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domingo, 23 de octubre de 2016

Ojos negros.

Yo que nunca he sido dado
a ver belleza en los ojos oscuros
y ni mucho menos a quererlos,
deseé aun así su tan bonita mirada,
a considerarla necesaria en mi rutina
como una cama ante la somnolencia
o un café para la tarde pesada de un mal día.
Dan ganas de sugerirla un encuentro
y repetirlo hasta morir,
morir para más tarde encontrarnos,
encontrarnos para vivir de nuevo
y repetir lo más pronto posible este ciclo:
Yo mirándola, ella mirándome,
pensar ambos en lo que puede
estar pensando el otro,
volver a escribir este poema
donde comprendo que los ojos
no son bellos solo por su forma,
más bien bellos por su forma de mirar.
Y es una mezcla curiosa ella
pues se compone por divina presencia
y por su cotidiana preciosidad,
la diosa a la que rezo
y la mujer a la que me gustaría amar.
Ahora, jodido por las circunstancias
que apresan a este presente,
con su corazón cerrado al amor,
al mío incluido, culpando a mi latido
tan abierto a enamorarse,
me conformo con imaginar
que su sonrisa me pertenece,
aunque solo sea por un rato,
ahogando a mis pasiones,
conversando con sus labios
en lenguaje de caricias,
entendiendo que el límite del universo
llega con nosotros. Con ella y yo.
Pero siendo realistas,
no son sus ojos míos, como tampoco
lo es esa impresionante sonrisa,
esa personalidad tan fuerte
y esa consideración por los suyos.
Solo puedo vivir, como el resto
de personas que la ven
a suspiro de "ojalá a mi."


miércoles, 19 de octubre de 2016

Capítulo 26: Dos cabezas. (Por los míos mi fe)

Lanzaba la pelota hasta tal punto que prácticamente rozaba el techo. Su movimiento ya era mecánico, tumbado sobre la cama, estiraba codo y muñeca y dejaba la bola libre en el aire, alzándose sin mayor preocupación que la de caer de nuevo. Para no romper con su hábito, su cabeza era un bullicio de ideas que colapsaban en su juvenil mente. Reconocía haber actuado precipitadamente, pero también se excusaba con la tensión del momento. Una parte de él se relamía del golpe propinado. Recordaba como apretó su puño tan fuerte como era capaz, como cargó su brazo hasta el punto de sentir todos sus músculos en el límite, la cara de Andrés percatándose del inesperado golpe, de la poca sangre que salpicó y moteó sus nudillos. Todos le miraron sorprendidos, y era obvio, todos conocían esa faceta tan pacífica de Damián que le caracterizaba. Lo siguiente que recordaba fue ver a su hermana llevándose las manos a la cara al enterarse, los reproches de Andrea sobre su oído y la mirada acusadora de Castillo.
Se había dado cuenta de que no fue el acto más apropiado, sobre todo cuando Ramón estaba tendido en el suelo, gritando del dolor por aquel hombro fuera de su posición natural.
Dejó de lanzar la pelota. Recordó como alguien gritó que si no fuera por la urgencia del momento todos se hubiesen lanzado contra él. Apretó los dientes con rabia. Que fueran, sabía que podría actuar otra vez de la misma forma. Jamás se le olvidaría esa sensación tan animal que recorrió su espina dorsal al contemplar a Andrés mirándole desde el suelo. Comenzó a imaginarse que pasaría si le anduvieran buscando para vengarse. Escenificó como golpearía al primero igual de fuerte de como lo hizo con Andrés y correría hasta que fueran de uno en uno, dándose la vuelta solo para noquear a otro más. La inexperiencia dominaba su cerebro, centrado en dejar su macilenta anatomía intacta de los enfadados jóvenes que imaginaba que le perseguían.
El timbre le despertó de sus ensoñaciones. Un sudor frío recorrió todo su cuerpo. ¿No serían capaces de ir a buscarle a su propia casa? Estaba solo, podían haberlo sabido de alguna forma. Volvió a sonar el timbre impaciente. ¿Debía contestar? Inseguro, se levantó de la cómoda cama, dirigiéndose hasta el telefónillo con paso temeroso. Descolgó el auricular y permaneció unos segundos en silencio, tratando de oír al grupo que podría haber ido a su encuentro.

