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viernes, 30 de diciembre de 2016

Juro que.

Juro que
su sonrisa cotidiana
rompe mi rutina,
que cuanto más la miro
más me olvido
que ya ni la recordaba.
En cinco minutos,
quizás diez,
observó
su femenina inocencia.

Juro que
no lo hago aposta,
como bobo me embobo
de esos ojos,
pero, oye,
tú, niña buena,
no quiero ser malo,
no quiero ser bueno,
ay, no se que quiero
salvo verte.

Juro que
un escalofrío
recorrió la cicatriz,
tal vez fue el invierno
o el gélido beso del pasado,
si nada es como antes,
antes que nada otro final,
al final nada calma
esta nostalgia,
te lo juro, de verdad, lo juro.

Juro que
hubo una vez
donde me pareció
ver amor en ti.
Ah, que tarde,pero que tarde,
si me lancé
cuando la piscina se cubrió,
un corazón de piedra
que, joder, que duro
choque contra mí.

Juro que
aun así
agradezco verte,
pero no se que quiero,
si ser malo,
si ser bueno,
tuyo
o de nadie.
Quiero no querer verte, pero
juro que no soy capaz.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Más allá de solo follar.

-Sabes, yo creía que el mundo estaba hecho solo para mí, pero resultó que caí aquí por pura casualidad, otro pazguato en busca de un sentido que nunca se halla.

Ella le miró a los ojos fijamente.

-¿A qué viene eso?

-¿A qué viene qué?

-Esa chorrada que acabas de decir.

Sin dejar de mirarla sacó un cigarrillo del paquete que guardaba entre sus manos y lo prendió. El humo inundó rápidamente la habitación.

-Soy antojadizo. Me apetecía decir lo primero que me viniese a la cabeza.

Dio una profunda calada y la tendió el cigarro. Esta lo aceptó de buena gana.

-Pensaba en aquello que compone realmente al mundo, en cual es mi función en este extraño lugar abandonado de Dios y demás voluntades inexplicables. ¿Estamos haciendo lo correcto en este parpadeo llamado instante? ¿Acaso nuestra mano no debería doblegarse a los designios de nuestra propia naturaleza y no ceder a las impuestas por la sociedad? Es algo que jamás entenderé.

Los ojos de aquella muchacha miraban sin comprender. Liberó una bocanada, apoyó el encendido tabaco sobre el cenicero que se encontraba a su izquierda. Descolgó un suave beso sobre sus labios.

-Te preocupas demasiado, cariño. Ni siquiera sabemos cual es nuestra auténtica naturaleza.

-Será que es tan simple que ni nos hemos dado cuenta.

Comenzó a acariciarle el rostro, con mano delicada y suave, y sin venir a cuento, le propinó una bofetada. El miró sorprendido mientras una sonora carcajada invadía sus oídos. Sin esperar a más, se colocó sobre él, aferrando sus muñecas contra el cabecero, disponiendo de una multitud de besos itinerantes por su cuello. Sus dientes dibujaban algún vago amago de mordisco con ojos cautivos en el descubierto pecho del hombre que se encontraba bajo sus inquietas caderas.
En un segundo, las tornas cambiaron por completo. Con un simple giro situó su fina espalda contra el colchón, forzada por los no ya tan cautivos brazos. Sus miradas chocaron provocando un aluvión de emociones, acelerando sus pechos, agitando los pequeñísimos poros de piel de cada uno y alimentando una extraña ansiedad que habita en el alma humana. Con el poco control que era capaz de mantener la devolvió el beso para nuevamente situarse en una posición donde la situación era dirigida por él.

-Será que estamos hechos para amar.

-Puede que seamos animales.

Juntó sus manos sobre la almohada para sujetarla con un único agarre. Con su palma derecha visitó su cuello, para irse desprendiendo poco a poco por el resto de su fino cuerpo.

-Si fuésemos animales no hubiéramos tardado tanto el llegar aquí.

Deslizaba, a paso lento, la goma de sus bragas, hambriento de deseo y placer. Notó entonces como ella, en su cautiva posición, se entretenía jugueteando con su oreja. Aquellos dientes se aferraban al cartílago mientras su lengua se asomaba intermitente para trazar breves círculos. Un escalofrío recorría su médula paseando de arriba a abajo.

-No me iba a acostar contigo nada más verte.-Susurró de manera pícara.

Su ropa interior voló acompañando dichas palabras. El efluvio decoró entonces sus dedos en una escena donde un pequeño gemido compuso la banda sonora.

-No me refería a eso.- dijo mientras continuaba con sus más fuertes deseos.

Sin responder a su última frase lo besó apasionadamente. Sus lenguas se abrazaban mientras bailaban al compás de sus propios impulsos. Soltó su mano y la situó sobre su nuca. Debió ella entonces de sentirse egoísta, pues tardó breves segundos en hacer lo mismo que él estaba haciendo en su bajo vientre. Sus ojos se clavaban, alzándose con sus respiraciones entrecortadas, con una boca que comenzaba a jadear. Pararon durante un segundo, mientras el buscaba el preservativo en la mesilla de noche.

-¿A qué te referías?- preguntó mientras le ayudaba a colocarse el condón.

La empujó con lascivia y abrió sus piernas.

-A que estabas preparada hace tiempo, pero por el miedo al que dirán, a la incertidumbre de que buscaba yo de ti te impedían dar el paso.

Poco a poco se introdujo dentro de ella. Se arqueó hacia el testigo techo, alzando sus pechos descubiertos al cielo que la reconocía como diosa. Ignoró sus últimas palabras y se dejó llevar, pasando las manecillas de reloj, perdida toda concepción de tiempo, impulsada con cada embestida, nublada con cada bote, despreocupada con cada arañazo que daba sobre su ya más que rasgada espalda, explotando en una confusa mezcla entre placer y desahogo. Se dejó caer al lado, satisfecha por el momento. Giró su cara hacia él y pregunto.

-¿Cuándo estabas preparado tú?

-Desde que peco para redimirme.

-¿Ya empiezas con tus filosofías?

Río con una sonora carcajada.

-Considero que amar es un pecado, y tú, eres la mayor de las tentaciones.

-¿Yo te tiento?

Se giro sobre su desnudo cuerpo y circuló alrededor de su ombligo.

-Una vez oí que el diablo viste tiernos ojos y una bonita cara. Dicen que así oficia para tentar mejor al hombre.

-Y yo soy el diablo, ¿no?

Sacó un nuevo cigarro, esperando que no quedara a medias en esa ocasión. Se sentó y guardó silencio. Lo encendió, pegó una fuerte calada y la liberó. A su lado aquella mujer lo miraba tapada más que con una fina sábana que se transparentaba y dejaba entrever su cuerpo.

-Solo até cabo. Tienes los ojos tiernos, la carita linda y me tientas solo con la idea verte. Y así es como sigo atando cabos, sabiendo que temías que buscara en ti o el amor de mi vida u otro polvo más. No pienso solo con la polla, es más, si lo hiciese creo que sería más inteligente. También fue así como me imaginé que te daba vergüenza decirme que pensabas de mí, pues temías la idea que podía forjar de ti, al igual que te acobardabas por si alguien se enteraba de tus deseos, pudiendo ser llamada puta o golfa, y por más que lo niegues, sabes que te afecta. - dio otra fuerte calada y continuó. - Es curioso ver como vemos a nuestras emociones como un punto débil cuando amar es la mayor de nuestras fortalezas. Es el mejor motivo por el que seguir luchando.

Ella mordía su labio inferior. No temía decirle que le quería, es más, desconocía que sentía por él, y algo en su interior le decía que eso también lo sabía. Tal vez era cristal pulido y veía tras ella, mientras que él era un muro, no se podía saber más que aquello que quisiera mostrar.

-¿Entonces cuándo estuviste preparado?

Sin responder pasó el cigarrillo y cogió otro preservativo.

-En el momento que tú lo estuviste.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Será.

Será la noche
o que yo ya he bebido,
será que soy cercano
aun cuando me alejo,
será que soy
o que no soy,
apaciguado rebelde
de mala ciudad,
será la sonrisa mi vicio
o mi vicio será 
motivo de sonrisas.
Que será, que será.

Será que duermen 
mientras yo habito en la madrugada,
será que no se ir despacio
y rápido me doy de bruces
confesando pecados
a mi nuevo diablo de dulce simpatía,
será soledad,
será emoción,
quizás rabia,
puede amor, puede
y solo puede, algo que será.
Será tonto el poeta,
será tonto.

Será siempre 
o por siempre,
será que nunca lo supe.
Será que la curiosidad mató al gato
y el perro lloró de pena,
que se preocupo de todo
menos de si mismo.
Será que cada vez queda menos
aire por respirar
si me lo roban
si la miro Dios, si la miro.
Será estupidez, seguro,
será estupidez.

Será que ya pasó el tiempo
o mi tiempo,
que no es el mejor momento
no se descarta,
pero guardo la mejor mano
fuera de la manga,
será una escalera que me alce
o un tobogán
que me deslice sin diversión.
Será que trato de hacer trampas
y ya no se puede
confiar más en mi.
Será que solo yo me entiendo,
será que solo yo.

