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domingo, 30 de agosto de 2015

Una sonrisa.

Un motivo,
ganas de vencer,
fuerza para seguir,
fe, esperanza y sueños,
un corazón acelerado,
un recuerdo para la eternidad,
un sentimiento,
una emoción,
silencio y calma,
ganas de abrazos,
lágrimas de júbilo,
palabras sin pronunciar,
un actoreflejo
y cuidado, puede enamorar.

Dime entonces
que una sonrisa
no tiene consecuencias.

Hablamos.

Cuándo hablo contigo
soy incapaz de ordenar mi mente,
ideas dispares chocan
creando mundos imaginarios,
historias que protagonizas
sin tan siquiera saberlo.
Mis frases tienden a repetirse,
ato mi lengua por miedo
a lo que esta pueda decir,
aunque tal vez debiese contarte
del nerviosismo que provocas en mí
haciendo que me sienta estupido.
Y busco un porqué que no encuentro,
algo sencillo y simple,
saber que es cuando me das tu abrazo,
el deseo de verte cuando no suelo hacerlo.
Maldita rutina. Me gustaría verte
aun siendo solo un momento,
pero la vida es caprichosa
y el destino un cruel escritor.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Estado de ausencia.

La noche permanece silenciosa
y mi cabeza está a oscuras
en busca de la luz idea.
Noto un espacio vacío, no
lo identifico, no se que siento,
o que no siento en realidad.
Mis latidos son calma, mi respiración
sigilosa, mis pensamientos
ecuaciones no despejables,
mi cuerpo es agua que teme mojarse.
Siento un frío cálido, un grito
inaudible, hambre aun ya saciado.
Siento que no siento y a la vez
todo se une en mi, agujero
en el corazón dudoso, seguro
solo de ser motor.
Quiero lo que no se que es,
la ausencia resuelta del deseo
sin ser un sueño agitado
que confunde a la verdad
y se niega a ser de ella.
Breves, así conservo mis instancias
en este estado caótico,
si la sonrisa amanecerá, por
ley, orden y porqué la provocan a ser.

martes, 25 de agosto de 2015

Amar de ti.

Amé sus labios, su sonrisa traviesa
fingiendo no haber roto un plato,
sus manos peregrinas, acompañadas
por las mías como un faro marcando
el paso a recorrer.
Amé su vientre, plano y recto,
un lienzo perfecto para el pincel
que es mi dedo, dibujando amor,
creando magia y cosquillas.
Amaba aquellos pechos, no cabían
en mi palma, mi boca saboreaba
su dulzura y mis llemas acariciaban
la suavidad de su piel.
Amaría por siempre su lengua
aventurera y confiada. Sabía
a vainilla. Se me antojaba más de ella
en mis labios, mi cuello, mi oreja, en mí.
Amaré el recuerdo de las sabanas desechas,
aquel olor, mezcla de fresa y esencia de mujer
unido al agotamiento de lo que más amé.
Amo todo eso, pero no la amo a ella,
incapaz de alcanzar a verme sin verme,
de conocer que ocultan mis escritos,
pobres aun, pero gestan un posible futuro,
sin saber como mirarme para tener miedo a perder,
sin los ojos que me den la esperanza,
la razón, el motivo, la vida y la fe.

viernes, 21 de agosto de 2015

Poesía y realidad.

Es por la mañana y estoy leyendo a Blas de Otero.
El libro que está en mis manos pertenece
a un buen amigo que conoce mis gustos.
Estoy leyendo sus poemas, detenidamente,
sin adelantarme a ninguna coma y ningún punto,
y pienso: ¿Porqué creen que la poesía solo es amor?
Me cago entonces en la incultura de la sociedad, en España.
Si cito a un poeta como es Benedetti o Lorca
o tan solo hablo de mi gusto por la literatura
me miran como quien ve una cucaracha, pero no la de Kafka,
ellos creen que metamorfosis es una nueva droga.
Iré esta tarde con unos amigos al bar de siempre,
golpearé mi hígado como si fuese Rubén Darío
y perderé mi brazo como Valle-inclán
al tirar de mala manera a la diana que nos acompaña
para ir tambaleándome como un dardo recién clavado.
Buscaré entre las mesas a alguna chica
que me llamé la atención, pero nunca al móvil,
siendo un Bukowski que engaña sin mentir,
amante antes que embustero, ante preciosas,
para dormir acompañado tan solo de un buen libro.
Y odié a este mundo que pudo serlo todo
pero decidió ser menos que una mera mierda.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Estaciones.

Me gusta el calor del verano,
las brisas que acarician en la sombra,
la cerveza que besa con labios fríos,
las muchachas ligeras de ropa,
la aventura que me concede el tiempo
para poder dedicarme más a mi mismo,
los amigos, desocupados de estudios,
las conversaciones hasta tarde con
una anónima mujer de suelto bajo vientre,
las noches de madrugada riendo en aquel bar.