 -¿Quién es?-alcanzó a decir.

-Soy yo, Dami, ¿puedo subir a verte?

La voz de Elena le devolvió la sangre a su empalidecido rostro, Calculó mentalmente cuanto iban a tardar en volver cada integrante de la familia. Tardaría al menos una hora y media su madre ocupada en unos recados con su abuela, su hermana, la cual no le dirigía la palabra, había quedado con unas amigas y su padre andaba trabajando.

-Sube.

Apretó el botón que abría la puerta del portal y descorrió el cerrojo de su casa. No recordaba haber quedado con ella, así que le pillo todo por sorpresa. Corrió a su habitación a ponerse una camiseta y guardar un poco de orden en su caótico hábitat de adolescente salvaje. Escuchó entrar a Elena entrar en su casa y dirigirse hacia su habitación. Dentro de lo que cabía era un lugar respetable, sin tener muchas cosas fueras de lugar y sin estar hasta el extremo personalizado.

-¿Se puede?- dijo mirándole desde el marco de la puerta.

Sus ojos relucían con esa inocencia tan propia de la muchacha, transmitiendo calma con el bello azul de sus iris. Se acercó hasta Damián y le regaló un beso en los labios.

-¿Y está sorpresa?

Elena le miró con una expresión serena y una leve sonrisa. Volvió a besarle con suavidad.

-Quería saber como estabas tras lo que ha pasado.

Damián se congeló. En ningún momento tuvo en cuenta a Elena en todo ese asunto. ¿Y si se encontraban cuando estaba con ella dando un paseo? La rabia y la impotencia se adueño de todos sus pensamientos. Debería haber previsto esa posibilidad, no podía pasarla nada malo. Su expresión comenzó a reflejar todas las emociones que se agolpaban en su pecho. Elena lo miró preocupada, acariciando con suavidad su cara. Aquella mano lo devolvió a la realidad.

-Tranquilo. No pasa nada.

No comprendía como lo hacía pero siempre lograba acallar a sus demonios. Siempre existirá una persona en nuestras vidas capaz de ver el estado de nuestro espíritu y calmarlo con delicadas palabras.
En la siguiente media hora, Damián le contó todo lo que pasó a Elena y sus preocupaciones. No solo había golpeado a Andrés, se ganó la enemistad de unos chavales que resultaban ser bastante amigables, pero lo doloroso de todo era el enfado de Castillo y Silvia, sintiendo en lo más profundo de su corazón que les decepcionó.

-¿Les has pedido perdón?

-Ni tan siquiera me escuchan.

-Entonces déjalo por escrito.

Esa era una de las pocas facetas que odiaba de Elena. Todo tenía fácil solución bajo su punto de vista, y más cuando hablaba de problemas que no conocía.

-A ver, se que la he liado. Es normal que esos chavales quieran partirme la cara, incluso lo más normal que veo es que Andrés lo haga, está en su derecho. Lo que me cabrea es que por más que lo intento esos dos cabezones se centran solo en culparme a mi sin tan si quiera escucharme.

Elena se mordía los labios mientras le escuchaba. Por como le miraba parecía comprender ambas posturas.

-Dilo ya, anda, que lo estás deseando.

-A ver...-dijo dubitativa.-Es verdad que ellos ya te avisaron que no hicieras nada por el estilo. Además que ellos se esperaban solo malos comentarios, no un hostión en la cara.

-¡Me puse nervioso a ver a Ramón tirado en el suelo!-gritó.

Se echó hacia atrás, sorprendida por la respuesta de Damián, algo intimidada por su inesperada reacción. Últimamente reaccionaba súbitamente ante sus problemas, y si, se le culpaba un poco por no saber reaccionar adecuadamente. Nadie comprendía que nunca fue envuelto en situaciones como las que estaban viviendo recientemente. Nunca tuvo problemas con sus amigos, ni con chicas, tampoco vio que su hermana tuviera intereses en el otro género. Nadie parecía entender que estaba sufriendo la vida que nunca tuvo cuando apenas le quedaba tiempo para disfrutarla. Era todo impotencia. Miró la cara sorprendida de Elena y se percató de todo ello. Sonrió.

-Creo que tengo una idea.






