aquí estoy yo, tratando de describir los sueños quebrados, que una vez prendidos, asolaron mi piel hasta llegar a la causa de mis miradas cómplices.

lunes, 5 de octubre de 2015

Rabia.

Lo único que me place ahora es escupir mi rabia, golpear cualquier objeto cercano a mi, liberarme de este cruel peso que se aferra a mi pecho y estruja mi tráquea.
Gritar no es una opción. No puedo decir aquello que realmente pienso sin librarme antes del temor a las consecuencias, las trabas que se disponen sobre el futuro que ambiciono. Me cuestiono porqué, no entiendo la razón por la cual todo ha de ser complicado, ningún regalo viene dado porque si, solo es un silencio que alimenta mi enfado.
Mis brazos arden, al igual que mis mejillas, la cabeza da vueltas sobre la misma idea y acaba por marear al resto del cuerpo. Un bajón emocional en toda regla se apodera de mi cuerpo, y no, no poseo ganas de aguantar más, solo de deshacerme de malas maneras de todos los impedimentos y simples y molestos lastres que se aferran a mi macilento físico.
Todo cae por gravedad, y mis brazos ya están fatigados de sostener el peso de mi rabia, así que la dejo aflorar lentamente, sin que llegue a afectar a nadie más que a mi.
Supongo que nunca dejaré de ser niño, lanzando los juguetes de mis palabras, sin temor de romper el juego que tanto me entretiene.

domingo, 4 de octubre de 2015

¿Quién soy?

¿Quién soy?
Soy aquel.

¿Quién soy?
Soy entrañas rodeadas de piel.

¿Quién soy?
No lo se,
solo que escribo buscando
sobre un blanco papel,
poseedor de una vida,
vida, por decir que es.

¿Quién soy?
Soy tu eres. Ven.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Amigos de la mentira.

Existe una cuestión que siempre se ha escapado de mi entendimiento:¿Porqué el ser humano dentro de la sociedad es capaz de calificar a otra persona de un modo despectivo solo a espaldas de ésta?
Muchas son las ocasiones en las que hemos oído a alguna persona malhablar respecto a otra en cuestión, e incluso llegamos a participar y cuando el objetivo de tantas burlas aparece se disimula una falsa sonrisa fingiendo no haber tenido semejante conversación.
En mi opinión todo sería más fácil si se dijese todo a esa persona, pues no gusta a nadie la idea de ser objeto de mofas y semejantes críticas para luego ser traicionados por quienes creemos que nosotras respetan.
Si nos dijesemos todo a la cara, no solo ahorrariamos esos momentos incómodos en los que uno descubre ser víctima de tal despropósito, sino que también ayudas a la persona a cambiar algún aspecto de si mismo o le ayudas a reflexionar al menos de la causa por la cual muchos cotillearían de mala manera a sus espaldas.
Incluso decirle a alguien que te cae mal, me da a pensar que ayudaría a ambos el quitarse de un momento incómodo que no agradaría a ninguno.
Aunque he de admitir que este hecho tan vil para mi consideración tiene una ventaja: al final, de un modo u otro, te enterarás de quienes son aquellos que han traicionado tu confianza y podrás reducir tu círculo a un grupo más selecto que nunca supondrá una amenaza semejante.
La sinceridad es una herramienta que no sabemos emplear, y no, no niego que no debamos hacer uso de una mentira piadosa, solo condeno cualquier tipo de mentira que supa una agresión a la relación que existe con una persona.
Un auténtico amigo dice mucho de ti por la espalda, pero más aun en la cara, y lo que dice tras de ti tiene un fin completamente distinto al de simplemente criticar.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Por un día.

Nos encontramos de nuevo,
o mejor dicho, te busqué al verte,
con los ojos encendidos de esperanza
para tu cuerpo prendido en lujuria.
Tus palabras sonaban torcidas,
torcidas puesto que se desviaban
de lo que realmente querías,
no querías saber de mi,
querías de mi en profundo éxtasis.
Se que no buscamos lo mismo
y aun así, me veo tentado
en parar un rato y mecerme
en el canto, en el ritmo, en el compas,
verter mi rabia para seguir mi trayecto
para volverte a ver el día
en el que me sienta cansado.
Conozco tus tristezas, como un coche
solitario en medianoche, perdida
tiendes a divagar,
y se: que no tiendes a indicaciones,
que la brújula señala al norte,
pero tú quieres ir a bajo
donde perderse es encontrarse por un momento
y por este día yo te dejo,
me dejaré hasta que encuentre
felicidad, allá lejos de tu pena,
de tu llama solitaria y tus simpáticas caderas.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Yo.

Para matar la soledad me encerré
en una jaula con un espejo
para curarme de la ausencia
como si fuese un periquito.

Escribí en las paredes mi nombre
tratando así de conocerme,
me invité a copas, con descaro,
para verter sinceridad
a cada gota de licor.

Y si me conociese no diría
que aun espero a conocerme mejor,
y esperando conozco al tiempo
que no comprende de pasos y caminos.

Navegué sobre la literatura
en búsqueda del náufrago que era,
salvando tan solo una canción
que huele a infancia olvidada.

Miramos entonces con detenimiento,
los ojos del ciego son los más curiosos,
los del niño son tan solo ávidos.
Los míos miran a otro mundo.

Un dragón de cerca es una lagartija grande,
una sirena, una ausencia de amor,
mis papeles soy, escondido
del hombre que no quiero conocer.
Resulto ser yo.

Desperté junto al desconocido
que habitaba en mi interior.
Le tendí la mano, sonreí sin más
dispuesto a saber de él, de mí, de los dos.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Mis acciones soy yo.

