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viernes, 21 de agosto de 2015

Poesía y realidad.

Es por la mañana y estoy leyendo a Blas de Otero.
El libro que está en mis manos pertenece
a un buen amigo que conoce mis gustos.
Estoy leyendo sus poemas, detenidamente,
sin adelantarme a ninguna coma y ningún punto,
y pienso: ¿Porqué creen que la poesía solo es amor?
Me cago entonces en la incultura de la sociedad, en España.
Si cito a un poeta como es Benedetti o Lorca
o tan solo hablo de mi gusto por la literatura
me miran como quien ve una cucaracha, pero no la de Kafka,
ellos creen que metamorfosis es una nueva droga.
Iré esta tarde con unos amigos al bar de siempre,
golpearé mi hígado como si fuese Rubén Darío
y perderé mi brazo como Valle-inclán
al tirar de mala manera a la diana que nos acompaña
para ir tambaleándome como un dardo recién clavado.
Buscaré entre las mesas a alguna chica
que me llamé la atención, pero nunca al móvil,
siendo un Bukowski que engaña sin mentir,
amante antes que embustero, ante preciosas,
para dormir acompañado tan solo de un buen libro.
Y odié a este mundo que pudo serlo todo
pero decidió ser menos que una mera mierda.