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jueves, 31 de marzo de 2016

Observador del tren IV.

Perfección. Esa fue la palabra que invadió mi mente en el instante en el que mis ojos se toparon con los suyos. El verdor de aquellos dos faros iluminaban cada uno de sus pasos y su pelo rubio iluminaba los alrededores de su cuerpo. Su voz era delicada a la par que segura, una mezcla extraña entre fuerza y fragilidad, rasgando lentamente mis oidos para hacer estremecer cada fibra de mi macilento cuerpo.
Vestía una camisa blanca cerrada hasta la altura del esternón, sin llegar a mostrar nada y sugestionando a las sensibles cabezas como la mía que pronto vuelan sobre aquello que ven. Una americana la cubría por encima, abrigándola del frescor nocturno de la recién llegada primavera. Un colgante recargado de abalorios llamaba la atención de los ojos despistados, cayendo hasta la altura de su pecho. Sus piernas eran largas y finas, sugerentes ante una mirada lasciva, arte para la poesía y pasión para cualquier persona que vierta su amor al género femenino.
Y era su gesto aquello que cautivaba, una mirada aniñada, unos rasgos infantiles que incidían en el deseo de querer abrazarla y no soltarse nunca. Sus mejillas redondeadas se me antojaron iguales a la manzana que expulsó a Adán y Eva del Paraíso, pues era tentado a acercarme y propinarla un mordisco cariñoso para después, lentamente, acercarme a sus relucientes labios y besarlos con suavidad.
Cada vez que miraba a mi dirección el corazón me daba un vuelco, algo en mi quería que se fijase en mi, que se acercase y hablásemos, dándome la oportunidad de presentarme y tratar de dar a conocer todas esas facetas mías que suelen resultar encantadoras, encandilarla con esas palabras que me caracterizan, obviando esas dos presencias que la acompañan, dos muchachos que solo serían unos meros testigos de la conversación que cerraría en torno a ella.
Es innegable que desprende elegancia. Mi oído, por el hecho de estar cercano a su localización, oye como habla de las asignaturas que pesan sobre su rutina, unas asignaturas que por mi vago desconocimiento sobre la materia, deduzco la posibilidad de que sea una estudiante de derecho. La observo atento un segundo. La verdad que solo pienso que en su caso ella es el cuerpo del delito, que su única defesa es que la naturaleza obró caritativa en su antojo y la dotó de esa belleza que nos obliga a mirarla más de dos veces.
Capto que es de mi misma localidad y no puedo evitar preguntarme porqué no la he visto anteriormente por sus ya más que repetidas calles, para acabar sonriendo, como si el motivo me fuese a suponer un arranque de valentía, sabiendo que si no la vi antes solo es cuestión de dejarle trabajar al tiempo. El día que nos volvamos a encontrar se que nos conoceremos de verdad.

lunes, 21 de marzo de 2016

Donde está la felicidad y donde si.

Tras unos días de larga reflexión he logrado aclarar mi visión respecto al mundo, dejando de ser tan crítico para empatizar más. He abandonado esa dura represión a ciertos comportamientos que muchas personas tenían para sentir pena y lástima, ya que están cegados por sus propias imágenes. Concretamente, tras cambiar mi manera de ver las cosas, gracias a una salida de la condenada rutina, entré en la red social Instagram, para darme cuenta de ciertas cosas.
Comprendo el gusto que puede existir por sentirse guapo o guapa, es más, lo considero algo positivo, pero como todo en esta vida debe haber límites. Fue viendo estas fotos, la gran mayoría de mujeres, donde se trata de destacar todos los atributos que generan atracción sexual, ya fuese mostrado parte de sus pechos, de su culo o un gesto particular en su rostro. No es que tome a la mujer como la única culpable de esto, los hombres también lo hacen, por tanto mi postura más que machista es hembrista, pues estas mujeres son lo suficientemente listas como para comprender que los hombres tendemos a ser meros seres superficiales, cerdos cegados por un cuerpo de mujer, sabiendo como provocarnos, a la vez de ser lo suficientemente tontas como para caer en el acto cobarde y falto de autoestima de tratar de provocarnos.
Luego, nosotros, somos tan pretenciosos de tratar de hacer lo mismo, pero es un hecho que, a diferencia que un cuerpo de mujer, debe estar trabajado para que destaque algo respecto al resto. Aun así algunos tienen la alta autoestima para subir fotos suyas mostrando sus macilentas anatomías, creyendo que sus cuerpos son Adonis, causando la mofa de muchos al ver esa foto.
Mi inquietud es a donde deriva todo esto. Comenzamos a creer que conocemos a una persona por verla a diario en fotografía, tomando ya poco en cuenta la personalidad, cada vez menos tratada, para solo enamorarse de un físico vacío y caduco.
Todo se ha vuelto una competición por obtener el agrado del mundo, un agrado nivelado por un número de "me gusta" en cada foto. Ahora solo tratamos de cuidar nuestra apariencia, nos abandonádonos entonces a nosotros mismos en un canón que no nos beneficia. No es que diga que no intentemos estar lo más atractivos posibles, solo que no nos perdamos en el camino, olvidando las maneras de tratar a la gente, las formas con las que debemos convivir con el mundo.
Es más fácil ser feliz cuando la gente te trata bien porque demuestras merecer la pena que si es solo por un interés físico. Siendo más sinceros con el mundo, este nos dirá su verdad y no es otra que un buen acto conlleva una cadena que vuelve hasta ti.
Cuida bien de la gente y la buena gente te cuidará, la que merece la pena. Cuida solo de ti y solo te cuidarán los que de ti quieran algo.
No digo con todo esto que nos dejemos de cuidar en apariencia, solo algo tan simple de que a la hora de tratar preferencialmente a alguien no sea por su físico, pues lo efímero poco dura, no como la sonrisa que provoca alguien que sabe valorarte por lo que realmente realmente eres, alguien capaz de conseguir todo lo que se propone, no solo una cara bonita. Es una conclusión tan simple como "trata al resto como te gustaría que te trataran a ti" lejos de cualquier condición, porque si todos lo hiciésemos seríamos mucho más felices.
Quiérete más a ti mismo, no te rebajes a adorar una simple visión incapaz de devolverte nada. Se feliz con lo que eres y se mejor en lo que quieras. La recompensa es la felicidad.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Tan solo.