Un acto es definido como un hecho o acción pero, ¿cómo se interpreta?
Un acto es como un sueño, cada uno le da su propio significado, uno más acertados y otros más lejos del verdadero sentido. Y es que respecto a cualquier acto solo hay una persona que realmente entiende el motivo, los demás solo pueden acercarse al motor de la acción, y está persona es la que actúa.
Es esta persona la única que debe juzgar sus actos, los demás desconocen que mueve a alguien a actuar como actúa, a ser como es, no saben interactuar con el mundo que existe dentro de la cabeza del individuo, solo saben sacar conclusiones que podrán ser más o menos acertadas, pero no podrán ver que se esconde tras el acto realizado.
Un ejemplo es el altruismo. Yo puedo actuar altruistamente por ciertos motivos, (me han educado así, problemas de conciencia, empatizo demasiado, etc) y donde yo veo mi altruismo, otro verá un posible acto interesado, otro un afán de aparentar, y algunos verán el fin altruista en si, pero no entenderán que me mueve a serlo, porque mis motivos son personales e intransferibles, no serán los mismos que los suyos al fin y al cabo.
Con esto solo puedo concluir que no debe afectarnos lo que el resto piense de nosotros, porque "yo" soy un conjunto de pensamientos y acciones, dos cosas que no pueden entender, y por tanto no pueden tener un juicio analítico como tal de mi. Es por eso que no debemos dejar que los prejuicios de la gente nos afecte emocionalmente, porque eso conlleva ser otro más en la sociedad, y a mi parecer, es muy triste.
No espero con esto cambiar la forma de ver las cosas de nadie, solo procuro crear una reflexión interna, porque ahora lo "normal" es ir de excéntricos por la vida, buscando lo atípico, que no está mal, sino fuese porque todos lo buscan en el mismo baúl de disfraces; una sucia careta que trata de ocultar lo que se es en realidad con tal de encajar en alguna parte.
Hoy en día lo raro es ser normal de verdad, y lo normal debería ser respetar la identidad de uno mismo, la cual es la primera persona a la que deberíamos ayudar pues no se puede solucionar los problemas de otro si no se sabe solucionar los que uno mismo tiene.

Nosotros.

Aprendí a valorar,
a contemplar
la escena,
a conversar
sin necesidad de hablar,
a construir reinos con fonemas,
y ahora soy un formado
fortificado
en la fortuna de mi fuerza,
partiendo de mi posible
más que plausible
inspiración pasajera.
Que por mucho que ahorres
la vida sale cara,
no quiero abrazos de tu escote,
prefiero besos en pijama,
y que la luz se apague,
felicidad hasta en la miseria,
que ya se sabe
que hasta un peón puede ser tu reina.
Yo ya se lo que es volar sin alas,
queriendo a los míos
y aprendiendo a soñar
alcanzamos al cielo que nunca alcanzaba.
Los vasos vacíos
pero con el corazón lleno,
olvidé que era ser "yo"
por plurificar el concepto,
ahora andamos
sin saber que es estar solos,
porque cuando yo camino
es por todos,
que no me vale el ego
sino es con vosotros,
porque soy como la vista,
como un ojo,
que contemplo la imagen
pero no está completa sin el otro.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Haikus.

-Si la sonrisa
Sucede a las palabras
Dicho está todo.

-Me se tu nombre
Aunque no me hace falta
Si miras así.

-Para los viejos
Es la época que siempre
Empeora al mundo.

-Olvidé contar:
Con la suerte y contigo.
Respiro mejor.

-Vale un abrazo
Todo el firmamento azul
Junto a las nubes.

-Un poeta dice
Que la ventana llora
La lluvia que vi.

-Los estúpidos
No cierran sus bocazas
Porque no saben.

-Dios ya juzgará,
Mientras tanto es planear
Arrepentirse.

-Mis zapatillas
Las rompieron mis pasos
De uso y rutina.

-Si no sabes
Callar, eres un tonto
Que no sabe hablar.

-Somos el hombre
Que no sabe como actuar
Siendo personas.

-Habla el demonio
Y la conciencia empieza
Con su silencio.

-Estrepitoso es
El choque contra el suelo
Del: te lo dije.

-Egocéntrico
Que se lamenta de si
Es de exhibición.

-Estas persianas
Cerradas al mundo no
Me dejan pensar.

-Tu Génesis
Fue mi triste catarsis,
Mi Apocalipsis.

-Nunca podrá ser
Que hayas perdido el rumbo
Si nunca ha habido.

-Y si bebemos
Brinda la oportunidad
Al ridículo.

-Pobre fue Cristo:
Sin sindicato alguno
Sin sueldo fijo.

Sin saber.

He lanzado monedas al aire
y el viento me las ha robado,
me cansé de no hayar respuesta
y ahora solo gasto en licores
que me hacen olvidar la pregunta
por un breve instante.
No conozco que es que las cosas
salgan como uno quiera,
no como uno espera, me cansé
de esperar a que algo ocurriese
sin que se me ocurriese actuar,
y tú, que desconoces el mundo
que hay tras mis sombríos ojos,
no juzgues con dureza el hecho
de que por no poder vivir a tu lado
quiera morir para ser enterrado
en cualquier buen escote
pues no te diste cuenta
que tu sonrisa es la mía,
o eso me gusta pensar...
¿Qué pensamiento hay tras la pantalla?
¿No es el silencio, tanto en amor
como en el desprecio
de existencia innecesaria?
La verdad cuesta, por miedo
o por respeto, poder decirla,
cuando toda historia buena
si se aclara en dos páginas
deja de ser tan complicada.
Y mis enfados no obtienen paz
si en calma hace gala el bufón,
de pagos malas miradas, desdén,
y por desgracia, puertas cerradas
allá en su corazón.
No te olvides de mi nombre,
escríbeme en cualquier momento,
juego fatal cuando me sacan de una liga
donde me regalan el balón.
No te olvides de mis tonterías,
de que creo en ser felicidad para ser feliz,
perdona si fracaso,
perdóname si me confundo,
dame las respuestas
y perdona por ser así.

martes, 8 de septiembre de 2015

En la noche.

