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jueves, 5 de noviembre de 2015

Desvaríos.

Son los sueños los cordones
que atan mis zapatos,
mi imaginación la aventura
que escribe los pasos de mi rutina,
sus ojos son el agua
que se escapa entre mis manos,
mis silencios son mis cuerdas vocales
atando mis piernas, para no dirigirme a ella.

La sombra está atada a mis pies,
cansada de verme siempre cansado,
si los días pesan todo el firmamento,
con sus nubes, alas abiertas a la vida,
mientras cierro mi pico, cacarea mi piel
si el frío es su ausencia en mi estado,
de nuevo cambio, nueva forma
de olvidar como se recuerda.

Canta mi imaginación a gritos
tratando de volar como pájaro enjaulado,
no son barrotes sino incertidumbre
por mantener la lumbre encendida,
la carne a fuego lento
y mi alma narrando en pasado
entre cenizas de carbón vegetal
y la sangre derramada del poeta.

Tampoco se del peso que soporta
la rama donde poso lo pensado,
la barra donde libran mis pesares
desahogándome en la desconocida
que contempla el sonriente semblante
que oculta versos tras los tragos,
perdiendo los dedos de sumar
los trenes huidos y las veces que perdí la cuenta.