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martes, 18 de agosto de 2015

Me rindo.

Me rindo.
No quiero rendirme, dije.
Me miró aquel que habita
en los espejos y en los charcos
con ojos fríos en su oscuridad perpetua.
Le vi levantando un móvil,
tecleaba un mensaje.
Se escuchaba la vibración
que producía el toque
en aquella pantalla táctil.
No quiero volver a rendirme, repetí.
Sostuve su mano con fuerza
evitando que enviase aquel mensaje.
En apenas un instante grito:¡Ah!
Me sorprendí tanto que lo sonté,
y con el se escapo aquel mensaje
que escondía algo más que un saludo,
encerraba rencor, recuerdos melancólicos
en una frustrada amistad.
Me rindo. No me conozco todavía.
No llegará a buen puerto
las astillas del navío
que se hundió en alta mar.