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martes, 23 de mayo de 2017

La oscuridad de ser llamado humano.

Existen hechos que solo se aprenden con el paso de los años.
La inocencia de nuestra prematura existencia nos protege de una triste y melancólica verdad. El mundo está corrompido por los malos deseos que habitan en nuestro interior.
No todo individuo desea el bien al resto, pues si te propones recordar situaciones donde has mostrado tus ambiciones más oscuras, admitirás haber sentido en alguna de estas ocasiones como deseabas el mal ajeno solo por mero egoísmo, por no ver como a otras personas les va mejor que a ti. Es por ello que el ser humano está enfermo.
Podemos tratar de reprimir este mal que tortura a nuestro espíritu, pero esto no eliminará la existencia del diablo que se oculta tras nuestra piel. Disimulamos una torcida sonrisa mientras que nuestra terca naturaleza nos fuerza a envidiar, odiar, ser intolerantes... a ser de todo menos personas.
El mundo se torna oscuro pues el hombre erigió su trono a base de sangre inocente derramada para su propio beneficio. No le importa el sufrimiento de quien no conoce, no necesita hacerlo, solo su manchada ambición se verá satisfecha cuando nadie se oponga a sus deseos, agrandando aun más si es posible el vacío que se haya en su interior. Así es el ser humano, un ser arrogante que se cree que puede conseguir la felicidad violando a la mismísima naturaleza y no ofreciendo su corazón al resto. Se cree que se debe esperar algo a cambio de aquello que se da, cuando solo debes abrir los ojos para ser recompensado. Tu alma elude la soledad, tus actos hacen felices a otro e incluso serás agradecido si saben valorarlo.
Solo aquel que es capaz de aguantar las embestidas de la vida sin caer en un pozo oscuro de desolación y avaricia es recompensado con la auténtica verdad: las pequeñas obras hacen que existir merezca la pena.
Maravillosa es entonces la conciencia, ese pequeño ser a la que la sociedad ha conseguido encerrar en una consumismo compulsivo con tal de no oír su incesante voz dándonos a entender que es correcto y que no lo es. Es sepultada por una imagen, aquella que tratamos de reflejar ante el resto, una vida perfecta que resulta envidiable. Una máscara repulsiva compuesta de engaños y mentiras.
¿Porqué deseamos poseer todo? ¿Porqué hay hombres que ambicionan con controlar el mundo? ¿Porqué otros solo tratan de mostrarse superiores al resto? Aquel que actúa para ser recordado por el resto será olvidado mientras que aquel que se olvida de si mismo y actúa por el resto será recordado. Nadie ama a quién lleva acabo grandes proezas, como mucho lo admira, por otro lado, ¿Quién no ama a quién no da todo por ti?
Lejos de si existe Dios o no, hay una presencia innegable en los buenos actos. Algunos lo llaman magia, y no están desacertados, pues no hay nada más mágico que aquello que es capaz de dibujar una sonrisa en cualquier persona.
El odio es una lacra que no permite disfrutar. Te corrompe la médula llenándote de malas emociones, oscuras y retorcidas, alejándote de seres queridos, de amistades y de quien podría llegar a serlo. Una mente enfadada es una visión nublada que no deja pensar con claridad. Una mente enfadada es un tumor que obstruye al corazón y no le permite sentir.
Es una lástima que esto no pueda cambiar, pues es irrebatible decir que está siendo nuestra perdición, haciéndonos incapaces de disfrutar como deberíamos de nuestras vidas.
La vida no es tan complicada con una sonrisa en los labios y un corazón lleno de amor. Aunque los bolsillos estén vacíos y los problemas abunden, siempre habrá esperanza mientras podamos decir que tenemos quien nos quiere y por tanto un motivo para seguir luchando.

lunes, 8 de mayo de 2017

Quería

Quería
Nacer en sus manos
Morir en su pecho
Razonar sin nada más
Que unos bolsillos vacíos
Como mi alma
Ya parecida al jilguero
De tanto trino en vano

Quería
Un mundo sin mal
Un mundo sin mundo
Silencio en la conciencia
O una conciencia silenciosa
Un rey sin corona
O con la corona
Ya ve usted
Pero sin poder al fin y al cabo

Quería
Ser un dios entre los hombres
No un hombre entre bestias
Un verso inmortal
Y no un nombre olvidadizo
En la lengua de un cualquiera
Ser amigo de Dios
Y no enemigo de mí mismo

Quería
Una palabra
Capaz de resumirme
De resumirte
De resumirnos
Un futuro brillante
Con luz al final del túnel
A Caín y Abel
Firmando la paz
Sobre la caja
De Pandora cerrada.

Quería:
Volver
No sé a dónde
Si tan solo quiero
Volver
Hablar con mi perro
No entenderme ni yo
Habitar y entender
O  no entender porque habito
No ser nunca adulto
O puede
Y ojalá se pueda

Nunca serlo.

domingo, 7 de mayo de 2017

A su imagen.

Sabrá seguro que sus ojos son la entrada
a un extraño páramo donde el errante
siente como su alma transtorna a figura sedentaria,
un amplio lago de agua congelada
que irónicamente hace hervir la sangre
al prender el fuego al que llaman pasión.
Su gesto es simple e inocente,
pero concede la ligera impresión
de ser su relajada postura un cálculo
capaz de atribuirla toda la belleza que alberga:
desde su tímida sonrisa a su inclinado cuello,
aquel cabello suelto que no esconde su rostro,
la palidez de su pecho como oro blanco,
la enrabietada hambre que provoca
el hecho de saber que esconde,
si su lindo gesto hace obviar su feminidad,
y me creo sin dudar al decir que es difícil
al sufrir los malos instintos de ser hombre,
pero son sus posadas manos reposadas en la calma
que siempre he requerido en mi cuerpo
aquella que me facilita el camino,
la luz  que se retiene a sus espaldas, temerosa
de que acariciarla suponga dañar
la hermosa imagen que locos como yo
admiran escondidos en el silencio.

jueves, 4 de mayo de 2017

Quebradiza.