Resto de mi novela en mi otro blog.- http://porlosmiosmife.blogspot.com.es/2016/10/capitulo-26-dos-cabezas.html

martes, 18 de octubre de 2016

Un pobre diablo.

Deambulaba dando bandazos, con pasos arrítmicos, centrado en mantener un equilibrio errático, intentando seguir avanzando por aquellas angostas calles. Hasta yo notaba el olor a whisky mezclado con vómito, así que debía apestar bastante. Las primeras luces del alba comenzaban a asomarse en el horizonte, dando paso a un nuevo día, otro más del calendario que se esfumaba con el ligero segundero que sacudía al tiempo. Me detuve en seco, doblando mi cuerpo hacia delante, apoyado con la mano en una pintarrajeada fachada. Si, nada iba a cambiar, todo iba a permanecer igual por más que tratase de esforzarme en crear algo nuevo en mi vida, pues no había más. Me encontraba limitado a seguir viviendo sin una razón de ser, acompañado por una enloquecida razón que tomaba a la sociedad por un personaje colectivo demente de constantes intentos por atraparme entre sus fauces.
-No soy otro esclavo más, Dios.-balbuceé, dejándome caer contra la pared.
No albergaba ningún sentimiento de ira o de tristeza, más bien era poseído por una compasiva mirada dirigida a cualquier persona que considerase que la vida servía de algo. Es inútil tratar de nadar en un mar de lágrimas, estúpido tratar de salir a flote cuando la tempestad estaba sacudiendo la marea. ¿De qué sirve vivir si solo lo hacemos porque nacimos en un mundo el cual nunca quisimos? Yo no recuerdo haber pedido nacer, por eso vivo sin saber porque habito en este mundo, esperando a una muerte que no llega y a la que no me atrevo a llamar.
Dejé caer la botella y la gravedad hizo su efecto. Sin llegar a romperse, cayó, de tal forma que vertía su contenido a la acera grisacea. Contemplé como la etílica bebida se desparramaba, sin una razón de ser. Suspiré. Así era todo, un efecto causado por leyes naturales, hormigas recogiendo alimento para el invierno, centradas solo en no morir por inanición. ¿Cuándo dejé de sufrir el frío del invierno que me paré a pensar? Tal vez cuando comprendí que no existía la necesidad de tener que buscar alimento. Es uno de los defectos de verse enriquecido en una edad donde nadie te considera joven ni tampoco maduro. Solo tuve tiempo para mi, para pensar, reflexionar, conocerme mejor... Descubrí que hasta entonces nunca había pensado, que mis reflexiones siempre fueron las de otros y que me odiaba a mi mismo.
-Doy lástima.-pensé en voz alta.
Frente a mi pasó una mujer. Tal vez fue por mi estado de embriaguez pero me pareció muy linda. Tan solo eso me daba esperanzas y me recargaba de fuerzas, ser testigo de los milagros que el mundo obraba con tales bellezas. Fingía no verme, y no la culpo. Tal solo se limitaba a pasar mirando al frente encaminada con cierta prisa, la cual tal vez se debiese a mi empobrecida presencia. Sonreí para mí, lamentándome por no estar con la mejor de mis galas, o al menos con un aspecto no tan propio de la mendicidad. Y fueron sus ojos, prendidos en un fuego verde lo que llamó mi atención, sus carnosos labios el hambre que creía que no tenía, y su cuerpo el deseo de hacer turismo por todo su ser, deteniéndome en cada poro de su piel.
Ah, pero ya se había ido, y ahí seguía yo, censurado por la gravidez, maniatado por los pestilentes licores que acompañaron a mi noche, carente del amor que creía merecer, borracho, en una síntesis rápida de mi estado, pero sereno de espíritu, sufriendo la paz que tiene aquel que obtiene respuestas.
Arrastré una de mis manos al bolsillo de mi ancho abrigo en un vano intento de sacar mi teléfono para llamar a un taxi. En su lugar encontré un extraño objeto que me acerqué al rostro, pues mi vista no era tan nítida como debería.
Era un grabado donde me contemplaba acompañado por los que fueron mis amigos. Todos se marcharon cuando ocurrió aquel desastre. Arrugué la imagen apretando fuertemente mi puño. No era mi culpa no encontrarle sentido a una obra hecha para ser cíclica, de no desear un oficio que nunca pedí, relegado a mi única pasión: tratar de mostrar a las personas sus auténticas naturalezas.
Sabía desde siempre lo que todos negaron. El hombre tenía maldad en su alma, y no eran capaces de aceptarlas. Se encargaban de acumularla en el fondo de su ser, creando un ser creciente que tendía a explotar. Eran estúpidos. Negaban ser egoístas, trataban de obrar según la idea de bien, cuando esto no les hacía felices. Estamos hechos de luz y oscuridad a partes iguales, y así debería ser organizado el mundo, un lugar donde el mal no era condenado sino comprendido, limitando solo a pequeños actos que satisfacen al alma.
-Das algo de vergüenza.
Miré a mi derecha y vi al poseedor de dicha voz.
-¿No deberías estar cumpliendo la palabra del jefe?- le respondí.
-Me ha concedido el privilegio de venir a preguntarte como te van las cosas.
Tenía bastante gracia. Por culpa de aquel caprichoso estaba como estaba, desorientado, buscando a alguien que comprendiese mi verdad, alguien que cuando me escuchase comprendiese a que me refería con el orden que existía en el alma y no se volviera un corrupto de su propia oscuridad.
-Pobre Gabriel, condenado a ser su favorito. Te debe tener explotado.- Carraspeé.- Puedes decirle que todo me va bien, que caminar de un lado para otro, actuando según mi naturaleza porque así soy es un gran castigo. No sabes nada Gabriel... Nunca comprendiste que maldad y bondad son la misma idea pero con distintos puntos de vista. Lo que tu ves como mi mayor pecado yo lo veo como un gesto de amor. Abro los ojos a los hombres que se desconocen así mismos, y a diferencia mía, se aman más tras esto.
-Sigues igual de pretencioso, por lo que se ve.
-Por lo que se ve siempre has sido ciego, pero, ah, tal vez lo soy yo por el hecho de que le llevo la contraria a todo lo creado. Pensaba que solo los que eran únicos veían la auténtica realidad.
Me miraba con ternura. A pesar de estar criticando su manera de vivir y de pensar, aun era capaz de querer alguna parte de mi. Eso me prendía por dentro, quemándome por la rabia, deshaciendo todo vestigio del efecto del alcohol en mi cuerpo.
-Vete. Dile que estoy bien.
Sin decir nada se giró y comenzó a andar. Odiaba su majestuosa presencia, su santas maneras de ser, su infranqueable razón impuesta y sobre todo, la venda que tapaba sus ojos. Volvió la cabeza para mirarme una última vez.
-La luz que portabas se apagó para volverte un pobre diablo. Ojala se encienda de nuevo.
Desapareció de mi vista. Me alcé sobre mi borrachera y pensé con toda claridad. Se que prefiero ser alguien que conoce la verdad a pesar de que esta le entristezca a ser feliz por no querer ver la auténtica esencia de este mundo, esa mezcla entre bondad y maldad, donde me solían acusar de lo segundo.

