Follow by Email

viernes, 15 de enero de 2016

Diario del observador del tren I.

Se encuentra frente a mi, sentada al igual que yo en este vagón de tren, tecleando en un móvil con dedos ágiles. Su mirada se encuentra concentrada, coronando una media sonrisa que me da a entender que debe estar teniendo una conversación que resulta de su agrado. Su pelo castaño oscuro se encuentra recogido en una coleta improvisada a la altura de la coronilla, tirando de cada cabello hasta dejarlo tenso. La contemplo con detalle. Sus ojos desfilan por una raya negra que decora el borde de sus párpados y alargando sus pestañas, en el lateral derecho de su nariz se encuentra un pendiente en forma circular, su cuello está cubierto por una fubanda de fondo gris con estampados a cuadros rosas, una chaqueta, que creo que es de lana, cubre sus brazos y le llega a la altura de las rodillas, sus piernas están enfundadas en unos simples vaqueros azul claro y calza unas deportivas nike negras de una suela blanca un tanto sucias. Sonríe de una forma un poco más amplia. Da la sensación de estar feliz. Sus labios son dos líneas finas carnosas decoradas con un tono más oscuro de lo que sería su piel al natural. Acaba de sacar un cigarrillo liado del bolso el cual reposa sobre su regazo. Colores rojizos decoran sus delicadas mejillas, y me da la intuición de que va maquillada con base, pero no soy capaz de distinguirlo en estos momentos, la verdad es que su imagen me tiene cautivado. Absorto en mis pensamientos se me antoja bastante guapa. Me imagino su personalidad evitando idealizarla. Al principio supongo que sería tímida y cortés, respondería por no resultar maleducada. Poco a poco podría cautivarla con mis palabras para sumergirla en una conversación en la cual podría sentirse cómoda, comenzaría a confensarme algo íntimo pero sin profundizar en detalles. Su voz me la imagino suave y dulce, una melodía sin ritmo. Sigo con mi aventura de miradas furtivas. Su rostro no es anguloso, al contrario,  es redondeado y atractivo. Me encuentro embelesado, pues he estado observando cada uno de sus gestos desde el momento que salimos de Nuevos Ministerios y me sorprendo a mi mismo, pues sigo sin poder evitar mirarla de vez en cuando de reojo. Aferra su móvil y tras iniciar una llamada, se levanta de su asiento. Se dirige hacia la puerta para marcharse, dejándome ahí sentado, escribiendo en mi portatil lo que hubiese sido mi intención de iniciar una conversación con ella si hubiera sido algo más valiente y llevarme aunque fuese tan solo su nombre.

Se que la olvidaré al poco tiempo, es más, ya la estoy olvidando, pero son esas sensaciones las que atesoro, las que son capaces de dejarme sin habla, causar un mare magnum de pensamientos en mi cabeza con poco, hacerme olvidarme del mundo y de mi, de que todo existe y todo acaba, porque se que lamentaré al percatarme de lo finito del momento, mas maldeciré el no poder seguir mirando la poesía que ella forma.