Ya no abogo por los latidos implosivos,
Apoyo más el roce del ángel torcido
Del camino que se supone que es el recto,
Y es cierto, no creo que haya nadie perfecto
Pero si perfecto para alguien en especial.
Prefiero entonces el placer de conocer,
De marcharme, irme para volver
Envuelto en nostalgias errantes de verdad
Empapado por el aroma dulce de la miel.
Mientras tanto pasa con poco me quedo,
Pasmado, tal vez, sin saber dónde habitar,
Saboreando su sutil y doloroso español veneno
De sus caros labios finos de beso vertical.

Y que no, que no abogo más que por el ruido,
Haciendo homenajes al mártir caído
En tierra de nadie arrebatada de sus manos,
No hay cantos si en el encierro solo hay santos
Que lloran a falta de nana que los acune.
A mis hijos les recitaré sus versos heridos,
A los diablos de la patria tendré entretenidos
Con la imagen de un hombre a su engaño inmune
Dispuesto a demandar a quienes nos han mentido.
Mientras tanto pasa menos paso yo de todo,
Ser de justa vanagloria que ignora a la masa,
Solo pienso en encontrar, a día de hoy, el buen modo
En el que octogenarias no sean echadas de su casa.

No abogaré nunca por nada, por derecho,
Si acaso solo seré defensor de los hechos
Del hombre justo que lucha con fuerza
Por la familia que en casa le espera
Con el corazón lleno y las entrañas vacías.
Se parte el pecho y se quiebra el alma,
No existe ni un momento de calma
Ni un segundo para tener la cabeza fría
Si la mala fortuna le tiene en su palma.
Mientras tanto pasa piso con mayor rabia,
Triste, al tener que ver a ese padre,
Que se mata para dar a sus hijos una infancia
Y llora al oír que tienen hambre.

Ya no abogo por que los abogados no son justos,
Mientras tanto pasa puso su peso Dios en su piso,
Grito no grato dado por su divino impulso.
Solo había que amar al prójimo e hicimos caso omiso…


sábado, 22 de abril de 2017

Mi muerte.

Ando planeando mi muerte.

No planeo mi suicidio,
si no mi muerte.

Aclaro que la vida
solo tiene el sentido
que uno mismo quiera darle.

Yo vivo para morir
y dejar un buen legado.

Si por un instante creen
que morir es algo malo
es que viven con miedo,
si quien teme a la muerte
no vive ni un segundo,
mientras que quien quiere morir
vive plenamente seguro de si mismo.

Si quiero morir es porque es fácil.
Morir lo hace cualquiera,
por alguien, unos pocos.
La pereza viene con vivir
y más cuando lo haces por alguien.
Lo curioso es que da sentido
tanto a la vida como a la muerte.

Y hablando sobre mi entierro,
sobre mi tumba quiero rosas azules,
(Por tocar los huevos y generar gasto)
las coronas las quiero en vida y abdicando,
y mi tumba, donde sea, donde quieran,
lo bueno de estar muerto es que no te quejas.
Eso te hace ser buen amigo.

Planeo mi muerte como el mayor de los eventos.
Tal vez lo haga mientras aferro su mano,
miro sus ojos, y expiro dedicando amor,
puede que sea en una cuneta,
con más alcohol que sangre en las venas
o atropellado por alguien que vaya así.

Lo más seguro es que muera mareado
por eso de que la vida da muchas vueltas.

Antes de morir fingiré mi muerte.
Quiero saber quien llorará el día que eso pase,
Aunque si me muero, ya dará igual,
si en la tumba se está oscuro
y por verse no se ver a donde fue a parar la vida.


Mi trato.

Mi trato consiste en conocerte,
saber más del mundo,
vivir embriagado, (si Dios deja)
y perderme en tu mirada.

Mi trato consiste en soltarme,
escaparme de mis grilletes,
escupir sobre mi propia tumba
mientras bailo con los ángeles.

Mi trato consiste en constituirme,
intoxicarme pronto si puedo,
matarme si logro atreverme
a provocarme un infarto con su cuerpo.

Mi trato consiste en irme,
fugarme en cuanto sea posible,
llevarme conmigo un petate
y dependiendo de su valentía, algo más.

Mi trato consiste en empezar a tratarme,
no como un estúpido, si no tratarme,
si mi diagnóstico está cerca de la alerta roja
como yo de visitar al yayo.

Mi trato consiste en dar mi alma,
recibir nada, polvo si acaso,
salir aun así ganando, junto a un diablo
que me reclama una devolución.

