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viernes, 5 de febrero de 2016

Mi cabeza.

El orden de mi cabeza está desordenado.
Es la habitación del adolescente despreocupado
que tira su ropa al suelo y alborota los cajones
sin considerar ni tan siquiera  las visitas.
Así se situan mis pensamientos, discordantes,
fluyendo a su ritmo, susurrando un nombre,
gritando otro, caprichoso en su enfoque
de cuidar el kaos que compone la melodía
en el papel de banda sonora para mi ruina.
Y mi voz solo es una manifestación vana
de aquello que una vez quise junto a mi,
pero mis deseos, ah , mis deseos son caprichos
tortuosos que cambian según mi antojo,
a sabiendas de que no hay respuesta más allá
de tratar de llevarlos a cabo, señoría,
así juro ser inocente por enajenación,
movido por el empeño de un corazón solitario
que no se escucha ni a si mismo y así le va.
No prometo por tanto nada, se me entiende mal,
si no se ni que cojones quiero en esta vida
perdida ya de tanto querer saber que quiere de si,
de si se dan las mangas donde guardo un as
descomponiendo la escalera por donde asciendo
a mi paso maldito y ambiguo de caracol.
Es un hilo fino del que pendo, la cueda floja
que hace la función de soga y se aferra a mi cuello
en un tira y afloja donde mis palabras aprietan,
jóvenes irresepetuosas que niegan la autoridad
que le pertenece al pensamiento, y así se fugan,
sin análisis, sin control alguno, duras y fuertes,
lanzandas por mi boca seca dando a entender
más de un concepto equívoco y erróneo.
La culpa es que por aprender a olvidar rápido
olvidé como me podía enamorar, y así sigo,
enamorado solo de viejos amores: la vida,
la poesía, el karate que me encandiló
desde mi más tierna infancia, la familia,
los ojos verdes,las mujeres lindas, la cama
donde quiero poseerlas, los recuerdos atesorados,
los libros que devoro, mis amigos de siempre
y sus malditas bromas, canciones de rock,
la poesía hecha rap, Mortadelo y Filemón,
La Barcelona mágica de Carlos Ruiz Zafón,
esos niños que me llaman su catequista,
cualquier abrazo con motivo, la retórica ingeniosa,
y esta mente, a pesar de que es una cascada
de ideas que jamás podrán hallar un orden.