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miércoles, 5 de agosto de 2015

Sonrié, quítame la razón.

Me gusta oír la brisa,
ignorar la presencia del silencio,
besar con mis labios secos
la húmeda mañana.
Me gusta calmar mi sed
con las lágrimas dulces,
concedidas por los buenos momentos,
perdidas en la memoria del "a saber".
No lamentaré mi melancolía,
si soñaré el porvenir,
vienes a mi lado si te prometo
la felicidad que jamás sentí?
Mis versos no son para no ser,
son para ser una razón de tal,
embriagado con cuatro tristes tragos
me lamentaré si al terminar mi poema
coges y te vas.
Vivo libre, a quien mentir?
Los árboles respiran la calma
que siempre quise tener,
pero que nunca supe vislumbrar.
Me marcho, y no se cuando volver,
mi imaginación me reclama con ahínco,
abrazado a quien se que nunca mirará
a este poeta que viste de paisano.
No se ser especial, ni mucho menos,
no se ser el chico malo ni bueno,
no se más que ser el rostro serio
tras la risa, osea ser, yo mismo.
Ahora reclamo que vean
el trasfondo de las bromas del payaso,
podría compararlo con las hojas otoñales
que caen rogando por ser rama,
pero se que tu rostro serio,
aun de niña buena, en dulce juventud,
no entendería aquello que oculta
mis instantes de vejez,
donde se que todo es un tesoro,
y que un tesoro no vale nada
si no puedes compartirlo.
Tan solo mi tesoro es un ruego:
Lee estos versos, entiéndeme,
y sonríe, para quitarme la razón.