Follow by Email

martes, 24 de enero de 2017

A quien sigo sin conocer.

Me aferro a tu ausencia
para llenar el hueco
de unos ojos que no miran,
de lo poco que queda cuando los labios,
cortados por el frío,
deciden guardar silencio,
y en la distancia
te ves más mujer de lo que ya eres,
si eres el diablo que no viene por mí.

Lamento no verte
por culpa de mi insegura parte,
tal vez sonría las penas
fingiendo que nunca me fijé en ti,
prohibiendo al latido
contemplarte,
aunque sea por un instante,
si tú tienes la gracia
y yo un mal chiste por vida.

A la cara soy honesto,
ante la tuya, puede que, un niño tímido,
solo se que mis dedos serían aire
y marcharían con la brisa,
alejándose, por poniente,
de la idea de observar
el mismo horizonte,
si tus ojos son esperanza
y los míos la penumbra con fe.

No acepto mis temores
pero menos aun estarme quieto,
aunque el diablo se esconda tras esos ojos
y la tentación tenga las manos abiertas,
aunque seas solo una ilusión
creada por los pájaros de un iluso,
Aunque pueda morir en el olvido,
me da lo mismo,
porque así soy yo.

Aun no se a quien te pareces.
En mi cabeza eres igual a la noche,
intrigante y fantástica
coronada por cientos de estrellas,
y no, no te conozco,
solo eres una extraña
que produce en mi la curiosa sensación
de que nos conocemos
y no.