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viernes, 8 de julio de 2016

miedos.

Miedo a tus miedos.

Tengo dos miedos:
el primero es que temas
que voy a engañarte,
el segundo que no te asuste
la posibilidad de que pueda hacerlo.

Miedo irónico.

Me sobrecoge el hecho
de que mi mayor temor
sea el de tener miedo.

Susto palomillo.

Un universo paralelo
donde las palomas
juegan a asustar personas.

Temor a Dios.

¿Cómo no voy a temer a Dios?
Él es capaz de castigar cruelmente
otorgando mentes como la mía.

A tu fin.

Me asusta la posibilidad
de que tu fantasía acabe
y no me quede cerveza
a la que contáselo.

Cuando acabe.

He combatido contra la incertidumbre,
le he ganado a las dudas que me apresaban,
derroté a la inseguridad de mis pasos,
y aun así, no me quito el miedo
de que todo se acabe de golpe.

Crecer.

Lo bueno de medirse
contra tus propios miedos
es que nunca dejas de crecer.


Curioso.

Resulta curioso.
El tío vivo de mi cabeza
ha comenzado
por marear a todos mis temores.

Los delirios del miedo.

Tal vez sea mi miedo
a que todo falle
lo que me hace ver
grietas donde no las hay.

Acordarme de ti.

Temo a las mujeres bellas
porque todas me recuerdan a ti.
Todas prodrían hacerme
aquello que les viese en gana conmigo,
si no fuera porque por eso
me recuerdan a ti.

A lo que temo.

No temo la posibilidad de quedarme solo,
temo la posibilidad de sentirme solo.

Ahora.

He tratado de llenar mi vacío
con mujeres vacías.
Ahora temo que tú
seas capaz de desbordarme.

Morir dos veces.

No le temo al tiempo que me mata,
le temo a su paso que hace que me olvides.
Ahí y solo ahí muero dos veces.

Junto a ti.

Me da miedo poder
pasar la vida entera a tu lado
y no ser capaz
de quererte lo suficiente
como mereces.

Al recordar.

Me asusto al recordar
y pensar que puede volver ocurrir.
Luego olvido cuanto dolió
y me vuelvo a enamorar.

Al pasado.

No le temo al futuro,
le temo al pasado
que le da por volver.

Iván.

Le temo a la idea de dudar,
a la incertidumbre,
a los enfados de mi madre,
le temo a la mala imagen
que puedo llegar a ser,
le temo a quien soy hoy,
sabiendo que solo yo
soy capaz de matarme,
le temo a los silencios,
sobre todo el suyo,
temo el hecho de temer,
pero a lo que más le temo
sobretodo es
la idea de jamás sentir miedo.

Ante ella.

Inseguro ante sus manos,
nefasto al tratar de ser yo mismo,
equivocado al limitar mi personalidad.
Su silencio, si es tenso, me estrangula.

Los valientes.

Los valienres
son los cobardes
que se temen
a si mismos.