Me gusta el frío del invierno,
esconderme de él entre gruesas mantas
y hacerme un ovillo sobre el sofá,
la bufanda que esconde mi cuello,
aquel abrigo de paño que me hace
sentir que soy todo un señor poeta,
la estufa, salvadora de mis dedos congelados,
el café caliente que acompaña a las mañanas,
los días lluviosos que me sobrecogen
y el sonido de las gotas al caer.

Me gusta el tiempo de entre temporadas,
la chaqueta fina imprescindible,
los cambios de colores de las calles,
la variabilidad de las horas de luz,
la incertidumbre de tiempo que hará mañana,
el amor que demuestra no ser fugaz,
la rutina en calma que taladra el calendario,
los árboles visitiendo poco a poco
para la siguiente ocasión,
la ventana que me muestra a diario
el mismo cuadro pero con distintos tonos.

Me gusta lo que no cambia,
la sonrisa en los labios,
las sorpresas que da la vida,
los libros que no cesan de invadir mi cuarto,
el colchón que me recoge cuando todo pesa,
los papeles que vuelan con magia
hasta caer agotados al suelo,
los poemas que decoran mi vida
dando igual cual sea la estación.

Catorce de infortunios.

Me acuerdo
En ocasiones de ti.

Días que por sorpresa
Alteran mi carácter
Sin saber porqué.

Intento hallar que era,
Gateando entre cristales rotos,
Uniendo cada fragmento,
Atando cabos sueltos
Lidiando con cortes reabiertos.

Ato solo los primeros que veo.

Cambia mi manera de verte,
Encontré la suma entre tú y yo
Recabando letras
Ostentosas de su puesto pues

martes, 18 de agosto de 2015

Me rindo.

Me rindo.
No quiero rendirme, dije.
Me miró aquel que habita
en los espejos y en los charcos
con ojos fríos en su oscuridad perpetua.
Le vi levantando un móvil,
tecleaba un mensaje.
Se escuchaba la vibración
que producía el toque
en aquella pantalla táctil.
No quiero volver a rendirme, repetí.
Sostuve su mano con fuerza
evitando que enviase aquel mensaje.
En apenas un instante grito:¡Ah!
Me sorprendí tanto que lo sonté,
y con el se escapo aquel mensaje
que escondía algo más que un saludo,
encerraba rencor, recuerdos melancólicos
en una frustrada amistad.
Me rindo. No me conozco todavía.
No llegará a buen puerto
las astillas del navío
que se hundió en alta mar.

lunes, 10 de agosto de 2015

La espera.

Me duele la espalda de estar apoyado aquí,
esperando a tener algo por lo que poder esperar,
charlando conmigo mismo, descubriendo
lo poco que me conozco en realidad
y lo poco que se.
El tiempo pasa solo una vez, sin contemplaciones,
sin esperar a nadie,
y menos algo de mí.
No me acostumbro a no ser yo,
pero porque no quiero ser otro,
quiero esperar a que todo pase
pero pasa que quiero esperarte,
mientras hago tiempo, conversando
sobre mis locuras y tus tonterías,
las tonterías que te conceden el encanto
y que me hace esperar a tener un motivo
para poder esperarte.
Y espero con la voz ronca, mellada
de tanto torturarme hablando
a solas con un bolígrafo medio gastado,
escribiendo mis dudas, ¿Qué dudo?
En saber que esperas de mí.

viernes, 7 de agosto de 2015

¿A quién te pareces?

¿A quién te pareces? Te pregunto
atrapado en este campo de locura.
Me responde el aire, tierno y ligero,
diciendo que no te pareces a nadie,
Pero yo se que es mentira.
No se hallar semejanzas, no se callar
esta verdad mía que siempre se adelanta,
y se que no hay detalle alguno
que en ti se encuentre en otra mujer.
Sigo pensando, buscando el parecido
y que encuentro sino nada,
canciones emotivas, conversaciones profundas,
pero nada es tuyo
y tuyo quiero ser.
No tolero las ausencias, los dolores
que prenden este vientre,
el escalofrío que recorre mi cuerpo
cuando te haces presente
y aun así no se a quien te pareces.
Duermo en la brevedad de los días
y sueño sonrisas, deseos cumplidos,
liberando un supiro leve
tras entender a quien te pareces:
Te pareces a la mujer que una vez soñé.

jueves, 6 de agosto de 2015

Miraba a tus ojos.

