Follow by Email

martes, 1 de noviembre de 2016

A quien no conozco.

A tus ojos les digo:
verdor de calma,
calmada alma, perdón,
por observar tal esperanza,
una alabanza que no entiendo,
y si entiendo es verdor nostálgico,
si mirarte es volver a ser niño
soñando fantasías
donde la magia se brinda en tus manos.

A tu sonrisa le digo:
perpetua perdura por favor,
si encontrarse tu sonrisa es
olvidar la vida,
la presión que aprieta al pecho,
y mejor si la veo, mejor,
tierno calor sobre el latido
provoca el escalofrío
que abrasa a mi inspiración.

Porque digo aquello que callo
y callo cuando no debo,
si me doblego
ante tu libertadora esperanza,
unos ojos dulces, verde caramelo,
que me apresa a la concesión
de un libre papel.

Porque digo tal vez demasiado
sabiendo que de poco sirve 
si la felicidad no invade tu cuerpo,
la luz blanca que resuelva el silencio,
aunque diga que eres linda
sabiendo que de poco sirve
si no te hago sentirlo.

A ti, que no te conozco,
de la que solo se lo que me imagino,
ojala seas como creo
si creo que así serás feliz,
aunque no haya hombres buenos
ni buenos en general,
aunque cielo y tierra quieran conspirar 
en contra de tus ojos
y su bonito verdor,
aunque tu sonrisa aveces se tuerza
en una mala mueca irreparable,
aunque todo o nada pase,
de corazón, a ti, desconocida, te digo:
ojala seas feliz.