Tan solo quise perder,
desde las ganas, los motivos,
el corazón en cada mujer,
los sueños en una esquina,
ganar de una maldita vez
aquella partida a medias
de medias a medio quitar,
resucitar en cada finde,
tres días en pena en el bar.
¿Hacer un río de una lágrima?
A base de cerveza todo el mar.
Se lo que quiero,
pero no lo se desenterrar,
en el fondo no me quiero
aunque me quiera enamorar,
de un segundo, un silencio,
excusas, no quiero escuchar,
da igual que sean bonitas
las palabras si vuelven a mentir,
conozco el valor del sol:
aun habiéndonos visto
se atreve a volver a salir.
Quiero que me toque
la suerte esquiva, ser feliz,
verla desnuda, de nuevo,
relajarme para dormir,
despertar en el cielo,
no lo conseguí.
Y lo siento tanto, yayo,
que no se que decir,
no me esforcé tanto
como una vez debí,
debería no rendirme
y aprender a rendir,
a matarme trabajando
y no limitarme a dejarme morir.
Ahora camino por dentro,
para conocer de mi,
una voz sigilosa,
deberías volver,
a ser el niño soñador,
aprender a desconocer,
de fuerzas, de límites,
superarme sin saber,
ignorar a los impedidos
que me dijeron no poder.
Verso a verso,
beso a beso, besé
la versión valiente
que acabo debiendo
años para crecer,
y así dormí tranquilo
a base de tequila y mi sed.

lunes, 7 de marzo de 2016

Poemario: Intensa fugacidad antológica.

Azar.

Te defino
como un juego de azar.

Resultas atractiva,
generas una dura adicción,
bebes del tiempo
hasta agotarlo
y que sucia trampa
supone predecirte.


Mi mitad.

Mi dulce amargura
es hacer limonada
de mi media naraja.


Naturaleza viva.

Solo son
árboles hablando
desde su silencio.



Cumplo.

Por más tiempo que pasa
cumplo años,
no propósitos.


Entendimiento.

Tan sencillo
que resulta complejo
llegar a entenderlo.


Camino.

Es camino
porque me pertenece a mi.
¿A ti? Nun-ca mi no
en silencio.


Perfección.

La perfección
es ser perfecionista.
Puntualmente.


Breve.

¿Quieres seducir?
Miente.
¿Pretendes enamorar?
Miente dos veces.


Para que.

¿Para que 
sirve rendirse? 

Eso lo puede hacer cualquiera.


Persecución.

De perseguir sueños
hemos pasado
a ser perseguidos por ellos.


Definición.

Un río
desembocando
en si mismo.
Definición
de mi persona.


Tortura involuntaria.

Cada pestaña
un latigazo,
cada parpadeo
hace de mi Cristo.


Día 16.

Día 16:

Sigo sin afeitarme,
sin mirar tu imagen,
perdiendo kilos
junto a la conciencia.