Será que me repito
o que repito la misma historia,
será que quiero mejor final,
uno feliz, por variar,
variar por no decir
que soy amigo y por hablar.
Será que tienen sueño
y yo sueño que duermo,
Será
futuro impresentable
como presente.
Será que miento, juro
que será que miento
aun cuando digo toda la verdad.

martes, 13 de diciembre de 2016

Suspiros conformes. (relato)

Cada día hacia siempre la misma ruta: Salía de la oficina, pasaba por el bar de la esquina y tras unas cervezas con los compañeros, me dirigía a la estación de metro por la calle más ancha de la ciudad donde a cada paso que daba era un nuevo escaparate de pulido lustroso cristal que mostraba las más relucientes entre las ya mejores mercancías que poseía el establecimiento. Solía detenerme siempre frente al mismo y ensoñaba con un caro traje negro de elevado precio el cual se encontraba, de la manera más pulcra posible, colocado sobre un estirado maniquí de gran porte. Tendía por dejar escapar un leve suspiro y allí lo dejaba, abandonado a la suerte de un posible comprador que se lo pudiese permitir.
Mi economía siempre fue algo austera. Contaba a diario hasta el último céntimo, sin poder evitar que alguno cayera por algún descosido bolsillo por donde las monedas emprendían su fuga para mi desdicha. Y así vivía, estirando el dinero, de ese modo lograba tener lo suficiente como para pagar mi modesto pequeño piso a las afueras. Para ir y volver al trabajo debía hacer uso de todo tipo de transporte público, desde bus, tren y metro, perdiendo una hora y cuarto en el viaje, por lo que debía madrugar sobre esas horas donde el sol es tan tímido que apenas se asoma en el ocaso. El hecho de mover el coche me resultaba impensable. La gasolina no era barata y el mes tampoco es corto.

Nunca fue la vida que quise, de hecho, era todo lo contrario, pero al menos mi única preocupación era mantener los malabarismos que llevaba acabo con las facturas. Siempre quise viajar, conocer el mundo en todo su esplendor, contemplar imágenes que muy pocos hubiesen tenido el privilegio de tener frente a sus ojos, quería leer un buen libro en una terraza parisina sorbiendo un buen café, emborracharme en un bar irlandés donde las pintas fluyeran como el Amazonas, gritar "¿Qué pasa Nueva York" desde la ventanilla de un taxi cruzando la Gran Manzana y hacer el amor en una noche de carnaval en Venecia, bajo los estallidos de la pólvora como única iluminación de nuestras apasionadas caricias.

Tenía treinta años, vivía con la escasa compañía que da un gato callejero, que había tomado mi casa por hostal, y mis constantes y fluidos pensamientos. Había abandonado todo. Mis familiares y amigos residían en otra ciudad, no sabían donde estaba, solo, por una simple carta mal escrita, que me fui sin querer decir adiós.
¿Qué porqué lo hice? ¿Y porqué no? Quise nacer de nuevo y para ello debía dejar atrás mi vida anterior, tomando solo de mí el nombre y unas pocas posesiones. Como quien dice, cogí el petate y desaparecí.
Las primeras semanas en esta ciudad fue tediosa. No poseía dinero y hasta que conseguí trabajar como camarero para poder alquilarme una habitación dormía en la casa de las mujeres que lograba captar con mis malas artes o cuando estas me fallaban, que no eran pocas, yacía en algún portal.
Una vez comencé a cobrar por mis servicios hosteleros, me instalé en una mugrienta pensión, donde me codeé con pintorescos personajes que creía que solo podían existir en las novelas baratas. Uno de ellos, un anciano extraño, estuvo durante seis largos meses acusándonos de comunistas las escasas veces que salía de su habitación. Más tarde supimos que su vida se fue al traste el día que su mujer se arrojó al valor y lo abandonó, cansada de temer a aquella mano que tanto le había atormentado. Aquel ser despreciable gastó su poco dinero en un falso inspector, que con la misión de encontrar a su esposa, le estafó hasta el último billete que guardaba bajo el colchón. Una parte de mí se alegraba de dicho karma. También se hospedaba allí una mujer versada en las buenas artes del cortejo, lo que veía siendo una puta, pero una lo suficiente mayor como para estar en sus últimos años de profesión. Cada vez que conversábamos se entretenía ruborizándome con temas que despertaban mi más candente imaginación mientras ella reía divertida. Se publicitaba en páginas de periódicos de mala muerte que no servían ni para calzar la mesa, por lo que la calle la pisaba solo cuando el teléfono chillaba según llamaban sus clientes. Trataba de ser discreta en su oficio y presumía de conseguir estar ahorrando el dinero suficiente como para establecerse como una emprendedora de la hostelería dirigiendo una modesta cafetería que pretendía abrir en el centro.
Pero más allá de ellos, por encima de los visitantes a corto plazo y estos personajes propios de una novela romántica, se encontraba la huésped que más llamaba mi atención. No conocía nada de su pasado y a pesar de ser extremadamente amable, evitaba hablar con sus convecinos. Pocas veces alcancé a tener una conversación con ella que se saliese de lo meramente cortés, pero aun así logré conocerla un poco o al menos tuve esa impresión. Era una belleza, una preciosidad en toda regla. Obligaba a girarse a cualquiera que se cruzara con ella, tanto como hombres y mujeres, Sus oscuros ojos refulgían por si solos, el tiempo se ralentizaba con uno solo de sus parpadeos, y sus largas pestañas rasgaban el aire que se nos arrebataba con mirarla. Se dedicaba a la ayuda social, comprometida con numerosas causas, su amable tacto era una invitación a ser ayudados por tan delicadas manos, fuera para lo que fuera. Para algunos era un ángel, algo divino, el mero trato con ella te hacía consciente de lo repugnante que podemos ser pues era imposible no compararse con ella. Tristemente igual que como vino, se fue, sin decir ni una palabra a nadie. Ese karma verdugo fue al que más maldije.

Marché de allí cuando logré ser contratado como comercial en la oficina que tan bien ha logrado tanto como tratarme como aprisionarme. Mi única ruta de escape a tal rutina era una cafetería de una vieja conocida, donde nos reuníamos cada fin de semana un grupo de amigos para debatir sobre cualquier tema. Es agradable poder dar mi punto de vista respecto a algo, disfrutar de un buen ambiente jocoso donde el alcohol fluye lentamente por nuestras venas y llenos de un humo gris tosemos entre fuertes carcajadas.

A pesar de la condena que tenía por rutina, no odiaba nada de esas acciones, vivía sin aspiraciones, hecho un tanto triste, pero que grato beneficio supone no esperarte los regalos que otorga el destino y no sufrir la decepción ante la sorpresa. Aun poseía la paciencia suficiente como para tolerar a mi nocturna soledad, podía controlar mis caprichos y aceptar la realidad tal y como era, sin la necesidad de tragarme un embuste héroes, abrazaba a los acontecimientos venideros y admitía que mi casa era una birria, que mis vecinos no eran más que familias que sufrían el desasosiego de la mala suerte, que mi casero se pulía el alquiler en burdeles de mala fama. Aceptaba que mi jefe era pariente del Drácula de Bram Stocker, chupándonos, a nosotros, sus trabajadores, la poca sangre que no nos hervía tras aguantar su malhumorada personalidad y sus incesantes críticas junto a sus amenazas de despido. Aceptaba a los carteristas que a las ocho de la tarde aprovechaban los descuidos de los pasajeros del metro e incluso entendía que se viesen tentados ante el dinero fácil. Aceptaba todo porque todo me había aceptado. Y nunca cambié mi rutina, nunca dejé huella en nadie ya que tampoco tuve necesidad de ello, siempre estuve solo, sin una mujer que durase más de dos días a mi lado. Fui carente de amor, un loco de costumbres cuerdas de simples pretensiones que tan solo disfrutaba un día a la semana cuando se embriagaba con licores baratos y se despejaba con humos inmorales para la sociedad.

Así se resume mi juventud, mi madurez y parte de mi vejez, conforme, suspirando mientras miro aquel elegante traje negro que esperaba de mi un acto de valentía.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Y si, es diciembre.

Dejé muchas frases a medias
por remendar los calcetines para diciembre,
también dejé de beber
pero por un rato, para respirar
algo de sus malos humos,
ahogando mi conciencia en silencio,
ahorcando a mi moral con el suspense
que deja en el suspiro
que hay entre el ruido
que provocan sus tacones.
Y si, es diciembre y hace frío,
rezo porque llegue el verano
y unos labios que sepan atarme
a la locura que algunos llaman amor,
pero, amor, tú me oyes como nadie
ya que nunca me respondes
a los versos que precipito contra tu presencia,
divina inspiración mía nacida de la abstinencia
ya que el alcohol lo dejé, por falta de presupuesto
o presupongo que en el puesto tercero
de mis necesidades más primarias.
Y si,hace frío, me ando cagando en la puta
y orinando por culpa de la cerveza,
culpando a diciembre por ser tan gélido
como los besos que solo imaginé.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Cruel naturaleza.