jueves, 13 de octubre de 2016

Las flores de Tántalo.

Señorita, no ando bien de dinero
para andar de festines a mi costa,
no puedo darte de esta robada noche
una coartada digna de tus oídos,
agasajar tus gustos, complicado, mujer,
complicado gesto que llevar acabo
si se te antoja el sol, porque dora
e ignoras que solo es fuego que prende,
aprende que si tomo tu ambrosía
es porque deseas darla a cualquier mortal,
hombres con los que yaces a libre albedrío,
diosa del antojo y el capricho femenino
borracha por el culto a ignorar la fe.
Y es cierto, señorita, tu aspecto es divino,
mujer bella, preciosa, bonita, brillante...
pero tú corazón, enredadera de espinas,
es más propio de un demonio
oficiando en el castigo del hambre
al hombre que no peca, si prometes
cielo y tierra como carne viva, agua viva,
sonriendo con diabólica belleza
desde una posición más elevada
donde contemplas con triunfo la tortura de tu mentira.
Más aun así, ante los ojos del mundo,
yo soy el culpable, por robar tus gruñidos,
por darte el fruto de mi esfuerzo,
aun habiendo regado las flores con mi sudor
cuando tú provocaste que andase mal de la regadera,
que muriera aplastado por tu ego,
que la sed de mi jardín permaneciese eterna,
con la muerte de ambición como trofeo,
y tú, mujer, siempre mujer, poco compasiva,
liberas con el mayor de tus castigos
alejando tu abrazo regalado por Dios de nosotros.
¿Qué serán de mis flores
si no las dejas crecer y me haces ir contigo?
¿Quién observará mis ramilletes
y las hará verse como inamovibles
por muchas veces que devores a los hijos
que te dispuse en la bandeja del mundo?
Si nadie comprende los pétalos
que se dejan caer sobre las manos
de este condenado inocente Tántalo
a sufrir la realidad de como es ella,
la villana de este héroe que se aventuró
a tratar de tener una vida común y normal.

