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domingo, 4 de septiembre de 2016

Caminos que se abren. (Ensayo)

Resulta curioso la facilidad que tenemos, nosotros, el ser humano, para olvidar los lazos que establecimos con ciertas personas, amistades que parecían fuertes inquebrantables e inamovibles caídas por el peso ligero de la gravedad. Se olvidan todos los momentos íntimos que estrechaban dos conciencias y sincronizaban el latido, dividiendo la senda en dos para separarte, distanciando los dulces gestos que tanto valorábamos, obligándonos a caminar cada uno por su lado y a distintos ritmos. Supongo que es el camino de la vida...
Pero bueno, como todo camino que se trifurca puede volver a unirse, junta a dos personas que ya no son las mismas, son dos desconocidos que creen conocerse, ignorando cuanto han cambiado, al fin y al cabo la amistad es comprender el esfuerzo de cada paso que se dio. No haber atestiguado cada caída te vuelve desconocedor de sus reacciones, de las cicatrices que adornan el interior de cada uno, de las partes que perdió por entregarse a quien no se debía, de esos Judas que fingen ser el guía correcto. Esa persona que creías conocer pudo comenzar a creer que cualquiera le vendería por el vil metal de unas monedas, tal vez le teme a abrirse ante el resto, o incluso puede que sea el caso contrario, que sea más abierto incluso que aquel sujeto que despediste y tú seas el sufridor de las malas experiencias, pues, ¿quienes somos si no la vida llevada a la práctica?
Dos desconocidos que creen saber como es la otra persona, equivocados al fin y al cabo, pues el pasado queda a nuestras espaldas, por más que nos abracemos al ayer, si los mejores abrazos son los que velan por el futuro, pues estos se dan de frente.
Personalmente, no se a cuanta gente he dejado atrás, a los cuales consideraba de gran valía, y en cada encuentro se brinda la añoranza, pero en nuestros ojos no reluce los niños que eramos, unos críos que seguramente no están conformes con las personas en las que se convirtieron.
Ah, yo recuerdo que quería ser alguien codiciado, quizás porque solo deseaba ser querido o conocer que era sentir el reconocimiento ajeno. Soñaba con serlo gracias a los grandes méritos que me otorgaría unas virtudes que iba a tratar de desarrollar, siempre dentro de unos valores propios de un personaje plano dentro del camino correcto. No negaré que codiciaba que me mirasen con ojos orgullosos, que desearan ser como yo, que me pidiesen consejo y que contaran conmigo tanto en lo bueno como en lo malo. ¿Qué soy actualmente? Un envidioso de aquel niño al cual catalogo de ingenuo, quizás por miedo a sufrir su mirada de desaprobación, pero con la importante lección de que el único reconocimiento que necesito es la mía, el orgullo de mis seres más allegados, por los cuales daría todo, hecho que me deja muy satisfecho al mirarme al espejo, saber que me sacrifico por lo que realmente merece la pena. No negaré que ahondando en la parte más oscura de mi sigo codiciando ser el objeto de admiración de todos. Supongo que no puedo evitar ser algo egocéntrico y vanidoso a partes iguales.
Ya nadie ve más que un retazo de aquel niño en mi, cada experiencia me hizo desencadenar en una nueva existencia, un extraño para mi yo de ayer. Por eso es que el camino debe permanecer unido para seguir conociendo a alguien, cada paso trasforma, atestiguar cada pequeña metamorfosis para declarar en su defensa ante el delito que es vivir libremente.
Y no negaré que echo de menos a gente que por motivos que desconozco o he olvidado perdí un contacto directo, encontrándonos de allá para cuando, observando lo que fuimos pero no lo que somos.
Supongo que la única solución será conocer de nuevo a dicha persona, contando con la firma que dejamos en su pasado, pero recordando que hay un vacío en el tiempo que no vislumbramos.
Será entonces la amistad un intercambio equivalente no pactado donde uno debe de dar todo lo que tiene sin mirar si va a quedarse sin nada, a diario, con confianza en la otra persona. Es la magia del ser humano, la capacidad de confiar en otra persona sin ser conocedor del futuro.