Fue su amor testigo de una muerte terrible,
La del hombre que no siente, siente que no es hombre
Si su corazón se marchita según se apaga su lumbre.
Que gemido al verse perdido en la nada sombría,
Al encontrarse sobrio de demencia en su cordura,
Con voz asustada, mostró su horror a semejante calma
Diciendo – vida mía, ¿Por qué me niegas tu ayuda? –
Llorando en un triste ruego que no alcanzaba oído
Si en su mirada hay arrepentimiento y desprecio.
Menudo ruido hace en su conciencia el silencio,
Una ruina que le golpea su estado y lo deja aún más mohíno,
Y ella, satisfecha por fin, de ser verdugo de su verdugo
Abandona a quien mató a su felicidad, al embustero
Que prometió amarla como nadie lo hiciera, el embustero
Que engañó a sus sentimientos dejando sus labios mudos
Y sus ojos, cansados de ver su cruel trato permanecieron ciegos
Esperando alguna respuesta en dicho destino oscuro.
Y a tientas busca guardar luto a ese testigo de su tortura que llamó amor,
Y a tientas busca perdonar a ese enemigo al que en locura llamó amor,
Y a tientas busca recordar a ese olvido que sirve de ayuda para decirle adiós,
A Dios por favor ruega resucitar su latido y cura para su rencor.
Ese hombre sigue llorando, mustio y en soledad
Con los ojos apagados encendiendo su lívido en burdeles,
Vaciando su vacío en largos regueros de testosterona y semen,
Depresivo porque no le hacen el amor igual.
- ¡Era mía! – chilla condenado a una inocente botella,
Rabioso la llama al teléfono, pero solo hay pitido y no contesta,
Desesperado rompe su roída alma al deseo de verla
Para no verla en un futuro dentro del abrazo de caricias ajenas.
Enajenado con el sordo sonido de su llanto clamando sus penas
Agarra un cuchillo de acero fino de mellada madera.
-Tú que has sido causa de mi felicidad y ahora mi dolor,
Tú que eres incapaz de perdonar un mero error,
A ti, a quien lloro como perdida amada de mi vida
Cuando eres en realidad mi amada vida perdida,
El tentado fruto de mi anhelo en este deseo de muerte
Dio manzanas de la semilla que yo sembré en jardín ajeno
Y lanzó la discordia en nuestro suculento banquete,
Siendo tú la más bella, olvídate de Elena
Si es a ti con la que con todo mi corazón quiero,
¿es qué acaso ya no me quieres?
¿no ves como añoro el relente de tu piel nocturna y buena?
¿Cómo muestro mi arrepentimiento sin cese?
Si a mi pesar esta es la única solución que yo encuentro. –
Caminó con paso mezquino, doblegado a su estúpida manía
De tomar a alguien libre por presa susurrando - es mía. –
Más suya era la condena de vivir sin ella
Cuando podía probar otros besos, otros brazos,
Impensable para un obseso que se lacera
Sin pensar ni por un momento
que por sus mentiras pudo haber recibido ya peor daño.
Ansiaba agazapado frente su umbral consumar
Su perpetrado último crimen, el tercero para ser exactos,
El primero cuando cayó en ajenas manos en traición,
El segundo mirando a sus ojos negando su atroz acción,
Y el último clavando su cuchillo en sus entrañas
Mientras de nuevo se enamoraba de sus ojos grises,
Coloreando sus manos con la sangre de la mujer que amaba
 ¿Por qué la culpa aun lo persigue?
Y fue matarla su suicidio, quitarse de en medio sin darse cuenta,
Con las yemas manchadas por la culpa, tumbado sobre la acera
Aferrado a su palma, desangrándose, como un asesino que se creyó poeta.

viernes, 18 de noviembre de 2016

No solo duelen los golpes. (Opinión)

Ayer, jueves 17 de noviembre de 2016, presencié el monólogo de Pamela Palenciano gracias a la UCM.
Lo que trato de reflejar aquí va a ser mis sensaciones a lo largo del monólogo, sin dar avances de sus palabras para aquellos que no lo han visto, a los que invito a que lo vean (aquí dejo el enlace:  https://www.youtube.com/watch?v=18BTVDC1FRc ) y reflexionen sobre esa cruda realidad. En ningún momento voy hacer “Spoiler”, por tanto, si no has visto la obra sentirás que te falta información para entender mis palabras, pero, aun así, el mensaje será claro.

Mi sensación antes de entrar es que iba a ser una mala crítica desde el punto de vista de una “feminazi”, es decir, una mujer hembrista, de esas que a cada paso que dan consideran que demuestras ser un misógino, donde creía que iba a reírme de lo radical que podría sonar. Resultó ser todo lo contrario.
Desde el minuto uno del monólogo logró captar la atención de todo el público (compuesto por hombres y mujeres a partes iguales), con un principio bastante cómico que no dejaba de reflejar una dura realidad, donde por culpa de una cultura patriarcal arraigada los hombres tienen prohibido llorar y las mujeres alejarse de unas “normas de comportamiento” impuestas por la sociedad.
Pamela consiguió con facilidad su objetivo: incomodarnos. Desde mi punto de vista masculino llegué a plantearme en algún momento que podría estar exagerando, pero al contemplar como gran parte del público femenino vertía más de una lágrima al sentirse identificada con sus palabras, abrí los ojos. Aquella mujer que estaba subida en el escenario tenía razón, no solo los golpes duelen, pues sufrí en más de una ocasión una conmoción al verme reflejado en alguna de esas acciones masculinas, incluso en las de maltrato que ella hablaba, para ser más exactos con lo que ella denominaba “el silencio mortal”. Matizaré que habla de maltratos en el que ambos géneros, consideran que es algo normal, ningún tipo de agresión física. Comprendí entonces que no solo se maltrata golpeando, que las palabras dejan heridas invisibles y que no suelen cerrar por completo.
Estando en esa tensión en la que llegaba a sentirme culpable cuando reía por alguna de las partes cómicas, fue la misma Pamela, al decir que este comportamiento no era totalmente por nuestra culpa, que yo pude aflojar mi conciencia, que se debía a la educación recibida y al reflejo de la sociedad, donde el hombre siempre se ha situado por encima de la mujer, pero que estaba en nuestras manos evitar ser así y que nuestra futura descendencia elija el camino de la igualdad. Vi entonces como podía liberar esa carga mental, y no era otra que en mi día a día.
En más de un momento llegué a notarme incómodo, y no porque yo hubiera llevado acabo dicho maltrato, sino de haber sido testigo y no haber actuado ante dicho castigo verbal. La tirantez que me aferraba se liberó por completo al ver que me acercaba más al modelo de lo que unos podrán llamar una pareja ideal, pero yo prefiero llamar, y estoy seguro que la autora de dicho monólogo estará de acuerdo conmigo, simple y llanamente, pareja, pues aquello que cita con anterioridad carece de nombre.
Me resulta impensable comportarme como la persona que más aparece en sus palabras. Agradecí mucho haber recibido una buena educación donde se me enseñó a tratar al resto como quiero que me traten a mí, independientemente de religión, raza o en este caso, género. Ahí me plantee yo el dilema. Todo era una cuestión de educación. ¿Por qué no se llevan a cabo más campañas de concienciación en institutos que en campañas políticas? Y con concienciación no solo me refiero a la violencia machista existente en nuestros días, sino de cualquier tipo, pues si las comparamos con las políticas, solo sirven para promover la imagen de una persona incapaz de hacer nada ante estas injusticias y desigualdades sociales.  ¿No dijo Pitágoras “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”? Planteemos este hecho para todo.

Al final del monólogo, me acerqué a Pamela, y la expresé cuanto me había gustado y mi sorpresa al oír que era tachada de radical, pues todo aquello que refleja en su obra está a la orden del día. Será que duele la verdad, que no nos gustan los cambios, pero por suerte o por desgracia, es necesario evolucionar.

Y si habéis leído esto hasta el final y has visto la obra que es objeto de mis comentarios, estoy seguro, que es muy posible que me deis la razón.


Aquí os dejo su página de FB por si queréis seguirla; https://www.facebook.com/nosoloduelenlosgolpes/?fref=ts

lunes, 7 de noviembre de 2016

El buen dictador.

Nunca me imaginé que llegaría a alcanzar un punto tal álgido en mi carrera como podría ser esa entrevista. No podía negar que no iba a ver un punto más alto, que con ese instante iba a alcanzar la cumbre, consciente de que iba a generar un hecho histórico capaz de trascender en todos los libros, siendo materia de estudio. Traté de soportar los nervios que se apoderaban de mi voz hasta lograr tragármelos. Seguía sin comprender, como de todos los periodistas de renombre había preferido elegirme a mí, un mero empleado medio de una revista medianamente conocida. Sabía que no era el momento de cuestionarme nada, que debía aprovechar esa oportunidad y dar el salto al triunfo del trabajo que nunca terminó de llenarme. Miré mi carpeta llena de hojas repletas de preguntas y me concentré en él.
Estaba frente a mí, con un porte natural, nada excepcional. Nada de su imagen lo era. Su rostro no poseía atractivo alguno, aunque no por ello era desagradable. Sus ojos eran oscuros, profundos, denotando cierto aspecto cansado. Su barba poblada no se mostraba descuidada, reflejaba mimo y cuidado, su vestimenta se componía por una camisa blanca hecha a medida, un chaleco negro del que pendía la cadena de un reloj de bolsillo y una sencilla corbata de seda roja. Nadie se imaginaria que ese hombre de mediana estatura de aspecto tan delgado era una de las más poderosas del planeta. Su trato, aunque cordial y educado, resultaba ser cercano, concediendo cierta familiaridad en sus palabras. Debía ser causa de su fuerte carisma.
Tragué saliva y continué con la entrevista.

- ¿Podría decir como llego a donde está ahora?

Sonreía como si la pregunta realmente le gustase. Acarició su repeinado cabello cano, el cual le llegaba hasta la nuca y se acomodó en su asiento, echando el peso de su cuerpo hacia delante.

-Eso es algo que yo me suelo preguntar. Tan solo era un mero profesor más en un sistema educativo nefasto a causa de la gestión del gobierno de aquella época. Las reformas legislativas estaban causando un gran descontento en la población, sobre todo en la parte activa de la sociedad, la cual se contemplaba desempleada, sumándole a la gran cantidad de jóvenes estudiantes que observaban como su futuro podía verse truncado por unas medidas que refrenaban sus posibilidades y acababan con sus aspiraciones de vida. Como parte del colectivo del profesorado, yo me tenía por otra víctima más, así que, cansado de todo esto, comencé a ser un integrante activo del nuevo partido del momento, el cual es que aquel que lideró actualmente, el Progreso Real Español. No tardé mucho en ganarme la simpatía de los dirigentes, pues uno de ellos resultaba ser un antiguo conocido mío de la universidad, del cual jamás me esperé que estuviera al mando de ningún partido. Carlos Martínez era un claro conocedor de mis ideales y de mis deseos de reformar la educación española. Durante dos años, dejé de ejercer de mi vocacional profesión, trabajamos duro para dar a conocer nuestro programa. Nuestra gran acogida entre la población asustó a los cuatro grandes partidos que dominaban el panorama político, así que comenzaron las difamaciones, no solo hacia el partido, sino personales. Llegué a ser acusado de tener trato con organizaciones radicales, pues había logrado convertirme en uno de las tres grandes cabezas dirigentes.

Volvió a acomodarse nuevamente, sonriendo inocentemente, pero por alguna extraña razón, sentí como si un diablo bueno se escondiese tras esa inofensiva expresión.