Explotaron las ideas alumbrando
aquel oscuro firmamento
con extrañas formas y distintos colores.
A mi espalda el diablo, sobre mi hombro
su silenciosa tentación velando
por que llegue mi perdición,
por eso me entretengo contando estrellas,
pero el cielo esta contaminado
de tanta luz y tanto ruido...
que los pájaros de mi cabeza
hoy no pueden dormir.
En vela estoy, sin llama que prenda
cubriendo la desnuda mente,
aullando a una luna que no persigue
ya más mi asiento trasero del coche
donde quiebro los malos augurios
y hablo conmigo mismo sin dar con una conclusión.
Es de noche y las ideas se han cosumido,
las estrellas siguen ocultas
y ese demonio sonríe de soslayo
siendo cada vez más incesante.
Ojalá pudiera bailar con el diablo
y salir con los pies ilesos.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Ciudad de libro.


La literatura es una ciudad inmensa llena de calles. Encuentras avenidas donde el oro reluce y otras donde la plata cae en los registros de malolientes burdeles. Existen calles decoradas con preciosas fachadas ornamentadas con un arte que embelesa, y calles mal asfaltadas, roidas por las malas vidas que no supieron cuidarse: el hachís de Baudelaire y su nefasta sífilis contagiada por los prostíbulos de París, los asesinos de Lorca, sangre derramada por causas ajenas de Lord Byron, la puta que le robó los poemas a Bukowski, el alcoholismo  de cualquier autor británico como Edgar Alan Poe Oscar Wilde y la tuberculosis que acabó con un recluido Miguel Hernández.
La luz no alumbra todas las zonas oscuras y mientras unos disfrutan Cien años de soledad otros solo son Crónica de una muerte anunciada de tanto aspirar el humo de Las flores del mal. Una ciudad que visitarla es toda una Odisea, llena de Leyendas que hablan de La calle del alquimista donde Paulo Cohelo lleva acabo su Metamorfosis, y más adelante encuentras El castillo, que ha conocido Guerra y paz pero nunca se alumbró con Luces de Bohemia. Por algunas callejuelas se oye somplar a La sombra del viento silbando en los oídos de un retratado Dorian Gray que esconde sus pecados tras una densa Niebla. En la casa de Bernarda alba hay mujeres de negro, nada de Diez negritos, donde es verano y a La mala hora juegan las niñas a la Rayuela. La literatura es esta gran urbe donde los más perros de los hombres frecuentan La casa verde donde las mujeres que te sirven en la barra enseñan más que los cuentos del Decamerón.
Una Divina Comedia donde Infierno, Purgatorio y Paraíso se unen y en él callo, para estar ausente y así, en la mágica ciudad te Confieso que he vivido.

Única de lo común.

Hablaba con tres mujeres
en aquellos días de calor.
La primera el mar
parecía estar encerrado
en sus ojos,
sus pechos hacían caer
todas las miradas
y su lengua tenía
un tono lascivo.
La segunda la esperanza
habitaba en los ojos,
un bosque verde rodeado
de largas pestañas,
un cuerpo que incitaba
a bailar al compás
y descarrilar en sus caderas.
La tercera no tenía nada,
solo una preciosa sonrisa,
una forma de ser que
resultaba desesperante
y aun así no se podía evitar
querer saber más de ella.
¿Qué habla el corazón
cuando el cerebro dice
alcanza el cian firmamento
y cae sobre el follaje?
Dice: ama a lo corriente
y déjate llevar,
que donde la niña ríe
Dios vela por ti.

jueves, 3 de septiembre de 2015

A tus manos mi compás.

Solo cuéntame lo de aquella vez,
el diablo bailando en cuerpo de mujer,
y yo por mucho que beba no consigo quitarme esta sed,
corre o dentente,
ignora a la gente,
solo trato de que todo salga bien,
buscando mi suerte
me hice más fuerte
por el hecho de levantar tras caer.

Juego contigo si no me pones precio,
tanto oir murmullos me hizo rogar silencio,
tu corazón frío me heló en medio de este incendio,
por mucho que aguante no soporto el tedio...

Danzo torpe,
subo y bajo como el mar,
¿De mí que conoces?
de mi sólo quieren poesía y poco más.
Rogando al cielo,
aún tengo por quien creer,
amo a mi gente, a mis dedos
cuándo te desprenden del sostén,
sostengo ideas de locos,
loco ideó problemas de bar,
concedeme un momento,
lo que escribo te va a llegar.

No soy un cerdo ni un guarro,
solo pienso todo lo que digo,
todos se acaban aguantando,
yo solo quiero amores, estaciono antes en tu ombligo,
dormir poco, chica, no se que siento,
del vísteme lento que tengo prisa
al desnúdate rápido que tengo tiempo.

domingo, 30 de agosto de 2015

Una sonrisa.

Un motivo,
ganas de vencer,
fuerza para seguir,
fe, esperanza y sueños,
un corazón acelerado,
un recuerdo para la eternidad,
un sentimiento,
una emoción,
silencio y calma,
ganas de abrazos,
lágrimas de júbilo,
palabras sin pronunciar,
un actoreflejo
y cuidado, puede enamorar.

Dime entonces
que una sonrisa
no tiene consecuencias.

Hablamos.

