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miércoles, 8 de junio de 2016

Compleja sencillez.

Hice de mi miedo
a andar por la cuerda floja
mi punto más fuerte,
del nudo en mi garganta
se desata el sueño
como el mejor desenlace,
enlazando palabras
para nuevo empiece
y así argumentar mi obra
como un mero personaje.

¿Cómo se aprende a aprender
si las instrucciones están
en el mismo idioma que el del corazón?
entiendo poco sobre entenderte
si eso del sentido ya se me olvidó,
borrado entre tanto escrito
solo narro el dolor de no ver
la manera de escapar
de esta rutina que nos atrapó
en una masa de carne inerte,
de nosotros mismos un reflejo,
pero, alégrate, seguimos vivos,
aunque que vivamos no significa,
si yo solo soy un suicida
que eligió morir de viejo.

Yo no soy fuerte,
si soy de todo menos capaz
de levantarme en lunes,
como mucho me arrastro
para desayunar
y soñar con el viernes.

Yo no me gano la vida,
si por despistado suelo perderla,
como la cabeza, la razón,
sobre todo el juicio
cuando el veredicto dicta
más cuando es dado
por aquel que se cree Dios.

Yo no quiero madurar,
pero si quiero echar raices,
que mis actos den buen fruto
y que mi semilla germine
para plasmarme en hojas
donde mi alma escribe
tratando de escapar,
pero caduca ya la hora
y ni me inmuto,
mujer, no se enamorar,
solo sellar cicatrices,
que por mi don perjuro
sobre esta magia que mora
y no se sabe conjurar
más que sobre cielos grises
y firmamentos de tonos oscuros.

Ni para bien ni para mal
ya solo pretendo ser
fiel a los ideales imposibles,
impasible ante fieras,
sirenas que no saben cantar,
soltar mi rabia y morder,
perder siendo invisible
imperceptible cualquiera,
suena cada pena al llorar,
sal y vinagre suele escocer,
joder, no resulta resistible,
cohibe sobre maldita manera
condena que se debe soportar.