-Siempre oí que si no puedes con el enemigo debes unirte a él, y ellos eran bastante poderosos con sus influencias. Pero yo nunca he estado para servir a nadie, y soy buen conocedor de los puntos débiles de aquellos que me enfrentan, así que planifiqué como tenerlos bajo mi control. Fue en verdad muy sencillo, solo tuve que carecer de escrúpulos, algo propio de un buen líder. Los invité a todos a una reunión con el pretexto de pretender negociar pactos electorales. Solo se presentaron dos de los cinco convocados, y a esto se les propuso que cederíamos a cualquiera de sus pretensiones con la única condición de que queríamos un cargo en la diputación y la entrada en una gran empresa como consejero tras finalizar la legislación que nos correspondiese. Obviamente ellos desconocían del hecho de que estaban siendo grabados, y su naturaleza, corrupta hasta la médula, no pudo evitar aceptar nuestro acuerdo, sin antes comentar lo estúpidos que eran los españoles que los votaban.

Extendió sus manos abiertas hacia mí.

-Una semana después recibieron dicho material audiovisual por correo postal. Estaban bajo nuestro control.

Era impresionante la frialdad con la que aquel hombre estaba hablando. Era una máquina con un claro objetivo carente de moral, un fin que justificaba los medios hecho carne.

-Nuestra meta era acabar con la corrupción. Los imbéciles creían que requeríamos gobernar para poder hacerlo. No necesitábamos ocupar la mayoría de escaños para hacerlo, es más, lo hicimos antes tan si quiera de ocuparlos. Algunos podrán pensar que actuamos como una organización terrorista o una institución criminal, y nada más lejos de la realidad, pero el resultado nos avaló la satisfacción de la población. No solo chantajeamos tras hacerlos caer en trampas, los amenazamos a todos, siempre de una forma personalizada, haciendo peligrar aquello que más querían. Recuerdo como con el señor Ramírez nos bastó solo con tomar un par de fotos a su hija y mandárselas impresas llenas de sangre. Fuimos lo más profesionales que pudimos para no dejar prueba de todo aquello que hacíamos.
No cabía en mi estupor. Aquel hombre admitía haber llevado a cabo prácticas delictivas para alcanzar la presidencia. No comprendía por qué hacía eso.
- ¿Estaban al corriente los otros dos dirigentes de su partido? - pregunté.
-Oh, no, eso era impensable. Ellos poseían una moral inquebrantable y unas fantasías fuertemente arraigadas. Creían que diciendo toda la verdad la población les iba a votar, sin pensar si quiera que fueran fáciles de desacreditar en un mitin. Yo me encargué de que eso no ocurriera. Todo lo que proponíamos era fiable y posible de llevar acabo. Pensábamos en invertir fuertemente en los campos que más contentaran a la población, no solo en educación y sanidad, si no en la mediana y pequeña empresa, propondríamos unas matrículas universitarias gratuitas y una subida en las subvenciones. Inviable solo eso de por sí, endureceríamos toda ley que castigara la corrupción, con la ayuda a las PYMES pretendíamos así generar mayor empleo. Legalizando ciertas cosas pretendíamos, como la marihuana, por ejemplo, crear puestos de trabajo y una gran comercialización del producto, que aparte de contribuir con impuestos, movilizaría la moneda, al igual que la legalizada prostitución, más controlada y regularizada, cotizando e impidiendo la posibilidad de trata de blancas. Esto encima traería un turismo atraído por estas libertades que, curiosamente, fue mayor del esperado.
-Pero para llegar a ese punto debió alcanzar la presidencia. ¿Cómo lo logró?
-No negaré que me apoyé en ciertas organizaciones criminales, las cuales me supusieron de gran ayuda. Yo les daba carta blanca para actuar y ellos contribuían de una forma lucrativa para todo el mundo. Logré ganar las elecciones del partido y comencé a oficiar de secretario general del partido. Con toda la política española jugando en la palma de mi mano, me daba igual ganar o no, yo sería quien mandase en las sombras, pues aquel que fuera el presidente estaría bien aferrado con la correa que le había colocado en torno al cuello. Aun así, mi gran carisma y la escasa competencia que dejé que me hicieran, me brindó la mayoría absoluta, ganándome incluso el voto de las personas fieles a su partido de toda la vida. A lo largo de esos cuatro años apliqué todas nuestras ideas, solo teniendo en contra los grandes empresarios. Antes de llevar acabo cualquier tipo de chantaje contra estos, busqué una medida que pudiese congraciarlos, y al tercer año de mi mandato se llevó acabo la solución que nos ganó encima que muchos millonarios trataran a España como un paraíso fiscal. No había nada ilegal, Europa no podía criticar ninguna de nuestras acciones, pues estábamos en los mínimos estipulados. Los impuestos a las grandes fortunas eran bajísimos y los bancos españoles, una vez hechos públicos, cobraban los intereses más pequeños de la Unión. Un rico es lo suficientemente idiota como para querer tener más en vez de obtener aquello de lo que carece. Esta medida nos permitió bajar los impuestos, dando igual la clase social, impulsando a nuestro país a ser una de las mayores potencias mundiales.
Dentro de mí sentí una confrontación. Sus palabras se basaban en un sentido lógico y se observaba que era un mal con un fin correcto, pero en el fondo de mi ser, algo me seguía diciendo que estaba mal.
- ¿Podría decirnos como logró poner a un país como era España en la cumbre de las grandes potencias?
-Pues de una forma tan sencilla que parece ridícula, pero por desgracia, debido a la existente corrupción que había, a la cual no le interesaba, nunca se llevó acabo. La educación. Motivamos a los jóvenes a formarse, imitando en ciertos aspectos a la dada en los que se daban en la cabeza de aquel entonces. Con jóvenes que podían acceder fácilmente a la enseñanza, la cual se enfocaba en educar de verdad y no en hacer memorizar datos inservibles, creamos una sociedad preparada, no solo concediéndoles la formación profesional que requerían, sino que les dimos unos valores de esfuerzo y constancia propios de una buena sociedad. Tras esto, invertimos con subvenciones en I+D. Lo segundo que hicimos fue desprendernos de nuestra dependencia energética. Primero hicimos público nuevamente el control del gas, agua y luz. Lo segundo fue depender de las energías alternativas, las cuales mejoramos notablemente, y así acabamos exportando nuestra electricidad. Así fue como España alcanzó el primer puesto en casi todos los campos.

-He de decir que me sorprende toda la franqueza con la que usted habla. Ahora llega el tema más candente. ¿Cómo alcanzó un poder tan absoluto como el que usted posee?
Sonrío más ampliamente. Un escalofrío recorrió mi médula. Sentí como si el diablo mismo me estuviese enseñando los dientes.

- ¿Qué es lo que le impide hacer a uno lo que uno quiere realmente? Las personas que se oponen debido a los conflictos de intereses. Yo acabé con esa barrera. Di pan y circo. Cree una sociedad semiperfecta. Bajé la delincuencia y el paro a mínimos históricos, les di solvencia económica, entretenimiento, oportunidades, etc. Les di todo. Fue entonces, con un pueblo más que satisfecho, que comencé a reformar artículos constitucionales. Mucha de esas reformas les repercutía a ellos de manera beneficiosa, mientras que poco a poco, me concedía más poder, ya fuera dándome inmunidad judicial o aumentando mis años de mandato. Fue con mi tercera legislatura que logré aprobar la ley que me diera poderes absolutos, tras haber quitado cualquier tipo de autoridad a las cortes y a la monarquía. Incentivé las autonomías, por lo que el descontento no fue masivo. Europa se me opuso en casi todas mis acciones, pero bailaban a mi compás, al fin y al cabo, me había dedicado a quitarles cualquier tipo de negocio internacional. Todo pasaba por España y dependían de ella.
Aquel hombre de alguna forma lograba ganarse mi respeto. Sabía en quien apoyarse y cómo hacer que lo apoyasen. Todo el mundo le rendía pleitesía. Nadie le llevaba la contraria, todos eran conocedores del peligro que suponía llevársela. Había acabado con cualquier tipo de insurrección. Quien lo hiciese simple y llanamente desaparecía. No se veía a nadie, solamente su presencia se difuminaba, incluso dentro de los registros civiles. Pocos eran los atrevidos. Todos tenían vidas cómodas de fácil ascenso social ¿Por qué oponerse? La educación, aun siendo como él la definía, se contemplaba un adoctrinamiento donde el culto al presidente era palpable y ahora, todos adoraban a ese personaje que había cambiado el orden del mundo por tan solo unos ideales. El que fue un mero profesor de instituto había logrado tener a todas las naciones bajo su yugo. Así era su influencia.
Inmerso en mis pensamientos, no me fije en que se ponía de pie.

-Doy por terminada esta entrevista.

Tarde un poco en reaccionar, pero logré ponerme de pie y con cierto nerviosismo, estrecharle la mano.

- ¿No tiene ninguna otra declaración más señor Presidente?

Su contacto parecía capaz de prenderme. Soltó mi mano y se estiró el chaleco. No había dejado de sonreír en ningún momento.

-Siempre consigo lo que quiero, y contentando a todos. Me convertí en lo que más odiaba para poder llevar acabo mis sueños, y no me arrepiento. Conseguí mejorar una sociedad incapaz de dirigirse a sí misma, y a mis sesenta años ya solo me queda encontrar un sucesor que llevé a cabo mi línea de trabajo. El ser humano es incapaz de gobernarse a sí mismo, por eso perdí mi humanidad. Solo privé de una libertad y fue la de apresarse de nuevo en un sistema nefasto donde los incompetentes podían tener voz. Mi plan para vosotros es como el de un padre, buscando siempre vuestro bien y castigándoos si os salís del camino correcto. Yo no soy Dios, pero si Dios tuviese algo de maldad sería lo que nosotros llamamos justicia, y creo que he sido justo con todos, menos conmigo mismo.