Y cuantas cosas trato de hacer,
cuantos tratos rompo sin mentir.
Seguiré siendo entonces un niño
que trata de apagar la luna a pedradas.

domingo, 19 de marzo de 2017

El auténtico valor de un "te quiero" (reflexión)

Me resulta asombrosa esa capacidad de perder por la boca todo el peso que pertenece a un "te quiero" sin pensar en como puede impactar.
¿Qué implica estas dos breves palabras si no el altruismo que supone el sacrificio? Dar por otra persona hasta la razón por arrancar de sus labios una mueca que amague con sonreír,  o simple y llanamente, dar por que sí. Sin esperar nada.
Será entonces que cuando dos se unen y ambos dicen estas significativas palabras, se juntan en una relación donde el intercambio de acciones supone el pilar maestro que sostiene este enlace dado entre estos. Pero, ¿qué ocurre cuándo solo uno de los dos se presta a cumplir con aquello que se da por hecho, aun sin firmar dichas condiciones en un insignificante papel?
Por un lado, ya no se puede decir que son dos, son uno y otro, donde el primero da más de lo que permite el límite de su empatía, generando un vacío interno propio al ver incoscientemente que tanto buen trato no tiene una recompensa, por mínima que sea. Es un tanto agónico escuchar promesas que nunca se cumplen, las palabras adquieren un sentido vano e inconcluso, sin proyección sincera al futuro que se debe esperar. Eres testigo como el otro se muestra solo en una posición beneficiosa donde se recibe sin necesidad de dar, y lo mas triste de todo, sin la carga en la conciencia que debería ser obvia.
Al lado contrario, está la otra persona, recogiendo los frutos sin necesidad de regar la semilla, sin pagar precio. Solo se limita a decir que ya las pagará. Promesas inútiles que nunca se cumplen.
Se podría decir que es un amor de uno, no de una unidad, pues no es igual cuando uno quiere más que el otro a cuando ambos implican sus actos pensando más allá del egoísmo. Dicho más simple, el único amor útil es aquél que es reciproco, no unilateral.
Son entonces las palabras el auténtico enemigo del amor. Solo las lenguas pueden engañar a una persona con promesas. Las manos son incapaces de mostrarse embusteras.
Será entonces que amar no implica solo sonreír, más bien es estar siempre dispuesto a dar tu bienestar con tal de obtener la felicidad de esa persona amada, aun sabiendo que es probable que sea un acto en vano, pero, solo quien ama de verdad, es capaz de sacarse el corazón del pecho aun siendo conocedor de que las estadísticas están en su contra.
La conclusión de esta breve reflexión no es otra que para poder decir "te quiero" primero hay que estar dispuesto a cualquier cosa. Las palabras son inútiles si los actos no acompañan, de nada sirve decir y que obremos según vemos que la otra persona está apunto de marchar. Las palabras deben ir de la mano de la verdad. De la mano de la empatía que nos hace consciente del dolor ajeno. De la mano del auténtico valor de un "te quiero".

jueves, 16 de marzo de 2017

Sombras malditas.

La luz de las farolas era una lengua lánguida que acariciaba las paredes frías de aquel ruinoso lugar. La luna creciente se ocultaba entre las brumas, dejando solo leves atisbos de los rayos pertenecientes al satélite arañando la oscuridad.
Las paredes mugrosas se deshacían al tacto, gastadas ya por el paso de los años dedicadas al abandono, dando cobijo entre sus breves resquicios a pequeños organismos pertenecientes al mundo de los insectos más repugnantes y dotados en extremidades. El suelo se componía por baldosas rotas, resquicios por donde se asomaban brotes de vegetación que trataban de devolverle a la naturaleza el suelo que le pertenecía por derecho.
Resultaba increíble que aquel ruinoso caserón estuviese abandonado en mitad del pueblo, siendo tan bien localizado entre la plaza y la zona más transitada del casco histórico.
Los tres altos pisos se erigían como un gigante pétreo de ojos rotos, con aquellas alargadas ventanas sin cristal que golpeaban sus puertas contra la fachada cada vez que el viento las empujaba con la fuerza de sus ráfagas. Cuando era niño creía que aquel viejo edificio estaba enfadado por estar solo, que reclamaba la compañía que se le había negado. Tal vez fuera así y no el viento que sopla con ira para desgastar los cuerpos.
La ornamentación de la fachada era algo simple, una aglomeración de piedras cortadas con perfecta geometría encajadas entre sí, más solo dejaban espacio para la puerta, las ventanas y las escasas terrazas que abrían oquedades entre los muros. Aquella puerta enorme era el telón de maciza madera que cubría el escenario de su interior, apagado siempre en la soledad más profunda, mientras que la que fue mi infantil mente trataba de imaginar que podría hallarse tras esas paredes ruinosas.

- ¿Por qué está abandonado eso? - me atreví a preguntar una vez a mi madre mientras señalaba con el dedo.
- ¿Qué te he dicho de señalar? – decía rápida en su estricta educación.
Ocultaba velozmente mi mano tras mi espalda y volvía a preguntar.
- No lo sé hijo, pero seguro que no es un cuento para un pequeño como tú.
Tiraba entonces pronto de mi pequeña mano, mientras yo observaba tras mis espaldas, oyendo los gritos de aquel caserón que prometía grandes misterios a cambio de un poco de compañía para acabar con su tan extensa soledad.

