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lunes, 2 de mayo de 2016

Te creía.

Te creía: linda,
más allá de tus labios
y unos ojos esmeraldas,
buena, como sonrisa
en un martes 13,
como despertar a la 1
sabiendo que la única
a mi lado para mirarme 

eres tú.

Te creía: niña disfrazada
o niña que quiso ser mujer,
inocente pervertida
que devolvía la calma
a mis sorprendidos ojos
de depredador,
con pecho elevado
y suaves palabras,
un sueño que deseaba
que fuese eterno.
Así te creía.

Pero mentiste.
Te creía.
Dejé de hacerlo.

A lo mejor nada
resulta ser
como creemos.