Cuándo hablo contigo
soy incapaz de ordenar mi mente,
ideas dispares chocan
creando mundos imaginarios,
historias que protagonizas
sin tan siquiera saberlo.
Mis frases tienden a repetirse,
ato mi lengua por miedo
a lo que esta pueda decir,
aunque tal vez debiese contarte
del nerviosismo que provocas en mí
haciendo que me sienta estupido.
Y busco un porqué que no encuentro,
algo sencillo y simple,
saber que es cuando me das tu abrazo,
el deseo de verte cuando no suelo hacerlo.
Maldita rutina. Me gustaría verte
aun siendo solo un momento,
pero la vida es caprichosa
y el destino un cruel escritor.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Estado de ausencia.

La noche permanece silenciosa
y mi cabeza está a oscuras
en busca de la luz idea.
Noto un espacio vacío, no
lo identifico, no se que siento,
o que no siento en realidad.
Mis latidos son calma, mi respiración
sigilosa, mis pensamientos
ecuaciones no despejables,
mi cuerpo es agua que teme mojarse.
Siento un frío cálido, un grito
inaudible, hambre aun ya saciado.
Siento que no siento y a la vez
todo se une en mi, agujero
en el corazón dudoso, seguro
solo de ser motor.
Quiero lo que no se que es,
la ausencia resuelta del deseo
sin ser un sueño agitado
que confunde a la verdad
y se niega a ser de ella.
Breves, así conservo mis instancias
en este estado caótico,
si la sonrisa amanecerá, por
ley, orden y porqué la provocan a ser.

martes, 25 de agosto de 2015

Amar de ti.

Amé sus labios, su sonrisa traviesa
fingiendo no haber roto un plato,
sus manos peregrinas, acompañadas
por las mías como un faro marcando
el paso a recorrer.
Amé su vientre, plano y recto,
un lienzo perfecto para el pincel
que es mi dedo, dibujando amor,
creando magia y cosquillas.
Amaba aquellos pechos, no cabían
en mi palma, mi boca saboreaba
su dulzura y mis llemas acariciaban
la suavidad de su piel.
Amaría por siempre su lengua
aventurera y confiada. Sabía
a vainilla. Se me antojaba más de ella
en mis labios, mi cuello, mi oreja, en mí.
Amaré el recuerdo de las sabanas desechas,
aquel olor, mezcla de fresa y esencia de mujer
unido al agotamiento de lo que más amé.
Amo todo eso, pero no la amo a ella,
incapaz de alcanzar a verme sin verme,
de conocer que ocultan mis escritos,
pobres aun, pero gestan un posible futuro,
sin saber como mirarme para tener miedo a perder,
sin los ojos que me den la esperanza,
la razón, el motivo, la vida y la fe.

viernes, 21 de agosto de 2015

Poesía y realidad.

Es por la mañana y estoy leyendo a Blas de Otero.
El libro que está en mis manos pertenece
a un buen amigo que conoce mis gustos.
Estoy leyendo sus poemas, detenidamente,
sin adelantarme a ninguna coma y ningún punto,
y pienso: ¿Porqué creen que la poesía solo es amor?
Me cago entonces en la incultura de la sociedad, en España.
Si cito a un poeta como es Benedetti o Lorca
o tan solo hablo de mi gusto por la literatura
me miran como quien ve una cucaracha, pero no la de Kafka,
ellos creen que metamorfosis es una nueva droga.
Iré esta tarde con unos amigos al bar de siempre,
golpearé mi hígado como si fuese Rubén Darío
y perderé mi brazo como Valle-inclán
al tirar de mala manera a la diana que nos acompaña
para ir tambaleándome como un dardo recién clavado.
Buscaré entre las mesas a alguna chica
que me llamé la atención, pero nunca al móvil,
siendo un Bukowski que engaña sin mentir,
amante antes que embustero, ante preciosas,
para dormir acompañado tan solo de un buen libro.
Y odié a este mundo que pudo serlo todo
pero decidió ser menos que una mera mierda.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Estaciones.

Me gusta el calor del verano,
las brisas que acarician en la sombra,
la cerveza que besa con labios fríos,
las muchachas ligeras de ropa,
la aventura que me concede el tiempo
para poder dedicarme más a mi mismo,
los amigos, desocupados de estudios,
las conversaciones hasta tarde con
una anónima mujer de suelto bajo vientre,
las noches de madrugada riendo en aquel bar.

Me gusta el frío del invierno,
esconderme de él entre gruesas mantas
y hacerme un ovillo sobre el sofá,
la bufanda que esconde mi cuello,
aquel abrigo de paño que me hace
sentir que soy todo un señor poeta,
la estufa, salvadora de mis dedos congelados,
el café caliente que acompaña a las mañanas,
los días lluviosos que me sobrecogen
y el sonido de las gotas al caer.

Me gusta el tiempo de entre temporadas,
la chaqueta fina imprescindible,
los cambios de colores de las calles,
la variabilidad de las horas de luz,
la incertidumbre de tiempo que hará mañana,
el amor que demuestra no ser fugaz,
la rutina en calma que taladra el calendario,
los árboles visitiendo poco a poco
para la siguiente ocasión,
la ventana que me muestra a diario
el mismo cuadro pero con distintos tonos.

Me gusta lo que no cambia,
la sonrisa en los labios,
las sorpresas que da la vida,
los libros que no cesan de invadir mi cuarto,
el colchón que me recoge cuando todo pesa,
los papeles que vuelan con magia
hasta caer agotados al suelo,
los poemas que decoran mi vida
dando igual cual sea la estación.

Catorce de infortunios.

Me acuerdo
En ocasiones de ti.

Días que por sorpresa
Alteran mi carácter
Sin saber porqué.

Intento hallar que era,
Gateando entre cristales rotos,
Uniendo cada fragmento,
Atando cabos sueltos
Lidiando con cortes reabiertos.

Ato solo los primeros que veo.

Cambia mi manera de verte,
Encontré la suma entre tú y yo
Recabando letras
Ostentosas de su puesto pues

martes, 18 de agosto de 2015

Me rindo.