Recordaba también como siendo un adolescente tratamos de colarnos el grupo de amigos que nos juntábamos a jugar en aquellas empedradas calles. Nuestro poco complicado sistema consistía en aprovecharnos del niño más pequeño para que vigilase de que nadie se acercase. Tratábamos de trepar hasta la terraza del primer piso de una de las caras laterales de la casa subidos a los hombros unos de otros. No éramos conscientes de que aprovecharse de aquel pequeño niño con el que tanto solíamos meternos tenía una gran desventaja. Vivía con el miedo en el cuerpo, así que cuando apareció la policía su mayor acto de valor fue salir corriendo en dirección contraria a ellos, llamando bastante la atención.
Estaba a punto de alcanzar la balaustrada cuando una fuerte mano agarró mi pernera del pantalón, cayendo así de culo contra el duro suelo. La mirada seria del policía heló mi sangre, y mientras nos arrastraban hasta casa de nuestros padres, yo me despedía del caserón, prometiendo que algún día lograría visitarlo por dentro.
Nunca logré convencer a mis amigos para tratar de intentarlo de nuevo. El duro escarmiento que nos dieron nuestros padres acabó con nuestra envalentonada bravuconería pueril, con la mala influencia dada por las películas de Indiana Jones junto a nuestros vanos intentos de llamar la atención, aunque, a pesar de ello, dichos castigos solo encendieron aún más mi curiosidad. Mi juvenil cabeza seguía procesando posibles historias donde la maldición siempre estaba presente, ya fuese a través de muertes inoportunas o amores no correspondidos.
A día de hoy, o, mejor dicho, noche, con cerca de la treintena, está vez con permiso del ayuntamiento, atravesé las puertas para conocer aquel lugar que tanta fascinación causaba ante mis ojos. Con la envejecida llave en mis manos, corrí el ya oxidado cerrojo y tras un fuerte empujón que acabó con la resistencia que la puerta prestaba, armado con una linterna, entré dentro. A paso lento, conociendo ya algo de la historia de aquel edificio de mitad del siglo XVII me paseé por su portalón. Perteneciente a unos nobles poco conocidos llamados Rocieros, fueron marcados como malditos junto con el lugar, por una numerosa cantidad de infortunios que acaecieron poco después de su construcción. A lo visto, vivían bien gracias a sus acaudaladas ganancias con ciertos negocios con la corona, teniendo ya el pater familis acordadas las manos de sus dos hijas con casas más grandes, siendo el primer nieto el que heredaría un gran conjunto en suma que lo convertiría en una de las personas más influyente de la España del siglo.
Fue entonces cuando un mal invierno se llevó a la mayor de sus hijas, enferma de pulmonía. La pequeña, una mujercita de dieciséis años, visto que no soportaba la pérdida de su hermana, enloqueció, hasta tal punto de suponer un peligro, no solo para sí misma, si no para sus cercanos. Afirmaba ver a su hermana, la cual le susurraba que debía ser buena hermana y hacerla una visita. A pesar de su locura, nadie se esperaba que un día, desoyendo de los gritos de su madre, apuñalase a su padre repetidas veces para después tratar de acabar con su madre. Se decía que, forcejeando con ella, accidentalmente el puñal acabó en su pecho, expirando su enloquecida alma ante el juicio de Dios. La viuda mujer, sin saber cómo vivir, dedicó los pocos años que le quedaban a la vida del monasterio. Tras estos fatídicos hechos, el gran edificio paso a manos de un primo de aquel pequeño noble, durando tan solo una noche, cayendo borracho por la ventana más alta mientras celebraba la suerte de su herencia. Se rumoraba que el fantasma de la mayor de las hijas aun rondaba entre aquellas paredes y había sido ella quien había empujado a su lejano pariente hacia el abrazo de la muerte. Desde aquel día el caserón fue cerrado a cal y canto, marcado como maldito, sin atreverse nadie a traspasar sus puertas. Hasta ese momento.

Mis pasos se mostraban seguros a pesar de mi nerviosismo, adentrándome más y más por el lugar. Di a un amplio salón donde se colaba la fina luz de la oculta luna y leves toques de las farolas de fuera. No sabía si pisaba piedra o vegetación, una mezcla entre urbe y salvaje mundo. Entre historia y tiempo.
Recreaba mi mente todos los eventos que esas paredes llegaron a atestiguar, situaciones cotidianas que no me parecían tener nada de esa magia negra de la que se condenaba al lugar.
Una parte de mí se sentía decepcionada, pues albergaba la mínima esperanza de que esa maldición fuese cierta. Una maldición ahora muerta por mi curiosidad.
Recorrí todo el caserón, vacío de mobiliario o adorno, solo acompañado de polvo y pequeños roedores que correteaban de un lado para otro con total libertad. No podía evitar sentirme decepcionado, y así salí con malos aires de aquel caserón con cierto enfado, dejando la puerta abierta de par en par. Fue entonces cuando una fuerte ráfaga de aire sopló contra mí. El paso del viento al caserón provocaba un extraño aullido que parecía proclamar libertad.

No pude evitar sonreírme. Aquel antiguo edificio, cuna de mis fantasías más lúgubres, no me había dado nada de lo que esperaba encontrar, mientras que yo, había limpiado la mancha de su condición de maldito, concediéndole la oportunidad de poder descansar en paz.

martes, 14 de marzo de 2017

Impresión.


Cegado por dos soles,
sol es si solen
sus actos torpes
iluminar la vida,
vi dar duras formaciones,
forma acciones
con liquidaciones
sin salida,
sal y date por millones,
mi yo es frustraciones
de injustas pasiones
que mal miran,
mi ranura para rememoraciones
no merecen ovaciones
ni oraciones
dedicadas a mis ideas explosivas.


Trato de ser soberano sobre mí,
sobre miasmas habito,
hábito de monje no me hace
poeta si me visto de escritos,
erizo el cabello si me puedes oír,
desoír no debes lo que digo,
di gozo entre las paces,
pa´ cesar estoy el verso que respiro.
¿Querés pirotecnia
para festejar que no he merecido?
Heme regido por el sin saber
de que hago aquí perdido,
perdí dolencias y esencias
para ser un niño consentido,
Con sentido pensé creer
que pasándola también se gana el partido.