Comenzó a andar hacia la salida, seguro de sí mismo. Se volteó en el último momento y me miró.

-El mundo no se conquista a través de guerras, se gana siendo el miedo al que nadie se atreve a combatir, siendo una amenaza que nunca acecha, pero que está ahí, un peligro que te puede acabar. Solo cuando creen que solo les queda combatir para liberarse de ti, les tiendes la mano y le ofreces lo que más desean. Nadie que posea aquello que desea va a molestarte. Tenlo claro.
No entendí a que venía eso, solo comprendí que tenía sentido. Vi en aquel hombre que me fascinaba la auténtica verdad. Él no quería el poder, quería ser el poder, y buscaba hacer lo correcto, aunque tuviera que hacer algo éticamente malvado, pero, ¿Qué es la ética si no una concepción humana? No se alcanza la felicidad si no pones nada en juego, igual que no se alcanza la paz si no estás dispuesto a hacer la guerra.
Y se marchó, dejándome con las reflexiones que había producido en mi cabeza. El equipo de cámaras recogía todo el material mientras yo permanecía ahí de pie. Fue entonces de que me percaté de que tenía algo en mi bolsillo. Deslicé mi mano y extraje una tarjeta donde venía inscrito una dirección y una pregunta.

“¿Crees acaso que soy el camino correcto?”


Guardé la tarjeta en mi bolsillo y sonreí. No pude negar que sentí como si un diablo bueno se escondiese tras mi rostro y que mis pies se movieron solas. Al fin de cuentas el camino correcto siempre está marcado para que no te salgas, ¿no? 

martes, 1 de noviembre de 2016

A quien no conozco.

A tus ojos les digo:
verdor de calma,
calmada alma, perdón,
por observar tal esperanza,
una alabanza que no entiendo,
y si entiendo es verdor nostálgico,
si mirarte es volver a ser niño
soñando fantasías
donde la magia se brinda en tus manos.

A tu sonrisa le digo:
perpetua perdura por favor,
si encontrarse tu sonrisa es
olvidar la vida,
la presión que aprieta al pecho,
y mejor si la veo, mejor,
tierno calor sobre el latido
provoca el escalofrío
que abrasa a mi inspiración.

Porque digo aquello que callo
y callo cuando no debo,
si me doblego
ante tu libertadora esperanza,
unos ojos dulces, verde caramelo,
que me apresa a la concesión
de un libre papel.

Porque digo tal vez demasiado
sabiendo que de poco sirve 
si la felicidad no invade tu cuerpo,
la luz blanca que resuelva el silencio,
aunque diga que eres linda
sabiendo que de poco sirve
si no te hago sentirlo.

A ti, que no te conozco,
de la que solo se lo que me imagino,
ojala seas como creo
si creo que así serás feliz,
aunque no haya hombres buenos
ni buenos en general,
aunque cielo y tierra quieran conspirar 
en contra de tus ojos
y su bonito verdor,
aunque tu sonrisa aveces se tuerza
en una mala mueca irreparable,
aunque todo o nada pase,
de corazón, a ti, desconocida, te digo:
ojala seas feliz.


 

 


domingo, 23 de octubre de 2016

Ojos negros.

Yo que nunca he sido dado
a ver belleza en los ojos oscuros
y ni mucho menos a quererlos,
deseé aun así su tan bonita mirada,
a considerarla necesaria en mi rutina
como una cama ante la somnolencia
o un café para la tarde pesada de un mal día.
Dan ganas de sugerirla un encuentro
y repetirlo hasta morir,
morir para más tarde encontrarnos,
encontrarnos para vivir de nuevo
y repetir lo más pronto posible este ciclo:
Yo mirándola, ella mirándome,
pensar ambos en lo que puede
estar pensando el otro,
volver a escribir este poema
donde comprendo que los ojos
no son bellos solo por su forma,
más bien bellos por su forma de mirar.
Y es una mezcla curiosa ella
pues se compone por divina presencia
y por su cotidiana preciosidad,
la diosa a la que rezo
y la mujer a la que me gustaría amar.
Ahora, jodido por las circunstancias
que apresan a este presente,
con su corazón cerrado al amor,
al mío incluido, culpando a mi latido
tan abierto a enamorarse,
me conformo con imaginar
que su sonrisa me pertenece,
aunque solo sea por un rato,
ahogando a mis pasiones,
conversando con sus labios
en lenguaje de caricias,
entendiendo que el límite del universo
llega con nosotros. Con ella y yo.
Pero siendo realistas,
no son sus ojos míos, como tampoco
lo es esa impresionante sonrisa,
esa personalidad tan fuerte
y esa consideración por los suyos.
Solo puedo vivir, como el resto
de personas que la ven
a suspiro de "ojalá a mi."


miércoles, 19 de octubre de 2016

Capítulo 26: Dos cabezas. (Por los míos mi fe)

Lanzaba la pelota hasta tal punto que prácticamente rozaba el techo. Su movimiento ya era mecánico, tumbado sobre la cama, estiraba codo y muñeca y dejaba la bola libre en el aire, alzándose sin mayor preocupación que la de caer de nuevo. Para no romper con su hábito, su cabeza era un bullicio de ideas que colapsaban en su juvenil mente. Reconocía haber actuado precipitadamente, pero también se excusaba con la tensión del momento. Una parte de él se relamía del golpe propinado. Recordaba como apretó su puño tan fuerte como era capaz, como cargó su brazo hasta el punto de sentir todos sus músculos en el límite, la cara de Andrés percatándose del inesperado golpe, de la poca sangre que salpicó y moteó sus nudillos. Todos le miraron sorprendidos, y era obvio, todos conocían esa faceta tan pacífica de Damián que le caracterizaba. Lo siguiente que recordaba fue ver a su hermana llevándose las manos a la cara al enterarse, los reproches de Andrea sobre su oído y la mirada acusadora de Castillo.
Se había dado cuenta de que no fue el acto más apropiado, sobre todo cuando Ramón estaba tendido en el suelo, gritando del dolor por aquel hombro fuera de su posición natural.
Dejó de lanzar la pelota. Recordó como alguien gritó que si no fuera por la urgencia del momento todos se hubiesen lanzado contra él. Apretó los dientes con rabia. Que fueran, sabía que podría actuar otra vez de la misma forma. Jamás se le olvidaría esa sensación tan animal que recorrió su espina dorsal al contemplar a Andrés mirándole desde el suelo. Comenzó a imaginarse que pasaría si le anduvieran buscando para vengarse. Escenificó como golpearía al primero igual de fuerte de como lo hizo con Andrés y correría hasta que fueran de uno en uno, dándose la vuelta solo para noquear a otro más. La inexperiencia dominaba su cerebro, centrado en dejar su macilenta anatomía intacta de los enfadados jóvenes que imaginaba que le perseguían.
El timbre le despertó de sus ensoñaciones. Un sudor frío recorrió todo su cuerpo. ¿No serían capaces de ir a buscarle a su propia casa? Estaba solo, podían haberlo sabido de alguna forma. Volvió a sonar el timbre impaciente. ¿Debía contestar? Inseguro, se levantó de la cómoda cama, dirigiéndose hasta el telefónillo con paso temeroso. Descolgó el auricular y permaneció unos segundos en silencio, tratando de oír al grupo que podría haber ido a su encuentro.

 -¿Quién es?-alcanzó a decir.

-Soy yo, Dami, ¿puedo subir a verte?

La voz de Elena le devolvió la sangre a su empalidecido rostro, Calculó mentalmente cuanto iban a tardar en volver cada integrante de la familia. Tardaría al menos una hora y media su madre ocupada en unos recados con su abuela, su hermana, la cual no le dirigía la palabra, había quedado con unas amigas y su padre andaba trabajando.

-Sube.

Apretó el botón que abría la puerta del portal y descorrió el cerrojo de su casa. No recordaba haber quedado con ella, así que le pillo todo por sorpresa. Corrió a su habitación a ponerse una camiseta y guardar un poco de orden en su caótico hábitat de adolescente salvaje. Escuchó entrar a Elena entrar en su casa y dirigirse hacia su habitación. Dentro de lo que cabía era un lugar respetable, sin tener muchas cosas fueras de lugar y sin estar hasta el extremo personalizado.

-¿Se puede?- dijo mirándole desde el marco de la puerta.

Sus ojos relucían con esa inocencia tan propia de la muchacha, transmitiendo calma con el bello azul de sus iris. Se acercó hasta Damián y le regaló un beso en los labios.

-¿Y está sorpresa?

Elena le miró con una expresión serena y una leve sonrisa. Volvió a besarle con suavidad.

-Quería saber como estabas tras lo que ha pasado.

Damián se congeló. En ningún momento tuvo en cuenta a Elena en todo ese asunto. ¿Y si se encontraban cuando estaba con ella dando un paseo? La rabia y la impotencia se adueño de todos sus pensamientos. Debería haber previsto esa posibilidad, no podía pasarla nada malo. Su expresión comenzó a reflejar todas las emociones que se agolpaban en su pecho. Elena lo miró preocupada, acariciando con suavidad su cara. Aquella mano lo devolvió a la realidad.

-Tranquilo. No pasa nada.

No comprendía como lo hacía pero siempre lograba acallar a sus demonios. Siempre existirá una persona en nuestras vidas capaz de ver el estado de nuestro espíritu y calmarlo con delicadas palabras.
En la siguiente media hora, Damián le contó todo lo que pasó a Elena y sus preocupaciones. No solo había golpeado a Andrés, se ganó la enemistad de unos chavales que resultaban ser bastante amigables, pero lo doloroso de todo era el enfado de Castillo y Silvia, sintiendo en lo más profundo de su corazón que les decepcionó.

-¿Les has pedido perdón?

-Ni tan siquiera me escuchan.

-Entonces déjalo por escrito.

Esa era una de las pocas facetas que odiaba de Elena. Todo tenía fácil solución bajo su punto de vista, y más cuando hablaba de problemas que no conocía.