La patria y yo.

Siendo hoy el día de la hispanidad (fecha del calendario en la cual estoy escribiendo esto) no he podido evitar plantearme el porqué de los sentimientos patrióticos, inspirado por el resto de compatriotas que hoy emanan por todos los poros de su piel este amor a España.
Lejos de ser crítico, planteo las siguientes reflexiones de la manera más objetiva posible, pues es imposible que mi opinión no influya en mi criterio de alguna forma. Comienzo entonces diciendo que:

El concepto de patria lo considero necesario en cierta manera  actualmente, dado que es la única manera de mantenernos unidos gracias a unas similitudes, pues por desgracia, somos incapaces de salvar nuestras diferencias, y en caso de que lo fuéramos, ya podríamos hablar de un término inútil, anticuado y disgregador.

El patriotismo entonces no es más que una excusa para unirnos en una sociedad, de integrarnos en algún lugar, satisfacer esa necesidad del ser humano de poseer algo como propio, ya sea una cultura o un idioma.
No por el hecho de ser una excusa es malo. La parte negativa nace cuando el patriotismo es un sustituto mal diseñado ante el sistema que el ser humano es incapaz de plantear y llevar a cabo: una sociedad mundial donde las diferencias no sean motivo de conflicto, sino más bien de lo contrario, de un enriquecimiento. Por supuesto desde el momento que una persona es incapaz de tolerar a alguien por ser diferente de alguna manera forma este concepto como utópico. 

Ante este problema traté de buscar una solución. El respeto,valor necesario para generar tolerancia ante lo distinto y contrario a uno mismo, es y debe ser educado, así que por deducción la solución se alberga en el sistema educativo.
El siguiente problema que nos planteamos es que la educación, al menos la de este país, es más bien un sistema que se basa en adoctrinar a los jóvenes en unos ideales los cuales no deben reflexionar, tan solo creer en ellos.

Y así el patriotismo, bajo mi concepción, propia, personal e intransferible, se convierte en una lacra, un ideal que lastra la mente de los ciudadanos cerrándoles en banda a cualquier nueva apertura, pues están convencidos de que aquello que poseen es lo mejor, sin comprender que tienen, sin compararlo con otro modelo distinto.
La parte más triste del patriotismo es que te enseña a amar la idea de nación, pero no a aquellos que lo forman. Una nación, al fin y al cabo, es el conjunto de todos sus ciudadanos, y si se mantiene estable es por un orden que todos ya tenemos automatizado, sin comprender que nos estamos ayudando entre todos cuando buscamos el bien del Estado, Patria, etc. Pero, aun así, aun cuando estamos siguiendo estas pautas sociales, somos incapaces de procesar dichos hechos, y, seamos sinceros, la nacionalidad parte de la casualidad de nacer en un país o en otro, y si, es cierto que la cultura de dicho territorio condiciona nuestro pensamiento, creencias y demás valores que nos componen, pero hay esta la libertad de cada individuo para plantearse todo el conjunto y considerar que es correcto y que no, sabiendo que todo es relativo y no existe una verdad absoluta.

No rechazo al patriotismo al decir esto, ni mucho menos, solo condeno la parte irracional que esta conlleva. El único patriotismo que considero útil es el que busca el bienestar de la Nación y sus habitantes, no la mera exaltación de sentimientos heredados, por no decir que en algunos casos, impuestos.