Suplicios bullen al poeta,
Poe también sufrió atoramiento,
ahora miento la verdad,
ver dado que depende del entendimiento,
del ente di mientras tanto
tan tórrido es el romancero,
romance roto en manos del amante,
ama antes de pensar con el cerebro,
celebro por entonces mí no sonrisa contenta,
con tentar se conforman a ofrecer consuelo,
con suelo me halló si callo mi parlante,
pa´ alante me lanzo por volverte nuevo
tenue volante verso que se escapa,
es capa y espada para encerrar en él el universo,
universo mi existencia en un exclamo,
esclavo de los clavos que me encierran al momento.

sábado, 25 de febrero de 2017

Que trato.

En ocasiones trato de ser más mayor de lo que soy
pero tengo poco de osa si solo me constelo al firmamento
cuando el sol se posa tranquilo, primero amaneciendo,
luego elevándose hasta el punto más alto, como corona
de este planeta ahogado entre humo, contaminación y humanos.
Trato de hablar igual que un catedrático de buena aula
aun cuando las cadenas que me atan, irónicamente, mis raíces,
me obligan a cagarme en la puta cada vez que mi meñique
se topa con la esquina de algún mueble de mi habitación.
A su vez, trato de aparentar un positivismo propio
de un mal libro de auto-ayuda, una película de Disney,
de mi perro cuando me ve aparecer por la puerta de mi casa,
a sabiendas que soy una mala caricatura oscura sacada
de una página del cuaderno de bocetos de Tim Burton,
una sombra oscura y prologada de un film de Alfred Hichcock,
o, sin tanto recurso literario, una símil de la realidad.
Trato de no parecerme a mi distorsionado reflejo,
crear mi propio modelo y evitando todo posible canon social,
declinando los malos vicios, que no mi latina lengua,
olvidando que el romance tiene métrica, suelto y consonante,
rimando solo en impares y de versos de arte menor,
recordando entonces que el romance se vive en presente,
que en pasado solo es un futuro poema donde describo
como yo fui bueno y me contradigo al decir que poesía
es mentir diciendo la verdad de forma sigilosa,
por tanto, ya no quiero romances, ni rimando en impares
ni rimando con suerte entre las sábanas de uno de los dos,
prefiero ser para salvar otras farsas intentando amar,
una mejor filosofía o un conocimiento que poseer.
Trato entonces de ser un punto, tal vez de partida, aparte
un inicio que alberga la posibilidad de un gran final.

viernes, 10 de febrero de 2017

Señorita.

Señorita, usted es una mujer malvada.
Con malos aires me provocas
una cálida emoción en el pecho,
un derrame de sensaciones
que catapultan mis sístoles y diástoles
a una imagen en la que deseo habitar.
Pero estás lejos...
porqué, mujer, porqué
te mantienes alejada de mis ojos
si de tanto querer verte
he soñado contigo,
con unas manos cómplices
de una mirada tierna e inocente,
pícara en ciertos instantes,
a pesar de que el frío tenga
su dura mandíbula sobre nosotros,
aunque la noche corone el vértigo
que supone ver tu rostro,
sin más reglas que la asistencia
que dicte las nuevas según jugamos
a conocer al otro con ahínco sobre sus tildes.

Señorita, usted es una mujer maravillosa.
De pronto resucitas el instinto
que mueve mi mano a escribir,
y que escribo si no aquello que eres,
pero que no eres si pareces todo,
desde un ángel hasta un diablo,
desde una princesa hasta una mujer sencilla,
aunque es así como te quiero,
como un angelical tacto
que tienta a que devore sin hambre,
tratarla como noble ser elevado al entendimiento
a pesar de ser solo simplemente maravillosa.
Meces entonces mi pensamiento,
una nana leve que roza mi alma,
y, ah, admito que me estremece,
a pesar de que trato de ser duro
cuando se muestra vulnerable.
Que mal acto sería aprovecharse de su estado,
que mal acto sería que ella se aproveche del mío,
será entonces cuando sellemos el pacto,
ambos seremos malos,
cuando nuestro corazón lo torna en otro sentido.


jueves, 2 de febrero de 2017

Diablo viejo.

Diablo viejo,
no esperes de mi que caiga
si ofreces solo algo tentador
en vez de la tentación
que me hace albergar vida.
No esperes más que silencio
si tus ojos son de diablo,
que no diabólicos,
si tu sonrisa pertenece al infierno
y no me manda al infierno
si no la veo, oh Dios, si no la veo...
Tus palabras pueden evocar
pero no invocar al latido rápido,
pueden ser misteriosas,
que no el misterio de mi esencia,
pertenecer a la boca que besa
y arranca el alma,
no la que besa por regalo
y la ofreces arrancar un pedazo de tu cielo
para tendérselo en sus manos.
Podrás ser diablo viejo,
podrás incitarme con el oro,
podrás dar a cambio el reino,
pero de nada me sirven las monedas
si no compran las tierras
en las que quiero vivir para enterrarme.
Así pues, no esperes más que a jubilarte,
que conmigo no hay negocio,
conmigo no hay oficio,
solo hallarás silencio
junto a mis ojos perdidos,
a la espera, como tú,
de un alma que llevarme al pecho
y un trato que me parezca justo.

martes, 24 de enero de 2017

A quien sigo sin conocer.

Me aferro a tu ausencia
para llenar el hueco
de unos ojos que no miran,
de lo poco que queda cuando los labios,
cortados por el frío,
deciden guardar silencio,
y en la distancia
te ves más mujer de lo que ya eres,
si eres el diablo que no viene por mí.

Lamento no verte
por culpa de mi insegura parte,
tal vez sonría las penas
fingiendo que nunca me fijé en ti,
prohibiendo al latido
contemplarte,
aunque sea por un instante,
si tú tienes la gracia
y yo un mal chiste por vida.