Miraba a tus ojos a sabiendas
de que no los volvería a ver
hasta un lejano encuentro.
Miraba a tus ojos ocultando los míos
bajo un gesto sombrío,
temeroso ante la posibilidad
de que vieses que ocultan.
Miraba a tus ojos y a la vez
no los miré nunca,
me topaba con un cristal
que no me dejaba saber que piensas,
un cristal que me impide leerte,
siendo un libro más en mis manos.
Miraba a tus ojos mientras
contaba con los dedos,
mi secreto ante Dios, gritos de silencio,
arrodillado desde mis emociones,
el alma que atosiga a la lógica
y trata de aplastarla.
Miraba a tus ojos mientras te soñaba,
sonriendo en la noche a la almohada
conocedora de mi locura, mi remordimiento,
de mi fuerte cobardía...
Miraba a tus ojos cotemplando
un firmamento, el futuro
que escribo y se que nunca habrá,
pues no existe la casualidad
en este mundo donde nada es imaginario
y mis ganas de abrazarte,
movido por mi subconsciente,
se pierden en oídos de nadie.
Miraba tus ojos y les encontraba
un enorme parecido,
más tal vez fuese la sangre,
o que son aquellos que se me antojaron
cuando una vez fui un niño bueno,
y ahora descubrí que estuvieron,
riéndose serios de mi ceguera.
Miraba a tus ojos, miraba literatura
en ellos, miraba tras los barrotes
que me prohibían el cielo,
los escalones que digo
se que nunca los escalaré.
Miraba a tus ojos sin saber que es mirar,
ahora miro a tus ojos disimulando,
no preguntes el qué, lo sabes,
lo mal que se fingir, mentir
a los ojos infantiles que claman
el sol, la luna, los planetas,
junto con las notas que nunca
aprendí a tocar.
Miraba a tus ojos a través
de una cuerda de guitarra rota,
y sabiendo que estaba partida
fue como el débil hilo que nos une,
que ataste en mi sin darte cuenta.
Miraba a tus ojos pensando en algo,
como con que compararlos,
buscando la frase que llegara,
pero no alcanza si me atrapa el tiempo,
y mientras yo miraba a tus ojos.
Y los tuyos a mi no me miraban.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Sonrié, quítame la razón.

Me gusta oír la brisa,
ignorar la presencia del silencio,
besar con mis labios secos
la húmeda mañana.
Me gusta calmar mi sed
con las lágrimas dulces,
concedidas por los buenos momentos,
perdidas en la memoria del "a saber".
No lamentaré mi melancolía,
si soñaré el porvenir,
vienes a mi lado si te prometo
la felicidad que jamás sentí?
Mis versos no son para no ser,
son para ser una razón de tal,
embriagado con cuatro tristes tragos
me lamentaré si al terminar mi poema
coges y te vas.
Vivo libre, a quien mentir?
Los árboles respiran la calma
que siempre quise tener,
pero que nunca supe vislumbrar.
Me marcho, y no se cuando volver,
mi imaginación me reclama con ahínco,
abrazado a quien se que nunca mirará
a este poeta que viste de paisano.
No se ser especial, ni mucho menos,
no se ser el chico malo ni bueno,
no se más que ser el rostro serio
tras la risa, osea ser, yo mismo.
Ahora reclamo que vean
el trasfondo de las bromas del payaso,
podría compararlo con las hojas otoñales
que caen rogando por ser rama,
pero se que tu rostro serio,
aun de niña buena, en dulce juventud,
no entendería aquello que oculta
mis instantes de vejez,
donde se que todo es un tesoro,
y que un tesoro no vale nada
si no puedes compartirlo.
Tan solo mi tesoro es un ruego:
Lee estos versos, entiéndeme,
y sonríe, para quitarme la razón.

lunes, 3 de agosto de 2015

Confesión de una noche.

Los silencios a veces salen demasiado caros, abriendo heridas allí donde no hay carne, pero sangra de igual manera, perlando con una gota salada.

Existen acciones que deben permanecer tan solo como un deseo, por las repercusiones que esto puede desencadenar, pues a veces solo buscamos estar tranquilos, y salir de este estado es algo no recomendado para la sociedad.
A veces el corazón habla, pero el cerebro no entiende, y él siempre tiene la última palabra a la hora de dirigirnos. Las miradas tienden a ser furtivas cuando esto ocurre, comprendiendo que todo es indebido, causando una sensación de culpa por el hecho de tan solo imaginar. Las dudas ocupan hasta el mundo de los sueños y las palabras acaban por sonar nerviosas, haciendo eco en el recuerdo de la vergüenza. Los momentos que se comparten no saben más que a el sorbo breve que apenas invade los labios, tentando al hambre que quiere más.
La ausencia es aquello que más duele, el hecho de verlo todo complicado, susurrando un nombre prohibido, la rosa con espinas que sabes que fuera del florero no puede sobrevivir.
No comprendes porque encuentras encanto en una persona tan corriente, considerando cualquier gesto como especial aun a sabiendas de que eso no es así, ignorando los defectos, considerándolos parte del conjunto que compone y define a la persona como la pieza que llena la ausencia que siempre sentiste. Todo se vuelve extraño, la visión contempla lo imperfecto como perfecto, añora aquello que nunca tuvo y quieres tener.
Vivir de testigo es una pena, pero nunca sabes lo que depara el futuro y si el paso de los años regalará la tan codiciada suerte que se necesita para romper con las barreras que Dios por desgracia estableció.