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martes, 12 de enero de 2016

La soledad.

Se que es la soledad, puedo probarlo.
La soledad puede ser caminar acompañado
y querer que el silencio haga acto de presencia,
la incomprensión del tiempo robado
no tan dedicado a los pensamientos propios
como a uno le gustaría poder dedicarse.
Estar solo no es estar solo en un lugar abandonado,
es carecer del entendimiento del mundo,
vaciar la sonrisa de una emoción y mostrarla,
muerto de uno mismo, un muñeco roto
que tan solo trata de imitar algo sin saber que es...
una pose, una falsa caricia no sentida
por la mano que ya no escribe. Cariño, tal vez.
Y di amor, si la soledad siempre me acompaña
dejando de ser yo para ser yo de nuevo,
buscando conocerme es olvidarme
en las cuestiones que en mi encierro,
y di odio, porque se que conocer mi furia
es comprender mi existencia, oir
la canción que mis pasos generan sin ritmo,
alzando el aire frío al cielo, el cielo que se alza
para hacernos pequeños ante el mundo  sombrío
y así, cada vez más solos, guardamos silencio.
Y se que siempre soy dos, ella y yo, yo y ella,
ella, la que me conoce y me desconoce,
ella, la que no duerme en mi cama pero
comparte la misma almohada,
y a ella, la conozco por conocerme,
si ella es yo, al igual que es tú, y aun así tú no eres yo,
pero ambos somos ella...
y por conocerla nos conocemos sin conocernos.
Soledad, solo es estudiar el complejo universo
que cada uno compone, sacrificando desde
el recuerdo hasta la lección de contar.
Enumerarás hasta uno, uno por cada motivo
que te obligó a ignorar al resto:
uno de desconfianza, uno de enemistad,
uno de traiciones...y sumado es uno. Eres tú.
Eres tú y eres ella, pues es la suma
aquello que la causa, una mofa al espíritu
que no se salva de quebrantar la fortaleza
de aquel rincón tranquilo que era la nostalgia
para prenderla en concurridas visitas
sin un orden que la encierran en ti.
Y su poder es inexplicable, volviendo de un metro
un largo y extenso kilómetro entre nosotros,
llenando al cerebro con incertidumbre,
y al corazón, pobre él, siempre víctima
y no causante, late por el mero hecho de latir,
perdiendo el coraje, una faena sin vista
en lo visto sientes que te desvistes al no volverte a visitar,
violando las palabras para dar luz a las frases,
a las que amo y aborrezco, por servir de algo,
por ser fruto de ella, mi maldita soledad.
Con ella me conozco y me odio, necesito de los demás
para olvidarme de quien soy realmente,
sin ella, soy un parias vacío que necesita conocerse
y alejarme de todos los peligros que la traición conlleva,
distanciarme de aquellos a los que quiero, con el temor
de no saber si seré soy un monstruo capaz de hacerles daño.
Y así, la soledad es un ciclo, en el que uno cae por necesidad
y por la misma la abandona, sabiendo que algún día
olvidará lo que le enseñó y volverá a visitarla.

"Me haceis sentir incomprendido, pero os comprendo."
-Rafael Lechowski.