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jueves, 25 de junio de 2015

Todo depende.

A sabiendas de que la mejor condición de uno mismo se concede, curiosamente, cuando nada promete estar bien es gracias a esos pequeños momentos en los cuales olvidamos a ese mundo nefasto que trata de consumirnos en el mismo fuego que prendió con la intención de consumirse a si mismo.
Algo que olvidas en esos mágicos momentos son los lazos con ciertas personas. Al igual que el tiempo, una relación cambia a ojos de cualquiera, ya sea amistad como romance. A veces tienes una sensación errónea de que tienes más confianza de la que realmente existe y para esa persona no vales tanto como tú creías, pero en ese momento da igual, soli existes tú y tu felicidad efímera.
Son esos grandes momentos que te hacen olvidar por instantes todos tus númerosos compromisos, aquellos que torturan a una mente ya maltrecha al verse sometida ya por diversos puntos.

Recordando la primera causa que nos hace olvidar, ¿que es realmente lo que catáloga a una persona como cercana o valiosa a nuestro entender? Tendemos a sacar ideas preconcebidas, no solemos conceder oportunidad de que se dejen conocer y más importante aún, no vemos más allá de lo que ven nuestros ojos.
La amistad es delicada y pronto puede verse debilitada a causa de cualquier designio del destino, solo nuestro razocineo está ahí para hacerle frente.
La visión de determinadas cosas varía según el enfoque, a partir de ahí depende de nosotros preguntarnos de que punto de vista está cada cual.

domingo, 14 de junio de 2015

Desde el engaño.

No hallaba límite para su cantidad de errores cometidos. Dejando escapar el aire de sus pulmones y cerrando los ojos logró sacar ganas suficientes para abrir aquella puerta. Sus ojos se vieron cegados por la fuerte luz del sol del ocaso, el suelo parecía tambalearse sobre aquellos largos tacones y el ruido del tráfico la hacia vislumbrar que no vería nada bueno.
Llevaba días conversando con un chico dos años mayor que ella que había logrado atraer toda su atención. Aquel muchacho no arrastraba buenas recomendaciones tras de si, siendo considerado un egolatra, un pretencioso y un interesado. Pero a pesar de eso, ella consideraba que había sido capaz de conectar con su alma sensible en tan breve tiempo.
Los piropos y halagos eran la gran mayoría de sus mensajes, demostrándola que la gente se equivocaba con él concediéndola la confianza de contarle sus pequeños problemas. Tal era su confianza que llegó a enviar fotos suyas con cierto tono provocativo mientras él tan solo se deleitaba con dichas imágenes.
Oía rumores de que hablaba y se veía con otras, pero la gente inventa mucho desde la envidia, o al menos eso decía él.
Por otro lado estaba harta de los mensajes de un antiguo amigo que afirmaba preocuparse por ella, un muchacho sin nada a destacar ante su manera de ver.
La fiesta ya debía haber comenzado por lo que aceleró su paso. Sus amigas ya estaban allí, con el alcohol correspondiente pra cada una.
Al llegar se cruzó con varias personas de su edad que la miraban y se reían entre ellos. Ella, decidida, avanzó con altanería pensando que había llamado la atención de esos raros.
Según pasaba el tiempo más momentos así ocurrían. Continuaba gallarda a pesar de los gestos de desaprobación que provenían de las chicas de su edad, envidiosas a su parecer que se llevaba toda la atención de los chicos.
Junto a sus amigas se dejó llevar por movimientos de baile de carácter provocativo y se vio obligada a separarse de más de uno que trataba de restregar sus partes íntimas sobre su trasero.
Una voz a sus espaldas la hizo girarse. Su amigo, aquel pesado, estaba frente a ella. Sabía de sobra su interés por algo más que la amistad, pero fingía no comprender las indirectas que este lanzaba.
Durante largo rato discutieron. Él se había enterado de la existencia de su posible "algo" y solo soltaba las mismas patrañas que el resto. A punto de marcharse al grito de "si le prefiero a él te jodes" trato de alejarse, pero una mano aferró su muñeca. Aquel amigo suyo se encontraba serio, denotando su enfado. Temía que la agrediera hasta que vio que la tendía el movil. La imagen en la cual le mostraba sus pechos a aquel mágico muchacho se encontraba en pantalla. Entonces comprendió que no llamó la atención de aquellos "frikis" ni era envidia lo que ellas tenían y ni mucho menos se acercaban a ella porque debía estar mejor que nunca. Esa imagen se había difundido, por su ingenuidad y su egoísmo, causa de todos los desastres que aun quedaban por venir.

martes, 9 de junio de 2015

Aquella.

Buscaba ver de nuevo aquellos ojos inocentes, sentir de nuevo aquel estimulante escalofrío que retorcía cada fibra de su cuerpo y provocaba el choque del corazón contra el pecho, un segundo de vacío que pronto era ocupado por ruidos bruscos y ensordecedores.
No la veía más que ocasionalmente desde que la perdió la pista finalizando su infancia. Sus palabras siempre amables eran atesoradas en su memoria, y su gesto, sencillo pero mágico,  aguardaba el sentido a todos sus pesares.
Aquellos ojos verdes albergaban la razón por la cual era como era, aunque él nunca se percatase de ello.
Cada encuentro producía una caída a un estado de nerviosismo del cual se veía preso y no veía salida posible. Múltiples imágenes con variadas situaciones eran producidas por una sugestionada imaginación, causa de la presencia de la mayor musa del Parnaso que él hubiese conocido.
Dos tímidos besos a modo de saludo eran la presentación a las trabadas palabras que se daban después, seguido por un incómodo silencio y una forzada despedida.
Siempre permanecía en ese estado pétreo, viéndola alejarse junto con la sonrisa más inocente y los ojos más puros que nunca vio.
Solo entonces su nombre se escapaba de sus labios, perdiéndose en el aire que aquella mujer le quitaba.