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viernes, 4 de marzo de 2016

Rimas como Bécquer.

I

He dormido sin calmar mis nervios,
aguantando el agrio aguacero,
agitándome, agudo grito rasgando serio
la paz que ya no posee este cuerpo.

¿Para que luchar contra lo inevitable?
¿Cómo escapar de mi propia sombra?
Muerde la conciencia, resulta impensable
pero aun así la ignorancia asombra.

Volví para escribir romances nuevos
y plasmé nuevas locuras transitorias,
no creo en la muerte y si en la vida,
pues de nacer no hay escapatoria.

Borracho un lunes, que gran artista,
aquel capaz de generar en un instante
la tristeza que produzca una sonrisa
y tome a la mala suerte por amante.

No soy Lázaro si no me levanto
 cuando mi mesías  me lo ordena,
me curo del silencio y del mal espanto
dentro de este ingenio que me condena.

Ahora relato proezas que no me pertenecen,
grito al mundo pordiosero que no lo necesito,
estúpida mentira tratas, trátame delicadamente
si me rompo por temor a caer en el olvido.

Es un continuo rumor
que descarado sopla secretos,
la sociedad es el gran tumor
que mata al hombre bueno.

Se que no me definen mis actos y es raro
si obro tal y como me define el capricho,
no me limito a estar y quedar al amparo
cuando el final para todos es un estrecho nicho.

Soy pesimista, lo se,
pero sigo sonriendo,
pues a pesar de ver
que todos están perdiendo
no paramos de tener
motivos por los que acabar muriendo.

Pisando al que pisa pienso
que las piedras piden probar
a prodigiosos portentos de peso
pendientes persistentes por penetrar
las partituras de un amor embustero.

Reanimar, por favor, a mi esperanza,
desconozco de un buen sanitario,
considero que el odio no vale para nada
y que la humildad es un lastre innecesario.

No existen los héroes pero si la heroína,
no creo en la sinceridad pero no miento,
se que la belleza es una mujer consentida
y que los enfermos no hallan escarmiento.

II

Ahora ahogado entre nostalgias
y reanimado por un escalofrío,
conozco el valor de la magia
y la pena de unos labios fríos.

Soy ávaro mortuorio que en rabia abunda,
me lo guardo todo para mi interior,
te lo regalaré a ti que me inundas
con la luz que conquista la oscuridad de mi corazón.

Más sobre papel sello el código
que codifica mi alma turbia,
no existe precio módico
para venderla a la suburbia,
y este emparejamiento resulta ilógico,
un arte limpio con una mente sucia.

Malpienso desde el piso
tirado sobre mil folios
calientes y ya escritos
con todos mis agobios.

El artista no se levanta fresco
si seca deja la fuente mental,
el mundano juzga con fruncido ceño
sin saber que es desconocedor de su realidad.

La bestia se torna en humano
ahora que todos los humanos son bestias,
a paso ligero sus ligueros en la mano
y mi lívido odiando quedarse a medias.

Y la inspiración responde
pero no repone su presencia,
aprendí que se esconde
de su nombre en inexistencia.

Valorá entonces al perro y no al amo
si el pastor solo pasea por el prado verde,
somos seguidores de un destino fatigado
y de un futuro que poco nos conscierne.

Solo escucho música con solos de trompeta
y saxos desdibujando mi conciencia,
alcanzar el amor, que bella meta
sería si no fuese por su encarecida esencia.

¿Esta fea y gran cicatriz?
No fue ella la causante,
ella fue la herida por la que morí
y la cerveza el estímulo cicatrizante.

¿A cuántos mares has derramado
una solitaria lágrima?
La soledad es un libro desamparado
en una mano que no para de escribir páginas.

Mi arte es solitario anhelo
por salvar de la locura mi alma,
hacer comprender al mundo entero
que hago lo impensable con palabras.

Fundo entonces un deporte de riesgo
con la probabilidad de muerte más alta,
despertarse, abandonar la seguridad de los sueños
y posteriormente, levantarse de la cama.

Considérame diablo
si considero al pecado necesario,
hice del odio un océano ancho
y de mi un mal corsario.

¿Quién no añora el sol
cuando la tormenta se alarga?
Echemos de menos la frustración
por no ver caer al sol por un cielo naranja.

Cuánto suspiro lanzado
como una moneda atrevida,
y como Bécquer dejo por terminado
un conjunto alto de rimas.