Este es el argumento por el que soy patriota, porque el bien para España repercute en mi como ciudadano español que soy, y sí, tal vez suene egoísta, pero, ¿no es el ser humano al fin y al cabo egoísta por naturaleza? ¿No es este egoísmo "sano", según como lo maticemos, ya que es la causa de una simbiosis entre individuo y sociedad? ¿No beneficia que yo ascienda económicamente si con esto promuevo el gasto y la movilización económica? ¿No interesa que para alcanzar dicho ascenso deba esforzarme en un trabajo que influye de manera positiva en el país? 
Así es la realidad de esta sociedad tan maquiavela, donde todo se produce por intercambio de intereses.

Volviendo un poco atrás, a mi rechazo a la parte más emocional del patriotismo, no puedo evitar tratar de argumentar estos puntos matizando ciertos aspectos.
Si condeno esta postura se debe a casos que observo en mi día a día en sujetos, que como he dicho anteriormente, se han visto adoctrinados en unos términos que ni comprenden.
He sido testigo de como rápidamente se ataca al nacionalismo porqué lo equivocan con el independentismo. Dentro de una Nación puede haber más, como es la vasca y la catalana. Esta gente, incapaz de comprender que existen ciudadanos que se sienten tanto españoles como vascos y catalanes al mismo tiempo, se ven incapaces de respetar al que no deja de ser un compatriota. Esa gente, dentro de su ceguera, se olvidan que existe el nacionalismo español que es el que se promueve.

Uno de los casos de los que más me llaman la atención, e incluso me molesta dicha ignorancia, es en los españoles que asocian la monarquía con patriotismo que llegan a catalogar a los republicanos como personas que rechazan su nacionalidad. Si partimos de que ser patriota consiste en tener amor por tu país y querer buscar su bien y de que las personas partidarias de una nueva república la ambicionan porque consideran, en sus ideales organizativos del estado, que es lo mejor para España, ¿ya por eso no es patriota? ¿No ama su país y busca lo mejor para él? Lejos de ideologías políticas y partidarios de bandos hablamos de un sentimiento compartido que es el patriotismo.
Es por eso que esta gente tan desinformada (sin intención de dar por aludido a alguien o herir la sensibilidad del lector) le aconsejo que si tan patriota se considera se digne a informarse y a instruirse, pues uno de los factores que hunden a este país es una población inculta que carece de la intención de formarse a uno mismo (aunque parte de este desinterés es causado por la educación actual española incapaz de motivar a su juventud, pero eso es otro tema a tratar.) 

Otro motivo que lo veo innecesario es la exaltación de la patria a través de frases, iconos y demás. Repetiré para evitar acusaciones de anti-patriota la palabra exaltación. No veo mal que uno, orgulloso de su bandera, la lleve consigo en forma de pulsera, de llavero o como sea. Considero estos gestos una manera de decir "te quiero" a España o al país que sea. Ahora bien, el patriotismo, un sentimiento como es el amor, tiene cierto problema, y es que de nada sirve que digamos, prometamos y juremos si no lo demostramos con actos. ¿Cuanta gente que defrauda a Hacienda lleva la bandera repetida en casi todos sus conjuntos? Es como decirle a tu pareja sentimental que la amas mientras la traicionas con una tercera persona.

El último de todos es de aquel que más da lugar a chiste y mofa entre nosotros, los españoles. Hablo de ese patriotismo selectivo donde si España gana un mundial es un orgullo ser español pero si no lo hace miramos hacia nuestros incompetentes políticos que nos causan un sentimiento de repugnancia bastante grande. Si uno se siente español, por favor, que sea con todas sus consecuencias.

En un plano más personal, hay veces que me he planteado que realmente odiaba a España, pues muchos aspectos de la que es nuestra cultura me parecía y parece aun propia de gente incivilizada, atascada en viejas tradiciones. Pero no puedo odiarla, a pesar de solo ser el lugar donde me tocó vivir. Si amo algo es a mi familia, a mis allegados, a la gente de este país que lucha por tratar de salir adelante y mejorar en lo que pueda, amo el habla que me ha dado este país, las oportunidades que me brindó, me da y me ofrecerá la sociedad española que actualmente está constituida, pero no poseo sentimientos por un patriotismo que supone creer en la supremacía de un grupo de ideales que tendría por credo sin hacer amago de tratarlos de comprender. 