A la cara soy honesto,
ante la tuya, puede que, un niño tímido,
solo se que mis dedos serían aire
y marcharían con la brisa,
alejándose, por poniente,
de la idea de observar
el mismo horizonte,
si tus ojos son esperanza
y los míos la penumbra con fe.

No acepto mis temores
pero menos aun estarme quieto,
aunque el diablo se esconda tras esos ojos
y la tentación tenga las manos abiertas,
aunque seas solo una ilusión
creada por los pájaros de un iluso,
Aunque pueda morir en el olvido,
me da lo mismo,
porque así soy yo.

Aun no se a quien te pareces.
En mi cabeza eres igual a la noche,
intrigante y fantástica
coronada por cientos de estrellas,
y no, no te conozco,
solo eres una extraña
que produce en mi la curiosa sensación
de que nos conocemos
y no.

lunes, 23 de enero de 2017

La última nota del burdel.

Sus manos desfilaban delicadamente por el marfil de cada tecla, liberando una bella armonía desde el interior de aquel maltratado piano. Cada nota desfilaba seguida de otra, guardando la distancia justa en el tiempo, un ritmo marcado por sus ya más que entrenados dedos, descolgándose por la partitura con total soltura, dejando escapar una de las mejores obras compuestas de Verdi. No requería de la mayor de las concentraciones para tocar, por lo que se permitía el lujo de mirar a su alrededor. El lugar estaba iluminado por tan solo unos cuantos candelabros y los rayos de luna que lograban colarse por los pequeños resquicios de las persianas bajadas, una barra de bar se localizaba al fondo donde un camarero de aspecto serio y cómico bigote servía aquellos licores que el tomaba por mata-ratas y demás venenos. Los hombres que se apoyaban en la barra no podían ser descritos precisamente con delicadas palabras. Vestían ropas harapientas, roídas y desgastadas, sus rostros sucios mostraban una dentadura de lo más torcida cada vez que se carcajeaban por cualquier vulgaridad. Si sus esposas supieran que parte de sus pequeños jornales se iban en vicios tan mundanos como emborracharse y romper con los santos votos más de uno se daría por muerto. Al otro lado de amplio salón se encontraba una pequeña parte reservada, limitada por una lujosa barandilla de madera donde se abría paso a otro mundo lejano, solo accesible para el bolsillo más pudiente. En esa zona, sentados sobre unos caros sillones, se encontraban hombres que, para el ojo distraído, los confundiría con los de la barra. Vestían igual que ellos, para disimular su estatus, con prendas ajadas que parecían más mortaja que vestimenta para vivos, pero su porte, magno y señorial, les delataba. Sobre la mesa reposaban los whiskys importados más caros que había sido posible traer de Escocia, y las mujeres que los acompañaban eran mucho más bellas que aquellas que andaban correteando por el salón agarradas de la mano por algún lascivo hombre de alzado lívido. Entre la zona burgués y la del proletariado, se encontraban las escaleras que daban al segundo piso, el paraíso del lujurioso hombre que podía desfogar sus pasiones internas, desahogar todas sus penas y descansar sobre un mullido colchón de paja. Todo a cambio de unas monedas, claro está.
Fue entonces cuando la vio bajando por dichas escaleras. La linda Isabella, enfundada en un ajustado vestido que entonaba sutilmente alguna de sus mejores partes de su femenina anatomía, abriendo el apetito de cualquiera que no dudara de su propia virilidad. Pero no era solo aquel cuerpo sinuoso el encanto de aquella mujer. Su pelo oscuro era una cascada lisa y fina que contrastaban con sus claros ojos verdes, dos faros únicos que, hasta él, que se consideraba un hombre frío, no pudo evitar confesarse ante las preguntas que sus delicados labios pronunciaban.
Bajó el resto de los peldaños y se acercó hasta el destartalado instrumento.

-Parece que ni los cazurros de la fábrica ni los supuestos sibaritas de buena casa sabe apreciar tu arte, Víctor.
-La gente tiende más amar al artista que al arte, sobre todo si decir que no conoces al afamado supone quedar como ignorante.
-Es una buena reflexión.
-¿Qué es lo que quieres, preciosa?
-¿Acaso tendría que querer algo a cambio?- preguntó algo indignada.
-Te recuerdo que vendes tu amor a cualquiera que pueda permitírselo.
-Vale, eso ha dolido.

El pianista comenzó entonces a refrenar la música, levemente, diluyéndola en el ruido de fondo provocado por el jolgorio de los jornaleros recién pagados. Tomó un trago de la cerveza que reposaba sobre la mesa que había al lado del piano y se concedió un descanso.

-Aun no me has dicho que quieres, cariño.
-Tampoco tú me has pedido disculpas.
-¿Por decir que oficias de puta o por permitir que lo hagas?
-Por lo primero. Lo segundo no es tu culpa.
-¿Qué quieres?- insistió.

Dejó Isabella escapar un ligero suspiro y sonrió. Tumbó su torso un poco más sobre el piano, mostrando un poco más sus atributos, elevados por la posición en la cual se encontraba.

-¿Me podrías hacer un pequeño favor?

Su tono se mostraba sensual, sus labios se redondeaban acentuándolos aun más si era posible, con un reflejo candente en su mirada. Víctor volvió a tomar la cerveza y pegó un largo trago que apuró más de media jarra. Río con una fuerte carcajada tras ello.

-¿Acaso me tomas por un vulgar cliente de poca monta?
-Se te nota la polla erecta, Victor.

Este volvió a reír.

-Ella va por libre. A diferencia del resto, yo pienso con el seso, no con mi sexo.