Me sobra barba,
me falta hacer memoria
y un motivo
para las diez de la mañana.


Enfermedad.

El amor
es una enfermedad
de trasmisión emocional.


Bautizo.

Y bauticé 
a cada una de mis sonrisas
con nombre de mujer.

Será que son huracanes,
no lo se.

viernes, 4 de marzo de 2016

Rimas como Bécquer.

I

He dormido sin calmar mis nervios,
aguantando el agrio aguacero,
agitándome, agudo grito rasgando serio
la paz que ya no posee este cuerpo.

¿Para que luchar contra lo inevitable?
¿Cómo escapar de mi propia sombra?
Muerde la conciencia, resulta impensable
pero aun así la ignorancia asombra.

Volví para escribir romances nuevos
y plasmé nuevas locuras transitorias,
no creo en la muerte y si en la vida,
pues de nacer no hay escapatoria.

Borracho un lunes, que gran artista,
aquel capaz de generar en un instante
la tristeza que produzca una sonrisa
y tome a la mala suerte por amante.

No soy Lázaro si no me levanto
 cuando mi mesías  me lo ordena,
me curo del silencio y del mal espanto
dentro de este ingenio que me condena.

Ahora relato proezas que no me pertenecen,
grito al mundo pordiosero que no lo necesito,
estúpida mentira tratas, trátame delicadamente
si me rompo por temor a caer en el olvido.

Es un continuo rumor
que descarado sopla secretos,
la sociedad es el gran tumor
que mata al hombre bueno.

Se que no me definen mis actos y es raro
si obro tal y como me define el capricho,
no me limito a estar y quedar al amparo
cuando el final para todos es un estrecho nicho.

Soy pesimista, lo se,
pero sigo sonriendo,
pues a pesar de ver
que todos están perdiendo
no paramos de tener
motivos por los que acabar muriendo.

Pisando al que pisa pienso
que las piedras piden probar
a prodigiosos portentos de peso
pendientes persistentes por penetrar
las partituras de un amor embustero.

Reanimar, por favor, a mi esperanza,
desconozco de un buen sanitario,
considero que el odio no vale para nada
y que la humildad es un lastre innecesario.

No existen los héroes pero si la heroína,
no creo en la sinceridad pero no miento,
se que la belleza es una mujer consentida
y que los enfermos no hallan escarmiento.

II

Ahora ahogado entre nostalgias
y reanimado por un escalofrío,
conozco el valor de la magia
y la pena de unos labios fríos.

Soy ávaro mortuorio que en rabia abunda,
me lo guardo todo para mi interior,
te lo regalaré a ti que me inundas
con la luz que conquista la oscuridad de mi corazón.

Más sobre papel sello el código
que codifica mi alma turbia,
no existe precio módico
para venderla a la suburbia,
y este emparejamiento resulta ilógico,
un arte limpio con una mente sucia.

Malpienso desde el piso
tirado sobre mil folios
calientes y ya escritos
con todos mis agobios.

El artista no se levanta fresco
si seca deja la fuente mental,
el mundano juzga con fruncido ceño
sin saber que es desconocedor de su realidad.

La bestia se torna en humano
ahora que todos los humanos son bestias,
a paso ligero sus ligueros en la mano
y mi lívido odiando quedarse a medias.

Y la inspiración responde
pero no repone su presencia,
aprendí que se esconde
de su nombre en inexistencia.

Valorá entonces al perro y no al amo
si el pastor solo pasea por el prado verde,
somos seguidores de un destino fatigado
y de un futuro que poco nos conscierne.

Solo escucho música con solos de trompeta
y saxos desdibujando mi conciencia,
alcanzar el amor, que bella meta
sería si no fuese por su encarecida esencia.

¿Esta fea y gran cicatriz?
No fue ella la causante,
ella fue la herida por la que morí
y la cerveza el estímulo cicatrizante.

¿A cuántos mares has derramado
una solitaria lágrima?
La soledad es un libro desamparado
en una mano que no para de escribir páginas.

Mi arte es solitario anhelo
por salvar de la locura mi alma,
hacer comprender al mundo entero
que hago lo impensable con palabras.

Fundo entonces un deporte de riesgo
con la probabilidad de muerte más alta,
despertarse, abandonar la seguridad de los sueños
y posteriormente, levantarse de la cama.

Considérame diablo
si considero al pecado necesario,
hice del odio un océano ancho
y de mi un mal corsario.

¿Quién no añora el sol
cuando la tormenta se alarga?
Echemos de menos la frustración
por no ver caer al sol por un cielo naranja.

Cuánto suspiro lanzado
como una moneda atrevida,
y como Bécquer dejo por terminado
un conjunto alto de rimas.