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viernes, 18 de noviembre de 2016

No solo duelen los golpes. (Opinión)

Ayer, jueves 17 de noviembre de 2016, presencié el monólogo de Pamela Palenciano gracias a la UCM.
Lo que trato de reflejar aquí va a ser mis sensaciones a lo largo del monólogo, sin dar avances de sus palabras para aquellos que no lo han visto, a los que invito a que lo vean (aquí dejo el enlace:  https://www.youtube.com/watch?v=18BTVDC1FRc ) y reflexionen sobre esa cruda realidad. En ningún momento voy hacer “Spoiler”, por tanto, si no has visto la obra sentirás que te falta información para entender mis palabras, pero, aun así, el mensaje será claro.

Mi sensación antes de entrar es que iba a ser una mala crítica desde el punto de vista de una “feminazi”, es decir, una mujer hembrista, de esas que a cada paso que dan consideran que demuestras ser un misógino, donde creía que iba a reírme de lo radical que podría sonar. Resultó ser todo lo contrario.
Desde el minuto uno del monólogo logró captar la atención de todo el público (compuesto por hombres y mujeres a partes iguales), con un principio bastante cómico que no dejaba de reflejar una dura realidad, donde por culpa de una cultura patriarcal arraigada los hombres tienen prohibido llorar y las mujeres alejarse de unas “normas de comportamiento” impuestas por la sociedad.
Pamela consiguió con facilidad su objetivo: incomodarnos. Desde mi punto de vista masculino llegué a plantearme en algún momento que podría estar exagerando, pero al contemplar como gran parte del público femenino vertía más de una lágrima al sentirse identificada con sus palabras, abrí los ojos. Aquella mujer que estaba subida en el escenario tenía razón, no solo los golpes duelen, pues sufrí en más de una ocasión una conmoción al verme reflejado en alguna de esas acciones masculinas, incluso en las de maltrato que ella hablaba, para ser más exactos con lo que ella denominaba “el silencio mortal”. Matizaré que habla de maltratos en el que ambos géneros, consideran que es algo normal, ningún tipo de agresión física. Comprendí entonces que no solo se maltrata golpeando, que las palabras dejan heridas invisibles y que no suelen cerrar por completo.
Estando en esa tensión en la que llegaba a sentirme culpable cuando reía por alguna de las partes cómicas, fue la misma Pamela, al decir que este comportamiento no era totalmente por nuestra culpa, que yo pude aflojar mi conciencia, que se debía a la educación recibida y al reflejo de la sociedad, donde el hombre siempre se ha situado por encima de la mujer, pero que estaba en nuestras manos evitar ser así y que nuestra futura descendencia elija el camino de la igualdad. Vi entonces como podía liberar esa carga mental, y no era otra que en mi día a día.
En más de un momento llegué a notarme incómodo, y no porque yo hubiera llevado acabo dicho maltrato, sino de haber sido testigo y no haber actuado ante dicho castigo verbal. La tirantez que me aferraba se liberó por completo al ver que me acercaba más al modelo de lo que unos podrán llamar una pareja ideal, pero yo prefiero llamar, y estoy seguro que la autora de dicho monólogo estará de acuerdo conmigo, simple y llanamente, pareja, pues aquello que cita con anterioridad carece de nombre.
Me resulta impensable comportarme como la persona que más aparece en sus palabras. Agradecí mucho haber recibido una buena educación donde se me enseñó a tratar al resto como quiero que me traten a mí, independientemente de religión, raza o en este caso, género. Ahí me plantee yo el dilema. Todo era una cuestión de educación. ¿Por qué no se llevan a cabo más campañas de concienciación en institutos que en campañas políticas? Y con concienciación no solo me refiero a la violencia machista existente en nuestros días, sino de cualquier tipo, pues si las comparamos con las políticas, solo sirven para promover la imagen de una persona incapaz de hacer nada ante estas injusticias y desigualdades sociales.  ¿No dijo Pitágoras “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”? Planteemos este hecho para todo.

Al final del monólogo, me acerqué a Pamela, y la expresé cuanto me había gustado y mi sorpresa al oír que era tachada de radical, pues todo aquello que refleja en su obra está a la orden del día. Será que duele la verdad, que no nos gustan los cambios, pero por suerte o por desgracia, es necesario evolucionar.

Y si habéis leído esto hasta el final y has visto la obra que es objeto de mis comentarios, estoy seguro, que es muy posible que me deis la razón.


Aquí os dejo su página de FB por si queréis seguirla; https://www.facebook.com/nosoloduelenlosgolpes/?fref=ts