Isabella volvió a suspirar resignada. Se sentó a su lado y le miró fijamente. Sus ojos brillaban en la escasa luz que salpicaba el lugar, Una parte de ellos mostraban un hueco por el que se podía ver su interior. Vio a una mujer inocente condenada a un mundo que no era el suyo, pero sobre todo, vio nuevamente el motivo por el cual la amaba. Apartó la vista sonrojado, como si de un adolescente se tratase.

-Dilo de una vez.
-Te necesito para salvar a alguien.
-A ver por donde viene la sorpresa.
-¿Has visto al nuevo fichaje del jefe?

La recordaba claramente. Lo primero que recordaba es que era todo un primor. Sus ojos azules eran todo un cielo bañado por el bruñido sol de su dorado pelo. Su cara mostraba rasgos infantiles, tímidos gestos que trataban de ocultar su vergüenza. Lo segundo que pensó es que el mundo debía arder para que una niña de quince años acabase así. Por lo visto su padre, endeudado con el dueño del burdel, ofreció a su hija, la cual tenía un cuerpo maduro que contrastaba con su cara. Una ganga para el proxeneta.

-¿Qué ocurre con la niña?
-Se llama Cristina.
-Vaya, parece que soy padre adoptivo y no lo sabía. ¿Qué pasa con nuestra querida hija?
-Déjate de sarcasmos Víctor, solo quiero saber si me ayudarás.

El pianista tomó la nueva cerveza que sigilosamente le había acercado el camarero, y se la aproximó a los labios.

-Su primer cliente es François.

Víctor se atragantó. Aquel maldito hombre se creía que su alta alcurnia le permitía tratar al resto como meros insectos. Rozaría los sesenta años, sus ojos oscuros delataban su maldad y su enorme tripa reflejaba que el hambre solo era cosa de pobres. Era bien conocido en el burdel por sus extraños fetiches. Normalmente las altas propinas que dejaba acababan destinadas a los médicos de las prostitutas que habían estado a su cargo. Un ojo morado era lo mínimo que una mujer se acababa llevando con él, aparte de sufrir un alto nivel de vejaciones. La pobre Cristina, la muñeca de ojos puros e inocentes iba a conocer el mundo de los adultos de una forma demasiado chocante. Todos sabían que más que un servicio eso iba a ser una violación, dejando por resultado una muñeca rota.

-¿Qué tenías pensado?
-Siempre te quejas que cuando el viene te toca hacer la excepción de servirle las copas, ¿no?
-Afirma que debe ser una putada para mí, un hombre de arte rebajándose a servirle copas a él, alguien que se limpia el culo con los libretos de mis maestros según dice.
-Pues es ahí donde tú entras.
-¿Acaso quieres que le envenene la copa? Creo que con darle cervezas como está al menos el paladar se lo matas.
-Con que le drogues me vale, querido.

Le tendió entonces un pequeño bote con un transparente líquido. Se veía algo viscoso dentro del pequeño contenedor.

-Con esto solo la salvarás por hoy.
-Tengo un plan.
-¿Me lo contarás acaso?
-Cuanto menos sepas mejor.
-¿Vas a quebrantar tus sagrados votos y mentirme?

Isabella le miró con ternura, acariciándole el rostro con delicadeza. Aquella mirada habría conquistado Troya, esclavizado a Héctor en vez de matarlo y robado el protagonismo de la mismísima Helena.

-Me temo, amor, que desde el día que acabamos aquí no hubo cabida para votos.
-¿Porqué lo haces?

Ella se mordió el labio, como si desconociese de la respuesta.

-Creo que es porque me recuerda a la hija que pudimos tener.
-Nunca hubiera podido tener una hija tan bonita, al menos si yo fuese el padre biológico.

Isabella río enseñado su blanca sonrisa. Agarró entonces sus carrillos con una mano y le regaló un fugaz beso.

-Esa niña parece una obra de arte. Tú eres un artista. Solo tú y unos pocos más podríais componer una obra tan bella. Recuerda como es. No solo es linda, si no que tiene unas cualidades propias de una mujer santa, una que no desea el mal, que solo quiere la felicidad del resto. Es lo contraria a su propia naturaleza de mujer.
-Te recuerdo yo a ti que el artista que la hizo la ha vendido.
-Dudo que ese hijo de puta sea el auténtico padre.
-No porque tú lo dudes va a dejar de serlo.
-¿Me ayudarás o no?

Víctor miró sus manos. Estaban ya gastadas, deshechas por tocar durante todas las noches en aquel burdel por cuatro cochinas monedas mientras que por el día escribía folletines para una editorial que más que tenerle bajo nómina le tenían bajo el yugo de la esclavitud. Miró su traje, una pieza gris de tercera mano que le quedaba dos tallas grandes. Su fijó en el lugar donde debía estar su pierna, olvidada en el campo de batalla de una guerra que no era suya. Contempló a su esposa, rebajada a oficiar de meretriz, aquella mujer que rechazó su propio apellido, la llave que le abría todo un abanico de posibilidades solo por estar con él. Meditó por un momento. Había tocado fondo tantas veces como aquel piano, y ya eran dos años atrapado frente al torturado instrumento. Sonrió y comenzó a tocar.

-Hagamos un trato.

Isabella puso los ojos en blanco.

-Sorpresas aun me guarda Dios.
-Yo te ayudo con dos condiciones. La primera es que me cuentes lo que vas a hacer con la pobre Catalina.
-Cristina.- corrigió Isabella.
-Eso. La segunda es que me ayudes tu con mi plan.

Su esposa le miró intrigada.