-A ver, se que la he liado. Es normal que esos chavales quieran partirme la cara, incluso lo más normal que veo es que Andrés lo haga, está en su derecho. Lo que me cabrea es que por más que lo intento esos dos cabezones se centran solo en culparme a mi sin tan si quiera escucharme.

Elena se mordía los labios mientras le escuchaba. Por como le miraba parecía comprender ambas posturas.

-Dilo ya, anda, que lo estás deseando.

-A ver...-dijo dubitativa.-Es verdad que ellos ya te avisaron que no hicieras nada por el estilo. Además que ellos se esperaban solo malos comentarios, no un hostión en la cara.

-¡Me puse nervioso a ver a Ramón tirado en el suelo!-gritó.

Se echó hacia atrás, sorprendida por la respuesta de Damián, algo intimidada por su inesperada reacción. Últimamente reaccionaba súbitamente ante sus problemas, y si, se le culpaba un poco por no saber reaccionar adecuadamente. Nadie comprendía que nunca fue envuelto en situaciones como las que estaban viviendo recientemente. Nunca tuvo problemas con sus amigos, ni con chicas, tampoco vio que su hermana tuviera intereses en el otro género. Nadie parecía entender que estaba sufriendo la vida que nunca tuvo cuando apenas le quedaba tiempo para disfrutarla. Era todo impotencia. Miró la cara sorprendida de Elena y se percató de todo ello. Sonrió.

-Creo que tengo una idea.






Resto de mi novela en mi otro blog.- http://porlosmiosmife.blogspot.com.es/2016/10/capitulo-26-dos-cabezas.html

martes, 18 de octubre de 2016

Un pobre diablo.

Deambulaba dando bandazos, con pasos arrítmicos, centrado en mantener un equilibrio errático, intentando seguir avanzando por aquellas angostas calles. Hasta yo notaba el olor a whisky mezclado con vómito, así que debía apestar bastante. Las primeras luces del alba comenzaban a asomarse en el horizonte, dando paso a un nuevo día, otro más del calendario que se esfumaba con el ligero segundero que sacudía al tiempo. Me detuve en seco, doblando mi cuerpo hacia delante, apoyado con la mano en una pintarrajeada fachada. Si, nada iba a cambiar, todo iba a permanecer igual por más que tratase de esforzarme en crear algo nuevo en mi vida, pues no había más. Me encontraba limitado a seguir viviendo sin una razón de ser, acompañado por una enloquecida razón que tomaba a la sociedad por un personaje colectivo demente de constantes intentos por atraparme entre sus fauces.
-No soy otro esclavo más, Dios.-balbuceé, dejándome caer contra la pared.
No albergaba ningún sentimiento de ira o de tristeza, más bien era poseído por una compasiva mirada dirigida a cualquier persona que considerase que la vida servía de algo. Es inútil tratar de nadar en un mar de lágrimas, estúpido tratar de salir a flote cuando la tempestad estaba sacudiendo la marea. ¿De qué sirve vivir si solo lo hacemos porque nacimos en un mundo el cual nunca quisimos? Yo no recuerdo haber pedido nacer, por eso vivo sin saber porque habito en este mundo, esperando a una muerte que no llega y a la que no me atrevo a llamar.
Dejé caer la botella y la gravedad hizo su efecto. Sin llegar a romperse, cayó, de tal forma que vertía su contenido a la acera grisacea. Contemplé como la etílica bebida se desparramaba, sin una razón de ser. Suspiré. Así era todo, un efecto causado por leyes naturales, hormigas recogiendo alimento para el invierno, centradas solo en no morir por inanición. ¿Cuándo dejé de sufrir el frío del invierno que me paré a pensar? Tal vez cuando comprendí que no existía la necesidad de tener que buscar alimento. Es uno de los defectos de verse enriquecido en una edad donde nadie te considera joven ni tampoco maduro. Solo tuve tiempo para mi, para pensar, reflexionar, conocerme mejor... Descubrí que hasta entonces nunca había pensado, que mis reflexiones siempre fueron las de otros y que me odiaba a mi mismo.
-Doy lástima.-pensé en voz alta.
Frente a mi pasó una mujer. Tal vez fue por mi estado de embriaguez pero me pareció muy linda. Tan solo eso me daba esperanzas y me recargaba de fuerzas, ser testigo de los milagros que el mundo obraba con tales bellezas. Fingía no verme, y no la culpo. Tal solo se limitaba a pasar mirando al frente encaminada con cierta prisa, la cual tal vez se debiese a mi empobrecida presencia. Sonreí para mí, lamentándome por no estar con la mejor de mis galas, o al menos con un aspecto no tan propio de la mendicidad. Y fueron sus ojos, prendidos en un fuego verde lo que llamó mi atención, sus carnosos labios el hambre que creía que no tenía, y su cuerpo el deseo de hacer turismo por todo su ser, deteniéndome en cada poro de su piel.
Ah, pero ya se había ido, y ahí seguía yo, censurado por la gravidez, maniatado por los pestilentes licores que acompañaron a mi noche, carente del amor que creía merecer, borracho, en una síntesis rápida de mi estado, pero sereno de espíritu, sufriendo la paz que tiene aquel que obtiene respuestas.
Arrastré una de mis manos al bolsillo de mi ancho abrigo en un vano intento de sacar mi teléfono para llamar a un taxi. En su lugar encontré un extraño objeto que me acerqué al rostro, pues mi vista no era tan nítida como debería.
Era un grabado donde me contemplaba acompañado por los que fueron mis amigos. Todos se marcharon cuando ocurrió aquel desastre. Arrugué la imagen apretando fuertemente mi puño. No era mi culpa no encontrarle sentido a una obra hecha para ser cíclica, de no desear un oficio que nunca pedí, relegado a mi única pasión: tratar de mostrar a las personas sus auténticas naturalezas.
Sabía desde siempre lo que todos negaron. El hombre tenía maldad en su alma, y no eran capaces de aceptarlas. Se encargaban de acumularla en el fondo de su ser, creando un ser creciente que tendía a explotar. Eran estúpidos. Negaban ser egoístas, trataban de obrar según la idea de bien, cuando esto no les hacía felices. Estamos hechos de luz y oscuridad a partes iguales, y así debería ser organizado el mundo, un lugar donde el mal no era condenado sino comprendido, limitando solo a pequeños actos que satisfacen al alma.
-Das algo de vergüenza.
Miré a mi derecha y vi al poseedor de dicha voz.
-¿No deberías estar cumpliendo la palabra del jefe?- le respondí.
-Me ha concedido el privilegio de venir a preguntarte como te van las cosas.
Tenía bastante gracia. Por culpa de aquel caprichoso estaba como estaba, desorientado, buscando a alguien que comprendiese mi verdad, alguien que cuando me escuchase comprendiese a que me refería con el orden que existía en el alma y no se volviera un corrupto de su propia oscuridad.
-Pobre Gabriel, condenado a ser su favorito. Te debe tener explotado.- Carraspeé.- Puedes decirle que todo me va bien, que caminar de un lado para otro, actuando según mi naturaleza porque así soy es un gran castigo. No sabes nada Gabriel... Nunca comprendiste que maldad y bondad son la misma idea pero con distintos puntos de vista. Lo que tu ves como mi mayor pecado yo lo veo como un gesto de amor. Abro los ojos a los hombres que se desconocen así mismos, y a diferencia mía, se aman más tras esto.
-Sigues igual de pretencioso, por lo que se ve.
-Por lo que se ve siempre has sido ciego, pero, ah, tal vez lo soy yo por el hecho de que le llevo la contraria a todo lo creado. Pensaba que solo los que eran únicos veían la auténtica realidad.
Me miraba con ternura. A pesar de estar criticando su manera de vivir y de pensar, aun era capaz de querer alguna parte de mi. Eso me prendía por dentro, quemándome por la rabia, deshaciendo todo vestigio del efecto del alcohol en mi cuerpo.
-Vete. Dile que estoy bien.
Sin decir nada se giró y comenzó a andar. Odiaba su majestuosa presencia, su santas maneras de ser, su infranqueable razón impuesta y sobre todo, la venda que tapaba sus ojos. Volvió la cabeza para mirarme una última vez.
-La luz que portabas se apagó para volverte un pobre diablo. Ojala se encienda de nuevo.
Desapareció de mi vista. Me alcé sobre mi borrachera y pensé con toda claridad. Se que prefiero ser alguien que conoce la verdad a pesar de que esta le entristezca a ser feliz por no querer ver la auténtica esencia de este mundo, esa mezcla entre bondad y maldad, donde me solían acusar de lo segundo.

jueves, 13 de octubre de 2016

Las flores de Tántalo.

Señorita, no ando bien de dinero
para andar de festines a mi costa,
no puedo darte de esta robada noche
una coartada digna de tus oídos,
agasajar tus gustos, complicado, mujer,
complicado gesto que llevar acabo
si se te antoja el sol, porque dora
e ignoras que solo es fuego que prende,
aprende que si tomo tu ambrosía
es porque deseas darla a cualquier mortal,
hombres con los que yaces a libre albedrío,
diosa del antojo y el capricho femenino
borracha por el culto a ignorar la fe.
Y es cierto, señorita, tu aspecto es divino,
mujer bella, preciosa, bonita, brillante...
pero tú corazón, enredadera de espinas,
es más propio de un demonio
oficiando en el castigo del hambre
al hombre que no peca, si prometes
cielo y tierra como carne viva, agua viva,
sonriendo con diabólica belleza
desde una posición más elevada
donde contemplas con triunfo la tortura de tu mentira.
Más aun así, ante los ojos del mundo,
yo soy el culpable, por robar tus gruñidos,
por darte el fruto de mi esfuerzo,
aun habiendo regado las flores con mi sudor
cuando tú provocaste que andase mal de la regadera,
que muriera aplastado por tu ego,
que la sed de mi jardín permaneciese eterna,
con la muerte de ambición como trofeo,
y tú, mujer, siempre mujer, poco compasiva,
liberas con el mayor de tus castigos
alejando tu abrazo regalado por Dios de nosotros.
¿Qué serán de mis flores
si no las dejas crecer y me haces ir contigo?
¿Quién observará mis ramilletes
y las hará verse como inamovibles
por muchas veces que devores a los hijos
que te dispuse en la bandeja del mundo?
Si nadie comprende los pétalos
que se dejan caer sobre las manos
de este condenado inocente Tántalo
a sufrir la realidad de como es ella,
la villana de este héroe que se aventuró
a tratar de tener una vida común y normal.