Me rindo.
No quiero rendirme, dije.
Me miró aquel que habita
en los espejos y en los charcos
con ojos fríos en su oscuridad perpetua.
Le vi levantando un móvil,
tecleaba un mensaje.
Se escuchaba la vibración
que producía el toque
en aquella pantalla táctil.
No quiero volver a rendirme, repetí.
Sostuve su mano con fuerza
evitando que enviase aquel mensaje.
En apenas un instante grito:¡Ah!
Me sorprendí tanto que lo sonté,
y con el se escapo aquel mensaje
que escondía algo más que un saludo,
encerraba rencor, recuerdos melancólicos
en una frustrada amistad.
Me rindo. No me conozco todavía.
No llegará a buen puerto
las astillas del navío
que se hundió en alta mar.

lunes, 10 de agosto de 2015

La espera.

Me duele la espalda de estar apoyado aquí,
esperando a tener algo por lo que poder esperar,
charlando conmigo mismo, descubriendo
lo poco que me conozco en realidad
y lo poco que se.
El tiempo pasa solo una vez, sin contemplaciones,
sin esperar a nadie,
y menos algo de mí.
No me acostumbro a no ser yo,
pero porque no quiero ser otro,
quiero esperar a que todo pase
pero pasa que quiero esperarte,
mientras hago tiempo, conversando
sobre mis locuras y tus tonterías,
las tonterías que te conceden el encanto
y que me hace esperar a tener un motivo
para poder esperarte.
Y espero con la voz ronca, mellada
de tanto torturarme hablando
a solas con un bolígrafo medio gastado,
escribiendo mis dudas, ¿Qué dudo?
En saber que esperas de mí.

viernes, 7 de agosto de 2015

¿A quién te pareces?

¿A quién te pareces? Te pregunto
atrapado en este campo de locura.
Me responde el aire, tierno y ligero,
diciendo que no te pareces a nadie,
Pero yo se que es mentira.
No se hallar semejanzas, no se callar
esta verdad mía que siempre se adelanta,
y se que no hay detalle alguno
que en ti se encuentre en otra mujer.
Sigo pensando, buscando el parecido
y que encuentro sino nada,
canciones emotivas, conversaciones profundas,
pero nada es tuyo
y tuyo quiero ser.
No tolero las ausencias, los dolores
que prenden este vientre,
el escalofrío que recorre mi cuerpo
cuando te haces presente
y aun así no se a quien te pareces.
Duermo en la brevedad de los días
y sueño sonrisas, deseos cumplidos,
liberando un supiro leve
tras entender a quien te pareces:
Te pareces a la mujer que una vez soñé.

jueves, 6 de agosto de 2015

Miraba a tus ojos.

Miraba a tus ojos a sabiendas
de que no los volvería a ver
hasta un lejano encuentro.
Miraba a tus ojos ocultando los míos
bajo un gesto sombrío,
temeroso ante la posibilidad
de que vieses que ocultan.
Miraba a tus ojos y a la vez
no los miré nunca,
me topaba con un cristal
que no me dejaba saber que piensas,
un cristal que me impide leerte,
siendo un libro más en mis manos.
Miraba a tus ojos mientras
contaba con los dedos,
mi secreto ante Dios, gritos de silencio,
arrodillado desde mis emociones,
el alma que atosiga a la lógica
y trata de aplastarla.
Miraba a tus ojos mientras te soñaba,
sonriendo en la noche a la almohada
conocedora de mi locura, mi remordimiento,
de mi fuerte cobardía...
Miraba a tus ojos cotemplando
un firmamento, el futuro
que escribo y se que nunca habrá,
pues no existe la casualidad
en este mundo donde nada es imaginario
y mis ganas de abrazarte,
movido por mi subconsciente,
se pierden en oídos de nadie.
Miraba tus ojos y les encontraba
un enorme parecido,
más tal vez fuese la sangre,
o que son aquellos que se me antojaron
cuando una vez fui un niño bueno,
y ahora descubrí que estuvieron,
riéndose serios de mi ceguera.
Miraba a tus ojos, miraba literatura
en ellos, miraba tras los barrotes
que me prohibían el cielo,
los escalones que digo
se que nunca los escalaré.
Miraba a tus ojos sin saber que es mirar,
ahora miro a tus ojos disimulando,
no preguntes el qué, lo sabes,
lo mal que se fingir, mentir
a los ojos infantiles que claman
el sol, la luna, los planetas,
junto con las notas que nunca
aprendí a tocar.
Miraba a tus ojos a través
de una cuerda de guitarra rota,
y sabiendo que estaba partida
fue como el débil hilo que nos une,
que ataste en mi sin darte cuenta.
Miraba a tus ojos pensando en algo,
como con que compararlos,
buscando la frase que llegara,
pero no alcanza si me atrapa el tiempo,
y mientras yo miraba a tus ojos.
Y los tuyos a mi no me miraban.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Sonrié, quítame la razón.

