Follow by Email

domingo, 14 de junio de 2015

Desde el engaño.

No hallaba límite para su cantidad de errores cometidos. Dejando escapar el aire de sus pulmones y cerrando los ojos logró sacar ganas suficientes para abrir aquella puerta. Sus ojos se vieron cegados por la fuerte luz del sol del ocaso, el suelo parecía tambalearse sobre aquellos largos tacones y el ruido del tráfico la hacia vislumbrar que no vería nada bueno.
Llevaba días conversando con un chico dos años mayor que ella que había logrado atraer toda su atención. Aquel muchacho no arrastraba buenas recomendaciones tras de si, siendo considerado un egolatra, un pretencioso y un interesado. Pero a pesar de eso, ella consideraba que había sido capaz de conectar con su alma sensible en tan breve tiempo.
Los piropos y halagos eran la gran mayoría de sus mensajes, demostrándola que la gente se equivocaba con él concediéndola la confianza de contarle sus pequeños problemas. Tal era su confianza que llegó a enviar fotos suyas con cierto tono provocativo mientras él tan solo se deleitaba con dichas imágenes.
Oía rumores de que hablaba y se veía con otras, pero la gente inventa mucho desde la envidia, o al menos eso decía él.
Por otro lado estaba harta de los mensajes de un antiguo amigo que afirmaba preocuparse por ella, un muchacho sin nada a destacar ante su manera de ver.
La fiesta ya debía haber comenzado por lo que aceleró su paso. Sus amigas ya estaban allí, con el alcohol correspondiente pra cada una.
Al llegar se cruzó con varias personas de su edad que la miraban y se reían entre ellos. Ella, decidida, avanzó con altanería pensando que había llamado la atención de esos raros.
Según pasaba el tiempo más momentos así ocurrían. Continuaba gallarda a pesar de los gestos de desaprobación que provenían de las chicas de su edad, envidiosas a su parecer que se llevaba toda la atención de los chicos.
Junto a sus amigas se dejó llevar por movimientos de baile de carácter provocativo y se vio obligada a separarse de más de uno que trataba de restregar sus partes íntimas sobre su trasero.
Una voz a sus espaldas la hizo girarse. Su amigo, aquel pesado, estaba frente a ella. Sabía de sobra su interés por algo más que la amistad, pero fingía no comprender las indirectas que este lanzaba.
Durante largo rato discutieron. Él se había enterado de la existencia de su posible "algo" y solo soltaba las mismas patrañas que el resto. A punto de marcharse al grito de "si le prefiero a él te jodes" trato de alejarse, pero una mano aferró su muñeca. Aquel amigo suyo se encontraba serio, denotando su enfado. Temía que la agrediera hasta que vio que la tendía el movil. La imagen en la cual le mostraba sus pechos a aquel mágico muchacho se encontraba en pantalla. Entonces comprendió que no llamó la atención de aquellos "frikis" ni era envidia lo que ellas tenían y ni mucho menos se acercaban a ella porque debía estar mejor que nunca. Esa imagen se había difundido, por su ingenuidad y su egoísmo, causa de todos los desastres que aun quedaban por venir.