La patria y yo.

Siendo hoy el día de la hispanidad (fecha del calendario en la cual estoy escribiendo esto) no he podido evitar plantearme el porqué de los sentimientos patrióticos, inspirado por el resto de compatriotas que hoy emanan por todos los poros de su piel este amor a España.
Lejos de ser crítico, planteo las siguientes reflexiones de la manera más objetiva posible, pues es imposible que mi opinión no influya en mi criterio de alguna forma. Comienzo entonces diciendo que:

El concepto de patria lo considero necesario en cierta manera  actualmente, dado que es la única manera de mantenernos unidos gracias a unas similitudes, pues por desgracia, somos incapaces de salvar nuestras diferencias, y en caso de que lo fuéramos, ya podríamos hablar de un término inútil, anticuado y disgregador.

El patriotismo entonces no es más que una excusa para unirnos en una sociedad, de integrarnos en algún lugar, satisfacer esa necesidad del ser humano de poseer algo como propio, ya sea una cultura o un idioma.
No por el hecho de ser una excusa es malo. La parte negativa nace cuando el patriotismo es un sustituto mal diseñado ante el sistema que el ser humano es incapaz de plantear y llevar a cabo: una sociedad mundial donde las diferencias no sean motivo de conflicto, sino más bien de lo contrario, de un enriquecimiento. Por supuesto desde el momento que una persona es incapaz de tolerar a alguien por ser diferente de alguna manera forma este concepto como utópico. 

Ante este problema traté de buscar una solución. El respeto,valor necesario para generar tolerancia ante lo distinto y contrario a uno mismo, es y debe ser educado, así que por deducción la solución se alberga en el sistema educativo.
El siguiente problema que nos planteamos es que la educación, al menos la de este país, es más bien un sistema que se basa en adoctrinar a los jóvenes en unos ideales los cuales no deben reflexionar, tan solo creer en ellos.

Y así el patriotismo, bajo mi concepción, propia, personal e intransferible, se convierte en una lacra, un ideal que lastra la mente de los ciudadanos cerrándoles en banda a cualquier nueva apertura, pues están convencidos de que aquello que poseen es lo mejor, sin comprender que tienen, sin compararlo con otro modelo distinto.
La parte más triste del patriotismo es que te enseña a amar la idea de nación, pero no a aquellos que lo forman. Una nación, al fin y al cabo, es el conjunto de todos sus ciudadanos, y si se mantiene estable es por un orden que todos ya tenemos automatizado, sin comprender que nos estamos ayudando entre todos cuando buscamos el bien del Estado, Patria, etc. Pero, aun así, aun cuando estamos siguiendo estas pautas sociales, somos incapaces de procesar dichos hechos, y, seamos sinceros, la nacionalidad parte de la casualidad de nacer en un país o en otro, y si, es cierto que la cultura de dicho territorio condiciona nuestro pensamiento, creencias y demás valores que nos componen, pero hay esta la libertad de cada individuo para plantearse todo el conjunto y considerar que es correcto y que no, sabiendo que todo es relativo y no existe una verdad absoluta.

No rechazo al patriotismo al decir esto, ni mucho menos, solo condeno la parte irracional que esta conlleva. El único patriotismo que considero útil es el que busca el bienestar de la Nación y sus habitantes, no la mera exaltación de sentimientos heredados, por no decir que en algunos casos, impuestos.

Este es el argumento por el que soy patriota, porque el bien para España repercute en mi como ciudadano español que soy, y sí, tal vez suene egoísta, pero, ¿no es el ser humano al fin y al cabo egoísta por naturaleza? ¿No es este egoísmo "sano", según como lo maticemos, ya que es la causa de una simbiosis entre individuo y sociedad? ¿No beneficia que yo ascienda económicamente si con esto promuevo el gasto y la movilización económica? ¿No interesa que para alcanzar dicho ascenso deba esforzarme en un trabajo que influye de manera positiva en el país? 
Así es la realidad de esta sociedad tan maquiavela, donde todo se produce por intercambio de intereses.

Volviendo un poco atrás, a mi rechazo a la parte más emocional del patriotismo, no puedo evitar tratar de argumentar estos puntos matizando ciertos aspectos.
Si condeno esta postura se debe a casos que observo en mi día a día en sujetos, que como he dicho anteriormente, se han visto adoctrinados en unos términos que ni comprenden.
He sido testigo de como rápidamente se ataca al nacionalismo porqué lo equivocan con el independentismo. Dentro de una Nación puede haber más, como es la vasca y la catalana. Esta gente, incapaz de comprender que existen ciudadanos que se sienten tanto españoles como vascos y catalanes al mismo tiempo, se ven incapaces de respetar al que no deja de ser un compatriota. Esa gente, dentro de su ceguera, se olvidan que existe el nacionalismo español que es el que se promueve.

Uno de los casos de los que más me llaman la atención, e incluso me molesta dicha ignorancia, es en los españoles que asocian la monarquía con patriotismo que llegan a catalogar a los republicanos como personas que rechazan su nacionalidad. Si partimos de que ser patriota consiste en tener amor por tu país y querer buscar su bien y de que las personas partidarias de una nueva república la ambicionan porque consideran, en sus ideales organizativos del estado, que es lo mejor para España, ¿ya por eso no es patriota? ¿No ama su país y busca lo mejor para él? Lejos de ideologías políticas y partidarios de bandos hablamos de un sentimiento compartido que es el patriotismo.
Es por eso que esta gente tan desinformada (sin intención de dar por aludido a alguien o herir la sensibilidad del lector) le aconsejo que si tan patriota se considera se digne a informarse y a instruirse, pues uno de los factores que hunden a este país es una población inculta que carece de la intención de formarse a uno mismo (aunque parte de este desinterés es causado por la educación actual española incapaz de motivar a su juventud, pero eso es otro tema a tratar.) 

Otro motivo que lo veo innecesario es la exaltación de la patria a través de frases, iconos y demás. Repetiré para evitar acusaciones de anti-patriota la palabra exaltación. No veo mal que uno, orgulloso de su bandera, la lleve consigo en forma de pulsera, de llavero o como sea. Considero estos gestos una manera de decir "te quiero" a España o al país que sea. Ahora bien, el patriotismo, un sentimiento como es el amor, tiene cierto problema, y es que de nada sirve que digamos, prometamos y juremos si no lo demostramos con actos. ¿Cuanta gente que defrauda a Hacienda lleva la bandera repetida en casi todos sus conjuntos? Es como decirle a tu pareja sentimental que la amas mientras la traicionas con una tercera persona.

El último de todos es de aquel que más da lugar a chiste y mofa entre nosotros, los españoles. Hablo de ese patriotismo selectivo donde si España gana un mundial es un orgullo ser español pero si no lo hace miramos hacia nuestros incompetentes políticos que nos causan un sentimiento de repugnancia bastante grande. Si uno se siente español, por favor, que sea con todas sus consecuencias.

En un plano más personal, hay veces que me he planteado que realmente odiaba a España, pues muchos aspectos de la que es nuestra cultura me parecía y parece aun propia de gente incivilizada, atascada en viejas tradiciones. Pero no puedo odiarla, a pesar de solo ser el lugar donde me tocó vivir. Si amo algo es a mi familia, a mis allegados, a la gente de este país que lucha por tratar de salir adelante y mejorar en lo que pueda, amo el habla que me ha dado este país, las oportunidades que me brindó, me da y me ofrecerá la sociedad española que actualmente está constituida, pero no poseo sentimientos por un patriotismo que supone creer en la supremacía de un grupo de ideales que tendría por credo sin hacer amago de tratarlos de comprender. 

Por eso se que, como decía Arthur Schonpenhauer, "Todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad." pues antes de formar parte de una nación debes formarte como individuo, no asimilar unos ideales que no te pertenecen y tratarlos como una verdad absoluta. 

El patriotismo es un sentimiento, y al igual que en el amor, respeto y demás, debemos educarnos en él, para controlarlo y no dejarnos llevar, pues el corazón solo guarda kaos para el que solo sabe escucharlo y no interpreta aquello que le quiere decir en realidad.  

domingo, 2 de octubre de 2016

En un mundo.

Aveces desearía dormir eternamente, para vivir en el mundo que realmente sueño, pues odio tener que habitar en uno que otro imaginó por mi.

¿Quién soy? ¿Nunca se han hecho esa pregunta? Yo me la he hecho tantas veces que he comenzado a creer que soy la duda de mi propia identidad.

Y sin saber para que nací, porqué piso esta tierra que no elegí, vivo, creyendo que algún día podré escapar, recorrer un lugar donde yo ponga los límites, decorar el mundo a mi antojo con mano justa, con una paleta donde el odio y el egoísmo no forman parte de la gama cromática.
Supongo que es muy fácil siendo hombre imaginarse ser Dios, creer saber que es realmente justo. Pero no soporto esta realidad donde la mentira corrompe todos los corazones, los perjuicios nos enjaulan al antojo de una sociedad maltrecha, donde la desconfianza es necesaria para la supervivencia pues la maldad se enmascara con supuestas buenas intenciones...una sociedad al fin y al cabo.

