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jueves, 16 de junio de 2016

Disculpe, señorita.

Disculpe, señorita,
pero cargo con preguntas
y a mi parecer, tus ojos
tienen todas las respuestas
de este mundo.
¿Pórque la suerte
siempre ha sido esquiva
hasta el día de hoy?
No me arrepiento por saber de ti,
más soy curioso y como dije
tus ojos parecen tener
la solución a mis dudas.
¿No es la posibilidad
un sueño cíclico?
Disculpe, señorita,
si ambos hemos sufrimos,
aunque de maneras distintas,
yo, perdido, como costumbre,
un estúpido ambicioso,
impaciente de nuevo poema
que pueda decorar el suelo
donde nunca hallo consuelo.
Será que siempre sentí
que solo yo me entiendo.
Nadie me entiende como yo,
también nadie me hace más daño,
si mi cabeza es una condena
que martillea a mi conciencia
con saña y mala hostia.
¿Quién me salva de mi mismo?
Disculpe, señorita, pero
bailemos, si lo desea,
entonces con el tiempo,
dejemos atrás lo doliente,
seamos movidos por el viento
y arrastrados por las notas
de un violín acompañado
de un delicado piano.
Me encanta verme dudando
¿Pórque será que muero
por tan solo conocerte?
Caprichos de la vida, supongo,
si escucharte me complace,
con la esperanza de ser capaz
de ser normal por un rato
comprendiendo que susurrar
puede ser gritar al oido
si la verdad pesa demasiado.
Dejemos todo surgir,
¿qué puede nacer?
disculpe, señorita, si resulto
ser egoísta, impaciente,
distante, calmado, poeta...
si resulto ser demasiado yo.
Disculpe, señorita, tan solo
disculpe a este señor.