-¿Qué plan?
-François siempre lleva con él una bolsa repleta de monedas, aquellas que van destinadas a pagar sus caros licores, sus extraños fetiches y sus irónicas grandes propinas.
-¿Quieres que se la robemos?
-Si lo juntamos con aquello que hemos ido ahorrando durante estos dos años nos dará para escapar de aquí, y no solo eso, le podremos dejar algo a la pobre niña para salir a delante. ¿Qué te parece?

Sin responder a su pregunta le dio un apasionado beso.

-Tras que François quede inconsciente llevaremos a Cristina con uno de mis clientes habituales. El pobre está enamorado de mí y hará todo cuanto le pida. Ya hemos acordado que la tomará como sirvienta en su mesón. Se ha comprometido a darla una buena educación y ha brindarla un futuro. Será un putero, pero tiene gran corazón.

Víctor reflexionó el plan de su esposa. Se contempló en el espejo que había tras la barra. Su aspecto torturado le brindaba unas amplias ojeras, una barba descuidada y un aura oscura, propia de las personas carentes de esperanza,

-Finge estar indispuesta. Invéntate que tienes la regla o algo. Ve a casa y prepara el equipaje. Compraremos algo por el camino. Esta noche abandonaremos Marsella.
-¿A dónde iremos?
-A la única persona a la que tengo que pedir perdón. Iremos con mi hermano a España. Trabaja en el sur como labriego.

Isabella se levantó y salió corriendo. Paró de golpe y se volteó.

-¿Está bien que hagamos esto?
-¿Está bien que Dios dejara que la vida nos hiciese esto?

Su mujer le sonrío. Le encantaba como en ocasiones respondía con tal retórica. Volvió a girarse y desapareció tras la puerta.
Víctor miró al reloj. Quedaban cinco minutos para la llegada de su no tan inocente víctima, aun le daba tiempo a tocar otra pieza mas. La euforia invadía lentamente su cuerpo, recorriendo incluso esa desaparecida pierna derecha. Sonrió con malicia mientras se acomodaba sobre su asiento.

-Adiós Francia, hogar de malditos bohemios como yo, hoy te dejo, por mí, por la salud que me quitaste. Pero no me iré sin antes darte las gracias por enseñarme a vivir pase lo que pase. Aquí te dejo la última canción que estas manos tocarán sobre este piano del cual me desencadeno. Será lo último que este prostíbulo de poca monta escuche de mí. La última nota se la dedico al burdel.

domingo, 8 de enero de 2017

Para vos.

A mi concédeme
un instante,
una niña y un niño
de ojos verdes,
una aventura posiblemente
imposible,
compartamos una casa
en un lugar deshabitado,
unos besos como grajeas,
de mil sabores,
ya sean amargas, dulces,
o de final feliz.

Y yo no quiero contenerte
yo me alegro con tenerte,
ser feliz si te oigo,
te miro y me miras
sin pedir explicaciones,
me conformo con mucho
si me das un poco ya de ti,
empeñado en perder
si solo gano sueños
y no estás,
¿Dónde está mi princesa
si este sapo aun ruega
por ser un príncipe?

Cada uno en su camino
compartiendo pasos
con la mano pensando en tener
el mismo horizonte
y el mismo aire,
quizás me prendas
como las vestales,
quizás me ves tal es
esa realidad
que te dibujó tan bien
y a mi me garabateó
pensando que era de todo
menos para ti.

Dime cuando y donde,
nunca me preguntes porqué
porque ni yo lo se,
solo se que sabes bien
cuando esconderte
y no mirarme.
Con mirarme ya me moriré...
Será que sonrío al mirarte
que no soy almirante
de este barco
que naufraga
por última vez.

A tu mirada verde
le pregunto que logra
ver de mí,
si mi corazón
solo trata
de conocer el tanto
que me asalta
y me hace perder
este último asalto
de dudas e incógnitas,
donde nada lo cura
y causa mi locura sin gracia.

Que yo en amor no miento
más si no hay enamoramiento,
solo hay amor vivo
pues solo vivo por el amor de Dios
que consintió
mi existencia mísera,
y yo solo me pregunto
que de mi será,
más solo quedará
lo que dará
tu voluntad para mi vera,
nuestra primavera
fue efímera,
mejor aprovechémosla.




miércoles, 4 de enero de 2017

Tengo tantos sueños.

Tengo tantos sueños
que es normal que no duerma,
que duerma sin soñar,
que sueñe despierto
con el futuro, triunfos,
aventuras, con verla.

Tengo tantos sueños
que sufro pesadillas
oscuras y tenebrosas,
donde la soledad no inspira,
abarca cada rincón
y se refleja en sus ojos.

Tengo tantos sueños
que ya no distingo
la ficción de la poesía,
ambiciono vivir en el mundo
pero cómo lo hago
si habito en el mío propio.

Tengo tantos sueños
que aun no ha despertado
esa parte mía que comprenda
porque se miente o se mata
si en mis sueños el bien global
supone el beneficio de uno mismo.

Tengo tantos sueños
que cumplirlos todos es imposible:
Escritor y poeta de renombre,
maestro de jóvenes prometedores,
esposo de los ojos más hermosos
y/o padre de ellos.

Tengo tantos sueños
que creo que me compongo de ellos,
mis manos son lúcidos deseos,
mis pies despiertan sin recordar,
mi corazón el latido profundo
y mi boca siempre permanece húmeda.

Tengo tantos sueños
porque tengo tantos sentimientos,
por los que muero pronto,
por los que logro vivir,
los sueños, su peso ha ahogado
a mi libertad.