Me gusta oír la brisa,
ignorar la presencia del silencio,
besar con mis labios secos
la húmeda mañana.
Me gusta calmar mi sed
con las lágrimas dulces,
concedidas por los buenos momentos,
perdidas en la memoria del "a saber".
No lamentaré mi melancolía,
si soñaré el porvenir,
vienes a mi lado si te prometo
la felicidad que jamás sentí?
Mis versos no son para no ser,
son para ser una razón de tal,
embriagado con cuatro tristes tragos
me lamentaré si al terminar mi poema
coges y te vas.
Vivo libre, a quien mentir?
Los árboles respiran la calma
que siempre quise tener,
pero que nunca supe vislumbrar.
Me marcho, y no se cuando volver,
mi imaginación me reclama con ahínco,
abrazado a quien se que nunca mirará
a este poeta que viste de paisano.
No se ser especial, ni mucho menos,
no se ser el chico malo ni bueno,
no se más que ser el rostro serio
tras la risa, osea ser, yo mismo.
Ahora reclamo que vean
el trasfondo de las bromas del payaso,
podría compararlo con las hojas otoñales
que caen rogando por ser rama,
pero se que tu rostro serio,
aun de niña buena, en dulce juventud,
no entendería aquello que oculta
mis instantes de vejez,
donde se que todo es un tesoro,
y que un tesoro no vale nada
si no puedes compartirlo.
Tan solo mi tesoro es un ruego:
Lee estos versos, entiéndeme,
y sonríe, para quitarme la razón.

lunes, 3 de agosto de 2015

Confesión de una noche.

Los silencios a veces salen demasiado caros, abriendo heridas allí donde no hay carne, pero sangra de igual manera, perlando con una gota salada.

Existen acciones que deben permanecer tan solo como un deseo, por las repercusiones que esto puede desencadenar, pues a veces solo buscamos estar tranquilos, y salir de este estado es algo no recomendado para la sociedad.
A veces el corazón habla, pero el cerebro no entiende, y él siempre tiene la última palabra a la hora de dirigirnos. Las miradas tienden a ser furtivas cuando esto ocurre, comprendiendo que todo es indebido, causando una sensación de culpa por el hecho de tan solo imaginar. Las dudas ocupan hasta el mundo de los sueños y las palabras acaban por sonar nerviosas, haciendo eco en el recuerdo de la vergüenza. Los momentos que se comparten no saben más que a el sorbo breve que apenas invade los labios, tentando al hambre que quiere más.
La ausencia es aquello que más duele, el hecho de verlo todo complicado, susurrando un nombre prohibido, la rosa con espinas que sabes que fuera del florero no puede sobrevivir.
No comprendes porque encuentras encanto en una persona tan corriente, considerando cualquier gesto como especial aun a sabiendas de que eso no es así, ignorando los defectos, considerándolos parte del conjunto que compone y define a la persona como la pieza que llena la ausencia que siempre sentiste. Todo se vuelve extraño, la visión contempla lo imperfecto como perfecto, añora aquello que nunca tuvo y quieres tener.
Vivir de testigo es una pena, pero nunca sabes lo que depara el futuro y si el paso de los años regalará la tan codiciada suerte que se necesita para romper con las barreras que Dios por desgracia estableció.

jueves, 25 de junio de 2015

Todo depende.

A sabiendas de que la mejor condición de uno mismo se concede, curiosamente, cuando nada promete estar bien es gracias a esos pequeños momentos en los cuales olvidamos a ese mundo nefasto que trata de consumirnos en el mismo fuego que prendió con la intención de consumirse a si mismo.
Algo que olvidas en esos mágicos momentos son los lazos con ciertas personas. Al igual que el tiempo, una relación cambia a ojos de cualquiera, ya sea amistad como romance. A veces tienes una sensación errónea de que tienes más confianza de la que realmente existe y para esa persona no vales tanto como tú creías, pero en ese momento da igual, soli existes tú y tu felicidad efímera.
Son esos grandes momentos que te hacen olvidar por instantes todos tus númerosos compromisos, aquellos que torturan a una mente ya maltrecha al verse sometida ya por diversos puntos.

Recordando la primera causa que nos hace olvidar, ¿que es realmente lo que catáloga a una persona como cercana o valiosa a nuestro entender? Tendemos a sacar ideas preconcebidas, no solemos conceder oportunidad de que se dejen conocer y más importante aún, no vemos más allá de lo que ven nuestros ojos.
La amistad es delicada y pronto puede verse debilitada a causa de cualquier designio del destino, solo nuestro razocineo está ahí para hacerle frente.
La visión de determinadas cosas varía según el enfoque, a partir de ahí depende de nosotros preguntarnos de que punto de vista está cada cual.

domingo, 14 de junio de 2015

Desde el engaño.

No hallaba límite para su cantidad de errores cometidos. Dejando escapar el aire de sus pulmones y cerrando los ojos logró sacar ganas suficientes para abrir aquella puerta. Sus ojos se vieron cegados por la fuerte luz del sol del ocaso, el suelo parecía tambalearse sobre aquellos largos tacones y el ruido del tráfico la hacia vislumbrar que no vería nada bueno.
Llevaba días conversando con un chico dos años mayor que ella que había logrado atraer toda su atención. Aquel muchacho no arrastraba buenas recomendaciones tras de si, siendo considerado un egolatra, un pretencioso y un interesado. Pero a pesar de eso, ella consideraba que había sido capaz de conectar con su alma sensible en tan breve tiempo.
Los piropos y halagos eran la gran mayoría de sus mensajes, demostrándola que la gente se equivocaba con él concediéndola la confianza de contarle sus pequeños problemas. Tal era su confianza que llegó a enviar fotos suyas con cierto tono provocativo mientras él tan solo se deleitaba con dichas imágenes.
Oía rumores de que hablaba y se veía con otras, pero la gente inventa mucho desde la envidia, o al menos eso decía él.
Por otro lado estaba harta de los mensajes de un antiguo amigo que afirmaba preocuparse por ella, un muchacho sin nada a destacar ante su manera de ver.
La fiesta ya debía haber comenzado por lo que aceleró su paso. Sus amigas ya estaban allí, con el alcohol correspondiente pra cada una.
Al llegar se cruzó con varias personas de su edad que la miraban y se reían entre ellos. Ella, decidida, avanzó con altanería pensando que había llamado la atención de esos raros.
Según pasaba el tiempo más momentos así ocurrían. Continuaba gallarda a pesar de los gestos de desaprobación que provenían de las chicas de su edad, envidiosas a su parecer que se llevaba toda la atención de los chicos.
Junto a sus amigas se dejó llevar por movimientos de baile de carácter provocativo y se vio obligada a separarse de más de uno que trataba de restregar sus partes íntimas sobre su trasero.
Una voz a sus espaldas la hizo girarse. Su amigo, aquel pesado, estaba frente a ella. Sabía de sobra su interés por algo más que la amistad, pero fingía no comprender las indirectas que este lanzaba.
Durante largo rato discutieron. Él se había enterado de la existencia de su posible "algo" y solo soltaba las mismas patrañas que el resto. A punto de marcharse al grito de "si le prefiero a él te jodes" trato de alejarse, pero una mano aferró su muñeca. Aquel amigo suyo se encontraba serio, denotando su enfado. Temía que la agrediera hasta que vio que la tendía el movil. La imagen en la cual le mostraba sus pechos a aquel mágico muchacho se encontraba en pantalla. Entonces comprendió que no llamó la atención de aquellos "frikis" ni era envidia lo que ellas tenían y ni mucho menos se acercaban a ella porque debía estar mejor que nunca. Esa imagen se había difundido, por su ingenuidad y su egoísmo, causa de todos los desastres que aun quedaban por venir.

