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jueves, 24 de septiembre de 2015

Yo.

Para matar la soledad me encerré
en una jaula con un espejo
para curarme de la ausencia
como si fuese un periquito.

Escribí en las paredes mi nombre
tratando así de conocerme,
me invité a copas, con descaro,
para verter sinceridad
a cada gota de licor.

Y si me conociese no diría
que aun espero a conocerme mejor,
y esperando conozco al tiempo
que no comprende de pasos y caminos.

Navegué sobre la literatura
en búsqueda del náufrago que era,
salvando tan solo una canción
que huele a infancia olvidada.

Miramos entonces con detenimiento,
los ojos del ciego son los más curiosos,
los del niño son tan solo ávidos.
Los míos miran a otro mundo.

Un dragón de cerca es una lagartija grande,
una sirena, una ausencia de amor,
mis papeles soy, escondido
del hombre que no quiero conocer.
Resulto ser yo.

Desperté junto al desconocido
que habitaba en mi interior.
Le tendí la mano, sonreí sin más
dispuesto a saber de él, de mí, de los dos.