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jueves, 6 de agosto de 2015

Miraba a tus ojos.

Miraba a tus ojos a sabiendas
de que no los volvería a ver
hasta un lejano encuentro.
Miraba a tus ojos ocultando los míos
bajo un gesto sombrío,
temeroso ante la posibilidad
de que vieses que ocultan.
Miraba a tus ojos y a la vez
no los miré nunca,
me topaba con un cristal
que no me dejaba saber que piensas,
un cristal que me impide leerte,
siendo un libro más en mis manos.
Miraba a tus ojos mientras
contaba con los dedos,
mi secreto ante Dios, gritos de silencio,
arrodillado desde mis emociones,
el alma que atosiga a la lógica
y trata de aplastarla.
Miraba a tus ojos mientras te soñaba,
sonriendo en la noche a la almohada
conocedora de mi locura, mi remordimiento,
de mi fuerte cobardía...
Miraba a tus ojos cotemplando
un firmamento, el futuro
que escribo y se que nunca habrá,
pues no existe la casualidad
en este mundo donde nada es imaginario
y mis ganas de abrazarte,
movido por mi subconsciente,
se pierden en oídos de nadie.
Miraba tus ojos y les encontraba
un enorme parecido,
más tal vez fuese la sangre,
o que son aquellos que se me antojaron
cuando una vez fui un niño bueno,
y ahora descubrí que estuvieron,
riéndose serios de mi ceguera.
Miraba a tus ojos, miraba literatura
en ellos, miraba tras los barrotes
que me prohibían el cielo,
los escalones que digo
se que nunca los escalaré.
Miraba a tus ojos sin saber que es mirar,
ahora miro a tus ojos disimulando,
no preguntes el qué, lo sabes,
lo mal que se fingir, mentir
a los ojos infantiles que claman
el sol, la luna, los planetas,
junto con las notas que nunca
aprendí a tocar.
Miraba a tus ojos a través
de una cuerda de guitarra rota,
y sabiendo que estaba partida
fue como el débil hilo que nos une,
que ataste en mi sin darte cuenta.
Miraba a tus ojos pensando en algo,
como con que compararlos,
buscando la frase que llegara,
pero no alcanza si me atrapa el tiempo,
y mientras yo miraba a tus ojos.
Y los tuyos a mi no me miraban.