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miércoles, 19 de agosto de 2015

Estaciones.

Me gusta el calor del verano,
las brisas que acarician en la sombra,
la cerveza que besa con labios fríos,
las muchachas ligeras de ropa,
la aventura que me concede el tiempo
para poder dedicarme más a mi mismo,
los amigos, desocupados de estudios,
las conversaciones hasta tarde con
una anónima mujer de suelto bajo vientre,
las noches de madrugada riendo en aquel bar.

Me gusta el frío del invierno,
esconderme de él entre gruesas mantas
y hacerme un ovillo sobre el sofá,
la bufanda que esconde mi cuello,
aquel abrigo de paño que me hace
sentir que soy todo un señor poeta,
la estufa, salvadora de mis dedos congelados,
el café caliente que acompaña a las mañanas,
los días lluviosos que me sobrecogen
y el sonido de las gotas al caer.

Me gusta el tiempo de entre temporadas,
la chaqueta fina imprescindible,
los cambios de colores de las calles,
la variabilidad de las horas de luz,
la incertidumbre de tiempo que hará mañana,
el amor que demuestra no ser fugaz,
la rutina en calma que taladra el calendario,
los árboles visitiendo poco a poco
para la siguiente ocasión,
la ventana que me muestra a diario
el mismo cuadro pero con distintos tonos.

Me gusta lo que no cambia,
la sonrisa en los labios,
las sorpresas que da la vida,
los libros que no cesan de invadir mi cuarto,
el colchón que me recoge cuando todo pesa,
los papeles que vuelan con magia
hasta caer agotados al suelo,
los poemas que decoran mi vida
dando igual cual sea la estación.