Odio la mentira. Solo es una herramienta que empleamos porque el resto la usa. Lo curioso es que para aprender a hablar necesitemos ayuda y que para mentir la empleemos por nuestra propia cuenta. ¿De que sirve realmente? ¿No solemos arrepentirnos de nuestras mentiras, ya sea por falsos testimonios o por romper con una promesa como es la fidelidad a una amistad o a una pareja? ¿Porqué lo hacemos entonces? ¿De que nos sirve mentir si el único beneficio es el de poder ser engañados en un futuro?
En el mundo que sueño nadie me mentiría. Nadie me haría perder el tiempo por intereses o por juegos infantiles que toman por temática los motivos de los latidos del corazón.

No soporto los prejuicios, la idea de que te juzguen sin tan siquiera llegarte a conocer. Quien se atrevió a soñar este mundo quiso que la estética se superpusiera al auténtico valor de las personas, el cual reside en el conjunto de sus virtudes y sus defectos. Resulta entonces que la belleza es lo único que se codicia, a pesar de que puede que sea la única cualidad positiva que albergue esa persona, estando ya por encima de los que realmente fueron más afortunados al contar con más de una condición positiva entre las que no se encuentra una simple apariencia efímera.

Detesto a las personas que actúan siguiendo un modelo, incapaces de ser ellos mismos. La sociedad impone unos cánones, e irónicamente la novedad entre sus componentes es seguir la imagen de una persona que se opone a ella. No hablamos de opiniones parecidas si no más bien de opiniones prestadas, estéticas sacadas de una fotocopiadora, temas de tendencia de los cuales solo tratan superficialmente mientras dicen ser todo unos entendidos en el campo.
Ser uno mismo se trata de seguir tus propias ideas, influenciado tal vez, pero dándolas tu razonamiento personal, dotándolas de una forma que solo tu mente puede definir. Desprecio a aquellos que por tratar de ser diferentes demuestran ser iguales.

Aborrezco la maldad. Es simple, normal, nada lejos de lo que podría pensar cualquier persona, incluso las que son malvadas. Los villanos de hoy en día es un personaje colectivo llamado mundo. Es el mundo quien se opone a que nuestros sueños se cumplan, aplastando nuestras ambiciones, detonando nuestras esperanzas, mostrando que quien menos lo merece tomará nuestra más codiciada vida, siendo un simple testigo de lo que pudiste ser mientras te embriagas con la tristeza de unas metas incumplidas.

Desearía mi propio mundo, pero por desgracia tuve que vivir en el mundo de otro. Tal vez un día mis sueños se cumplan y al menos podré refugiarme en mi propia realidad.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Poema I

Como si nada me importara,
como si pasase de todo,
haciendo, entonces nada,
convirtiendo cada segundo en oro,
orondo intento de desplegar las alas,
pero a las malas me dejaron solo,
solo pienso ahora
en que ahora no debo pensar,
ignorando a mi otra mitad
por el múltiplo que decora
esa gran hora
donde mi mente se logra desdoblar.
Ya no puedo contar
con cuentas perdidas,
como tu vano intento de amar
de manera irreal,
si el amor no es tal
y como imaginas,
ser realista salva y cuida la salud,
pues si tienes la idea ridícula
de querer un amor de película
solo habitan en guiones de Holliwood,
en sueños si acaso,
no tiene caso
forzar a que te amen
de la forma que quieres tú,
tuyo es el alcance
de ser capaz de aceptarte
y hacer de ello tu mejor virtud.
Vi luz en los ojos
de aquellos que tienen esperanza,
aunque yo permanezca hecho despojos,
puedo coser los jirones de mi alma,
así que que le zurzan
a ese amor que tanto codician,
no distingo de princesas y putas
si putas las paso
cuando mi corazón se exilia,
marchando lejos, a estas alturas
es cuando razón y ego se reconcilian,
sufriendo voces que me murmuran
en mi estado de vigilia,
pero no quiero velar por mi cordura,
prefiero vivir loco por mi familia.





martes, 20 de septiembre de 2016

Tras irse ella.

Con el sueño trastornado
y la mente enajenada,
con los labios agrietados
y la conciencia ya cansada,
con una lágrima al borde del colapso,
una sonrisa forzada
a pesar de haber pasado por tanto,
por tanto ya no valoras nada.

Para emocionalmente torpes
no está hecha la vida.
El karma devuelve los golpes,
las caricias se le olvidan.

Solo somos condenados de la soledad,
errantes por cielos grises,
fachadas que ocultan la verdad,
sabiendo que solo solo uno puede exigirse.
Me importa poco que me miren,
nadie me ve tal
y como soy en realidad,
solo yo se cuando debo de irme.
sin entender porqué, sin entender nada,
no busco ganar plata,
para mi siempre estuvo en segundo lugar.

Saturno divorciado es una tierra sin anillo,
Cupido castigado, callado sin flechas y de rodillas,
yo coronado con laurel, ella condimentada con tomillo,
la juré y perjuré que en mi cama es el sol que más brilla.

Todo lo que hace parece una burla
de una niña que tan solo se encapricha.
La bajaría la luna,
pero seguro que no pegaría con sus cortinas.

Si el cielo es el límite, al morir conoceré tus manos,
y dije, dos monedas valen sus lagunas,
¿en tu océano cuanto cuesta un baño?
Me respondió que el corazón,
su mirada me dejó perplejo.
Después se fue si ninguna razón
marchando a donde yo no se, bien lejos.

Me creí león,
me destronó una traicionera serpiente,
ahora me ahorro el corazón
si se trata de mujeres.

No busco respuestas en el fondo de la botella,
hace tiempo que me olvidé de ella.
Ahora no tengo nada que perder,
sabiendo que aquí no existe felicidad de alquiler.

En la nevera no queda pizza,
tampoco porque sufrir,
a causa de los agobios me metieron prisas
como si tratasen de quitarme las ganas de vivir.

¿Qué me falta?
dime, ¿Qué me queda?
No encuentro recompensa
a esto de ser paciente,
quiero merecerlo todo,
no me conformo con la pena,
atrapar mi futuro
con los actos de mi presente,
mi alma se presenta
como la única que te presiente
para evitar a ver la imagen que tú representas.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Caminos que se abren. (Ensayo)

Resulta curioso la facilidad que tenemos, nosotros, el ser humano, para olvidar los lazos que establecimos con ciertas personas, amistades que parecían fuertes inquebrantables e inamovibles caídas por el peso ligero de la gravedad. Se olvidan todos los momentos íntimos que estrechaban dos conciencias y sincronizaban el latido, dividiendo la senda en dos para separarte, distanciando los dulces gestos que tanto valorábamos, obligándonos a caminar cada uno por su lado y a distintos ritmos. Supongo que es el camino de la vida...
Pero bueno, como todo camino que se trifurca puede volver a unirse, junta a dos personas que ya no son las mismas, son dos desconocidos que creen conocerse, ignorando cuanto han cambiado, al fin y al cabo la amistad es comprender el esfuerzo de cada paso que se dio. No haber atestiguado cada caída te vuelve desconocedor de sus reacciones, de las cicatrices que adornan el interior de cada uno, de las partes que perdió por entregarse a quien no se debía, de esos Judas que fingen ser el guía correcto. Esa persona que creías conocer pudo comenzar a creer que cualquiera le vendería por el vil metal de unas monedas, tal vez le teme a abrirse ante el resto, o incluso puede que sea el caso contrario, que sea más abierto incluso que aquel sujeto que despediste y tú seas el sufridor de las malas experiencias, pues, ¿quienes somos si no la vida llevada a la práctica?
Dos desconocidos que creen saber como es la otra persona, equivocados al fin y al cabo, pues el pasado queda a nuestras espaldas, por más que nos abracemos al ayer, si los mejores abrazos son los que velan por el futuro, pues estos se dan de frente.
Personalmente, no se a cuanta gente he dejado atrás, a los cuales consideraba de gran valía, y en cada encuentro se brinda la añoranza, pero en nuestros ojos no reluce los niños que eramos, unos críos que seguramente no están conformes con las personas en las que se convirtieron.
Ah, yo recuerdo que quería ser alguien codiciado, quizás porque solo deseaba ser querido o conocer que era sentir el reconocimiento ajeno. Soñaba con serlo gracias a los grandes méritos que me otorgaría unas virtudes que iba a tratar de desarrollar, siempre dentro de unos valores propios de un personaje plano dentro del camino correcto. No negaré que codiciaba que me mirasen con ojos orgullosos, que desearan ser como yo, que me pidiesen consejo y que contaran conmigo tanto en lo bueno como en lo malo. ¿Qué soy actualmente? Un envidioso de aquel niño al cual catalogo de ingenuo, quizás por miedo a sufrir su mirada de desaprobación, pero con la importante lección de que el único reconocimiento que necesito es la mía, el orgullo de mis seres más allegados, por los cuales daría todo, hecho que me deja muy satisfecho al mirarme al espejo, saber que me sacrifico por lo que realmente merece la pena. No negaré que ahondando en la parte más oscura de mi sigo codiciando ser el objeto de admiración de todos. Supongo que no puedo evitar ser algo egocéntrico y vanidoso a partes iguales.
Ya nadie ve más que un retazo de aquel niño en mi, cada experiencia me hizo desencadenar en una nueva existencia, un extraño para mi yo de ayer. Por eso es que el camino debe permanecer unido para seguir conociendo a alguien, cada paso trasforma, atestiguar cada pequeña metamorfosis para declarar en su defensa ante el delito que es vivir libremente.
Y no negaré que echo de menos a gente que por motivos que desconozco o he olvidado perdí un contacto directo, encontrándonos de allá para cuando, observando lo que fuimos pero no lo que somos.
Supongo que la única solución será conocer de nuevo a dicha persona, contando con la firma que dejamos en su pasado, pero recordando que hay un vacío en el tiempo que no vislumbramos.
Será entonces la amistad un intercambio equivalente no pactado donde uno debe de dar todo lo que tiene sin mirar si va a quedarse sin nada, a diario, con confianza en la otra persona. Es la magia del ser humano, la capacidad de confiar en otra persona sin ser conocedor del futuro.