Por eso se que, como decía Arthur Schonpenhauer, "Todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad." pues antes de formar parte de una nación debes formarte como individuo, no asimilar unos ideales que no te pertenecen y tratarlos como una verdad absoluta. 

El patriotismo es un sentimiento, y al igual que en el amor, respeto y demás, debemos educarnos en él, para controlarlo y no dejarnos llevar, pues el corazón solo guarda kaos para el que solo sabe escucharlo y no interpreta aquello que le quiere decir en realidad.  

domingo, 2 de octubre de 2016

En un mundo.

Aveces desearía dormir eternamente, para vivir en el mundo que realmente sueño, pues odio tener que habitar en uno que otro imaginó por mi.

¿Quién soy? ¿Nunca se han hecho esa pregunta? Yo me la he hecho tantas veces que he comenzado a creer que soy la duda de mi propia identidad.

Y sin saber para que nací, porqué piso esta tierra que no elegí, vivo, creyendo que algún día podré escapar, recorrer un lugar donde yo ponga los límites, decorar el mundo a mi antojo con mano justa, con una paleta donde el odio y el egoísmo no forman parte de la gama cromática.
Supongo que es muy fácil siendo hombre imaginarse ser Dios, creer saber que es realmente justo. Pero no soporto esta realidad donde la mentira corrompe todos los corazones, los perjuicios nos enjaulan al antojo de una sociedad maltrecha, donde la desconfianza es necesaria para la supervivencia pues la maldad se enmascara con supuestas buenas intenciones...una sociedad al fin y al cabo.

Odio la mentira. Solo es una herramienta que empleamos porque el resto la usa. Lo curioso es que para aprender a hablar necesitemos ayuda y que para mentir la empleemos por nuestra propia cuenta. ¿De que sirve realmente? ¿No solemos arrepentirnos de nuestras mentiras, ya sea por falsos testimonios o por romper con una promesa como es la fidelidad a una amistad o a una pareja? ¿Porqué lo hacemos entonces? ¿De que nos sirve mentir si el único beneficio es el de poder ser engañados en un futuro?
En el mundo que sueño nadie me mentiría. Nadie me haría perder el tiempo por intereses o por juegos infantiles que toman por temática los motivos de los latidos del corazón.

No soporto los prejuicios, la idea de que te juzguen sin tan siquiera llegarte a conocer. Quien se atrevió a soñar este mundo quiso que la estética se superpusiera al auténtico valor de las personas, el cual reside en el conjunto de sus virtudes y sus defectos. Resulta entonces que la belleza es lo único que se codicia, a pesar de que puede que sea la única cualidad positiva que albergue esa persona, estando ya por encima de los que realmente fueron más afortunados al contar con más de una condición positiva entre las que no se encuentra una simple apariencia efímera.

Detesto a las personas que actúan siguiendo un modelo, incapaces de ser ellos mismos. La sociedad impone unos cánones, e irónicamente la novedad entre sus componentes es seguir la imagen de una persona que se opone a ella. No hablamos de opiniones parecidas si no más bien de opiniones prestadas, estéticas sacadas de una fotocopiadora, temas de tendencia de los cuales solo tratan superficialmente mientras dicen ser todo unos entendidos en el campo.
Ser uno mismo se trata de seguir tus propias ideas, influenciado tal vez, pero dándolas tu razonamiento personal, dotándolas de una forma que solo tu mente puede definir. Desprecio a aquellos que por tratar de ser diferentes demuestran ser iguales.

Aborrezco la maldad. Es simple, normal, nada lejos de lo que podría pensar cualquier persona, incluso las que son malvadas. Los villanos de hoy en día es un personaje colectivo llamado mundo. Es el mundo quien se opone a que nuestros sueños se cumplan, aplastando nuestras ambiciones, detonando nuestras esperanzas, mostrando que quien menos lo merece tomará nuestra más codiciada vida, siendo un simple testigo de lo que pudiste ser mientras te embriagas con la tristeza de unas metas incumplidas.

Desearía mi propio mundo, pero por desgracia tuve que vivir en el mundo de otro. Tal vez un día mis sueños se cumplan y al menos podré refugiarme en mi propia realidad.