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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Cruel naturaleza.

Fue su amor testigo de una muerte terrible,
La del hombre que no siente, siente que no es hombre
Si su corazón se marchita según se apaga su lumbre.
Que gemido al verse perdido en la nada sombría,
Al encontrarse sobrio de demencia en su cordura,
Con voz asustada, mostró su horror a semejante calma
Diciendo – vida mía, ¿Por qué me niegas tu ayuda? –
Llorando en un triste ruego que no alcanzaba oído
Si en su mirada hay arrepentimiento y desprecio.
Menudo ruido hace en su conciencia el silencio,
Una ruina que le golpea su estado y lo deja aún más mohíno,
Y ella, satisfecha por fin, de ser verdugo de su verdugo
Abandona a quien mató a su felicidad, al embustero
Que prometió amarla como nadie lo hiciera, el embustero
Que engañó a sus sentimientos dejando sus labios mudos
Y sus ojos, cansados de ver su cruel trato permanecieron ciegos
Esperando alguna respuesta en dicho destino oscuro.
Y a tientas busca guardar luto a ese testigo de su tortura que llamó amor,
Y a tientas busca perdonar a ese enemigo al que en locura llamó amor,
Y a tientas busca recordar a ese olvido que sirve de ayuda para decirle adiós,
A Dios por favor ruega resucitar su latido y cura para su rencor.
Ese hombre sigue llorando, mustio y en soledad
Con los ojos apagados encendiendo su lívido en burdeles,
Vaciando su vacío en largos regueros de testosterona y semen,
Depresivo porque no le hacen el amor igual.
- ¡Era mía! – chilla condenado a una inocente botella,
Rabioso la llama al teléfono, pero solo hay pitido y no contesta,
Desesperado rompe su roída alma al deseo de verla
Para no verla en un futuro dentro del abrazo de caricias ajenas.
Enajenado con el sordo sonido de su llanto clamando sus penas
Agarra un cuchillo de acero fino de mellada madera.
-Tú que has sido causa de mi felicidad y ahora mi dolor,
Tú que eres incapaz de perdonar un mero error,
A ti, a quien lloro como perdida amada de mi vida
Cuando eres en realidad mi amada vida perdida,
El tentado fruto de mi anhelo en este deseo de muerte
Dio manzanas de la semilla que yo sembré en jardín ajeno
Y lanzó la discordia en nuestro suculento banquete,
Siendo tú la más bella, olvídate de Elena
Si es a ti con la que con todo mi corazón quiero,
¿es qué acaso ya no me quieres?
¿no ves como añoro el relente de tu piel nocturna y buena?
¿Cómo muestro mi arrepentimiento sin cese?
Si a mi pesar esta es la única solución que yo encuentro. –
Caminó con paso mezquino, doblegado a su estúpida manía
De tomar a alguien libre por presa susurrando - es mía. –
Más suya era la condena de vivir sin ella
Cuando podía probar otros besos, otros brazos,
Impensable para un obseso que se lacera
Sin pensar ni por un momento
que por sus mentiras pudo haber recibido ya peor daño.
Ansiaba agazapado frente su umbral consumar
Su perpetrado último crimen, el tercero para ser exactos,
El primero cuando cayó en ajenas manos en traición,
El segundo mirando a sus ojos negando su atroz acción,
Y el último clavando su cuchillo en sus entrañas
Mientras de nuevo se enamoraba de sus ojos grises,
Coloreando sus manos con la sangre de la mujer que amaba
 ¿Por qué la culpa aun lo persigue?
Y fue matarla su suicidio, quitarse de en medio sin darse cuenta,
Con las yemas manchadas por la culpa, tumbado sobre la acera
Aferrado a su palma, desangrándose, como un asesino que se creyó poeta.