Follow by Email

viernes, 8 de julio de 2016

Ante mis ojos.

Verla al natural de esa forma la concedía
una belleza extraña y poco convencional,
vestida como cualquier mujer iría por su casa
cubierta por unas ropas comunes, y aun así me vi
tentado a ver la noche, pero no a esa del 7 de julio,
a las venideras, por suerte caprichosa, tal vez,
por su cuerpo, para abrazarme si hace frío,
para deshacerme si el sol abrasa,
para morir si sus piernas caminan lejos
y ser incapaz de evitar sonreír al ver como se va.
Estaba nerviosa, un niña intranquila
que caminaba de lado a lado sin freno alguno,
dando a la libertad de mi pensamiento la idea
de que pudiera que yo fuese la causa,
quizá fuera que no supiese como tratar conmigo,
¿Acaso mi impulsiva presencia la incomodaba?
Cabía la posibilidad de que fuese otro motivo,
siendo yo solo un mero expectador de sus agobios,
lo único que sabía es que me parecía preciosa.
Más tarde, visitamos el supermercado del pueblo,
siendo objetos de miradas inquisidoras de los lugareños,
hombres que teñían sus ojos con rabia,
y yo, riendo por dentro, sabiendo que era la envidia
que yo sentiría si la viese ir con otro,
aunque no lo manifesté, bastante blando estaba siendo ya.
Sus pasos se deslizaban por aquellas ardientes calles
cargada con un gesto sencillo pero extrañamente llamativo,
mi mente, al tanto, solo confabulaba con frases ingeniosas
para llegar al cajón que guarda el ovillo de sus problemas
con la intención de desenredar alguno,
sin embargo, mi mente empalideció, para mi desgracia,
enmudeciendo esa voz mía que solo desencadena estupideces,
y aun así me ofrecía educadamente en cualquier cosa que pudiera
ganar de ella un gesto de afecto, así de estúpido es el hombre,
que piensa que ser útil sirve de algo todavía.
No todo lo que veía de ella me agradaba, algo lógico.
Sus rodeos en las conversaciones me frustraban,
aquella risa nerviosa me resultaba una herramienta
para evitar los temas de conversación que consideraba tabú,
esa sensación que daba de tenerme en segundo plano...
su poco interés en saber de mi en cada día que pasaba.
Sin embargo, la corazonada de que solo los principios reñidos
conceden los finales más deseados por todos
me insufló las fuerzas y la paciencia, al menos por ahora,
porque solo quiero verla más, revivir la posibilidad
de acercarme a esos labios hechos por el pecado
mientras espero que se de cuenta de que cuidar mi interés
supone regar al árbol que la dará fruto y sombra,
si es que quiere que ambos echemos raices
siendo esta las últimas hojas que la dedico
hasta que llegue la primavera de sus palabras
donde abundan las ganas, no solo desde mi parte,
donde ambos tenemos de todo, menos reprimendas.

"Para verte como yo quería...
era necesario cerrar los ojos."
-Cortázar.