martes, 9 de junio de 2015

Aquella.

Buscaba ver de nuevo aquellos ojos inocentes, sentir de nuevo aquel estimulante escalofrío que retorcía cada fibra de su cuerpo y provocaba el choque del corazón contra el pecho, un segundo de vacío que pronto era ocupado por ruidos bruscos y ensordecedores.
No la veía más que ocasionalmente desde que la perdió la pista finalizando su infancia. Sus palabras siempre amables eran atesoradas en su memoria, y su gesto, sencillo pero mágico,  aguardaba el sentido a todos sus pesares.
Aquellos ojos verdes albergaban la razón por la cual era como era, aunque él nunca se percatase de ello.
Cada encuentro producía una caída a un estado de nerviosismo del cual se veía preso y no veía salida posible. Múltiples imágenes con variadas situaciones eran producidas por una sugestionada imaginación, causa de la presencia de la mayor musa del Parnaso que él hubiese conocido.
Dos tímidos besos a modo de saludo eran la presentación a las trabadas palabras que se daban después, seguido por un incómodo silencio y una forzada despedida.
Siempre permanecía en ese estado pétreo, viéndola alejarse junto con la sonrisa más inocente y los ojos más puros que nunca vio.
Solo entonces su nombre se escapaba de sus labios, perdiéndose en el aire que aquella mujer le quitaba.

miércoles, 27 de mayo de 2015

A los ojos de un cualquiera.

Hace bastante tiempo que he dejado al género lírico un tanto de lado, a pesar de que este blog iba a ser dedicado solamente a ello.
Pero es la naturaleza del ser humano la de evolucionar, avanzar hacia delante, aprendiendo de cada error.
Conocer a las personas es una tarea difícil. Nunca terminas realmente de conocer a alguien. Muchas son las veces en las que nos vemos sorprendidos por ciertos actos, pero más aun por quienes son llevados a cabo.
La sociedad nos ha educado para depender de ella o creer que es necesaria, y nada más lejos, pues no conocemos que es vivir lejos de ella.
Pero si como dije antes, nosotros evolucionamos, ¿no debería la sociedad que está compuesta por nosotros evolucionar también? ¿Porqué parece que lo hace mucho más lentamente?
Nos dedicamos el tiempo en prejuzgar a quien tenemos cerca, y no nos molestamos en conocer primero.
No conocemos el pasado de la gente, y lo que conocemos es a través de las opiniones de otras personas. Aun con esa poca información somos capaces de creernos que podemos juzgar objetivamente a una persona.
Sin conocer de una manera cercana no podemos simpatizar, no podemos buscar un porqué a sus actos. Las malas miradas a desconocidos son habituales, como si buscasen el conflicto.
En una pelea no hay ganadores, solo hay dos inútiles en el uso de la palabra.
Es demasiada gente ya la que se siente incomprendida víctima de estos prejuicios, normalmente ante la estética o el físico, sobre todo en esta edad juvenil por la cual todos pasamos.
Una vez oí que el grito del alma es el sonido más fuerte que puede llevar a cabo una persona, pero también es el más ignorado por todos.
Ir solo a lo que nos parece bello solo nos provocará dolor, siendo insectos que se acercan demasiado a la luz de la lumbre.
Más de una vez he tratado con sujetos condescendientes desde la primera palabra que cruzamos, solo porque su primera impresión fue de determinada manera. Las primeras impresiones son erróneas en su mayor parte, son el prototipo que necesita ser perfeccionado.
Toda está reflexión no es solo mía, se debe a que visité otro blog que comparte esta impresión mía. Aquí os la dejo para aquel que quiera leerla: http://elrincondeunomas.blogspot.com.es/?m=1 no tiene desperdicio ninguno.
No hemos de juzgar un libro por la portada, y tampoco si tiene un mal comienzo. Lo que verdaderamente importa es el final.

lunes, 25 de mayo de 2015

A los problemas cero preocupación.

