Follow by Email

sábado, 25 de febrero de 2017

Que trato.

En ocasiones trato de ser más mayor de lo que soy
pero tengo poco de osa si solo me constelo al firmamento
cuando el sol se posa tranquilo, primero amaneciendo,
luego elevándose hasta el punto más alto, como corona
de este planeta ahogado entre humo, contaminación y humanos.
Trato de hablar igual que un catedrático de buena aula
aun cuando las cadenas que me atan, irónicamente, mis raíces,
me obligan a cagarme en la puta cada vez que mi meñique
se topa con la esquina de algún mueble de mi habitación.
A su vez, trato de aparentar un positivismo propio
de un mal libro de auto-ayuda, una película de Disney,
de mi perro cuando me ve aparecer por la puerta de mi casa,
a sabiendas que soy una mala caricatura oscura sacada
de una página del cuaderno de bocetos de Tim Burton,
una sombra oscura y prologada de un film de Alfred Hichcock,
o, sin tanto recurso literario, una símil de la realidad.
Trato de no parecerme a mi distorsionado reflejo,
crear mi propio modelo y evitando todo posible canon social,
declinando los malos vicios, que no mi latina lengua,
olvidando que el romance tiene métrica, suelto y consonante,
rimando solo en impares y de versos de arte menor,
recordando entonces que el romance se vive en presente,
que en pasado solo es un futuro poema donde describo
como yo fui bueno y me contradigo al decir que poesía
es mentir diciendo la verdad de forma sigilosa,
por tanto, ya no quiero romances, ni rimando en impares
ni rimando con suerte entre las sábanas de uno de los dos,
prefiero ser para salvar otras farsas intentando amar,
una mejor filosofía o un conocimiento que poseer.
Trato entonces de ser un punto, tal vez de partida, aparte
un inicio que alberga la posibilidad de un gran final.

viernes, 10 de febrero de 2017

Señorita.

Señorita, usted es una mujer malvada.
Con malos aires me provocas
una cálida emoción en el pecho,
un derrame de sensaciones
que catapultan mis sístoles y diástoles
a una imagen en la que deseo habitar.
Pero estás lejos...
porqué, mujer, porqué
te mantienes alejada de mis ojos
si de tanto querer verte
he soñado contigo,
con unas manos cómplices
de una mirada tierna e inocente,
pícara en ciertos instantes,
a pesar de que el frío tenga
su dura mandíbula sobre nosotros,
aunque la noche corone el vértigo
que supone ver tu rostro,
sin más reglas que la asistencia
que dicte las nuevas según jugamos
a conocer al otro con ahínco sobre sus tildes.

Señorita, usted es una mujer maravillosa.
De pronto resucitas el instinto
que mueve mi mano a escribir,
y que escribo si no aquello que eres,
pero que no eres si pareces todo,
desde un ángel hasta un diablo,
desde una princesa hasta una mujer sencilla,
aunque es así como te quiero,
como un angelical tacto
que tienta a que devore sin hambre,
tratarla como noble ser elevado al entendimiento
a pesar de ser solo simplemente maravillosa.
Meces entonces mi pensamiento,
una nana leve que roza mi alma,
y, ah, admito que me estremece,
a pesar de que trato de ser duro
cuando se muestra vulnerable.
Que mal acto sería aprovecharse de su estado,
que mal acto sería que ella se aproveche del mío,
será entonces cuando sellemos el pacto,
ambos seremos malos,
cuando nuestro corazón lo torna en otro sentido.


jueves, 2 de febrero de 2017

Diablo viejo.

Diablo viejo,
no esperes de mi que caiga
si ofreces solo algo tentador
en vez de la tentación
que me hace albergar vida.
No esperes más que silencio
si tus ojos son de diablo,
que no diabólicos,
si tu sonrisa pertenece al infierno
y no me manda al infierno
si no la veo, oh Dios, si no la veo...
Tus palabras pueden evocar
pero no invocar al latido rápido,
pueden ser misteriosas,
que no el misterio de mi esencia,
pertenecer a la boca que besa
y arranca el alma,
no la que besa por regalo
y la ofreces arrancar un pedazo de tu cielo
para tendérselo en sus manos.
Podrás ser diablo viejo,
podrás incitarme con el oro,
podrás dar a cambio el reino,
pero de nada me sirven las monedas
si no compran las tierras
en las que quiero vivir para enterrarme.
Así pues, no esperes más que a jubilarte,
que conmigo no hay negocio,
conmigo no hay oficio,
solo hallarás silencio
junto a mis ojos perdidos,
a la espera, como tú,
de un alma que llevarme al pecho
y un trato que me parezca justo.