Tantas son las veces en las que creemos toparnos con un muro que nos impide seguir. Nos obcecamos en intentar saltarlo, como si tuviésemos capacidad para ello. Tratamos de derribarlo, aun sabiendo que no tenemos fuerzas suficientes. Hacemos mil intentos, sin pararnos a pensar y así ver que a un lado está una puerta abierta.
Los problemas no son más que necesidades por cumplir, sean del tipo que sean, y siempre concluyen en la búsqueda de nuestra paz interior, y solo debemos aguantar la presión, pues el tiempo no es quien abrirá puertas o ventanas, derriba el muro a base de soplar.
Pasamos media vida preocupados por el que pasará y nos olvidamos de lo que está pasando. Solo sabemos hacer planes para hacer más planes, descuidando el hecho de que nosotros no controlamos aquello que puede ocurrir y así nos preocupamos ante los imprevistos que acontecen, pues carecemos de poder sobre ellos.
Tan sencillo es como dejar de planear, disfrutar del momento para que los improvistos sean vanas sorpresas que no afectan a nuestra actitud. Fuerte es aquel que sabe afrontar su vida y no lo que le queda por vivir. Nuestras manos no son solo simples extremidades, tienen la capacidad de construir las escaleras que salten los muros que nos refrenan, el futuro que nosotros queremos. Construyamos con lo que tengamos cerca, no esperemos a que llegue algo que a lo mejor no aparece nunca, disfrutemos de nuestras obras y no esperemos que a otros les guste, tan solo tú vas a sentir beneficio de tu propio camino, las palabras del resto tan solo son los lastres que se atan a nuestro paso, e ahí nuestra capacidad de andar como si no fuesen más que unos zapatos incómodos o una cruz de espinas a nuestras espaldas.
Debemos desprendernos de todo aquello que pesa y resulta innecesario: odios, rencores, preocupaciones y, en algunos casos, de personas. No debemos olvidar que el destino al cual tratamos de llegar es la felicidad, que cuanto más cerca más sentimos su calidez en el pecho.
Pero no debemos olvidar que cada uno tiene su propio camino. Mi concepto de ser feliz no es el mismo que el de nadie, por eso hemos de emprender caminos distintos, aunque a veces compartamos tramos.
La risa a de ser la única moneda de cambio que usemos, los favores altruistas los únicos contratos que pactemos y la vida ha de ser el mayor amor que vivamos.

"No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos."

-Albert Einstein.

domingo, 10 de mayo de 2015

La importacia de conocer.

El hombre es un ser estúpido. No es por su naturaleza egoísta ni por su incapacidad de simpatizar con el vecino, sino por el tiempo empleado en cuidar una imagen pública.
Personalemente me importa bien poco aquello que se comenta de mi, pues mi única dedicación es romper las barreras construidas por las habladurías para mostrar quien soy yo realmente y no una fachada con tal de convencer, pues si mi forma de ser desagrada al populacho es que no estoy hecho para convivir con aquellos críticos con mis maneras.
Múltiples casos se dan en sujetos que predican con la exquisita sintaxis pero que no se preocupan por alterar el significado. Cambiar palabras con tal de empalagar al oido del receptor endulzando el mensaje. Mi pregunta es: ¿Qué te importa lo que piense de ti quien te desconoce? Pues quien juzga sin conocer no merece más que una mirada de desdén o un completo vacío,  pues es bien sabido por todos que la felicidad no viene dada por un extraño.
Es una locura sin igual el tratar de agradar a todo el mundo. Yo quiero tener contento a los míos,  pues influyen en mi estado de ánimo,  pero el anciano que desaprueba mi aspecto no afecta de ninguna manera, a pesar de que posiblemente mi estética tachada de gamberra no coincide con mi forma de ser amable, al igual que muchos que viste traje y corbata no tiene ningún inconveniente en pisar a aquel que a su lado yace con tal de conseguir cualquier obsequio carente de un aporte valioso real.
Los ojos reflejan la intención del alma, pero falsas intenciones siempre vienen dadas por diablos de paisano y para poder detectarlos hay que conocer, pues quien no conoce no sabe y quien no sabe no merece ser conocido.

-Iván Sánchez Mora.

Mi pequeño gesto.

No puedo mirar a mi alrededor sin cargar con una mirada llena de prejuicios, observando como los actos acometen contra la realidad, deformándola en una cruel imagen burlona que se mofa de nuestras vidas cotidianas.
Estoy cansado. La rutina sofoca a los ideales impacientes que ruegan por dar rienda suelta y asombrar al feo mundo, agotado por el peso de las responsabilidades que nunca pedí y mucho menos quise, desganado por todos aquellas personas que dijeron entenderme y tan solo se sentían comprendidos en una pequeña parte de esto que escribo.
Poso mi mirada crítica por todos los aspectos que definen esta sociedad tan triste y maldigo a la literatura que, en su ingenua forma me mostró falsamente que existen felicidades eternas, vidas resueltas que no concluyen en infestuosas morgues sin identificación, de amores imposibles solucionados por el poder de un corazón joven apasionado y una magia que nunca se conjuró. Una vez leí que "el amor tiene más gestos que palabras" pero la vida me enseñó que los auténticos gestos son pequeños y pasan desapercibidos, que las flores marchitan, salvo en el recuerdo.
Ha llegado un punto donde la felicidad no es un objetivo sino que todo es una burda competición de haber quien tiene más, un juego de apariencias con trucos de luces y sombras.
Siempre quise ser feliz. Me dio igual si en el camino a la felicidad el hambre me amedranta si la sonrisa complace al estómago del espíritu, si carezco de marcas si ya marcaron en mi corazón la directriz que ha de seguir mis instintos para conocer el deseo del alma.
Rompí con todo lo que tuve buscando la dicha, y sin respuesta aun me hallo. Tal vez la edad me haga creer que la solución se da en los labios de una mujer, pero el pecado no se hizo para el hombre que solo se ve tentado en ver sonrisas en el prójimo y solo sufre cuando ve que sus resultados no son los esperados.
Mis palabras las borrará el tiempo, caerán en el olvido más profundo junto con todas las historias que nadie quiso contar, pero me sentiré satisfecho si quien lee en estos párrafos halla consuelo o la lección de que la felicidad nace del pequeño gesto que es creer en nosotros mismos.

-Iván Sánchez Mora