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domingo, 10 de mayo de 2015

Mi pequeño gesto.

No puedo mirar a mi alrededor sin cargar con una mirada llena de prejuicios, observando como los actos acometen contra la realidad, deformándola en una cruel imagen burlona que se mofa de nuestras vidas cotidianas.
Estoy cansado. La rutina sofoca a los ideales impacientes que ruegan por dar rienda suelta y asombrar al feo mundo, agotado por el peso de las responsabilidades que nunca pedí y mucho menos quise, desganado por todos aquellas personas que dijeron entenderme y tan solo se sentían comprendidos en una pequeña parte de esto que escribo.
Poso mi mirada crítica por todos los aspectos que definen esta sociedad tan triste y maldigo a la literatura que, en su ingenua forma me mostró falsamente que existen felicidades eternas, vidas resueltas que no concluyen en infestuosas morgues sin identificación, de amores imposibles solucionados por el poder de un corazón joven apasionado y una magia que nunca se conjuró. Una vez leí que "el amor tiene más gestos que palabras" pero la vida me enseñó que los auténticos gestos son pequeños y pasan desapercibidos, que las flores marchitan, salvo en el recuerdo.
Ha llegado un punto donde la felicidad no es un objetivo sino que todo es una burda competición de haber quien tiene más, un juego de apariencias con trucos de luces y sombras.
Siempre quise ser feliz. Me dio igual si en el camino a la felicidad el hambre me amedranta si la sonrisa complace al estómago del espíritu, si carezco de marcas si ya marcaron en mi corazón la directriz que ha de seguir mis instintos para conocer el deseo del alma.
Rompí con todo lo que tuve buscando la dicha, y sin respuesta aun me hallo. Tal vez la edad me haga creer que la solución se da en los labios de una mujer, pero el pecado no se hizo para el hombre que solo se ve tentado en ver sonrisas en el prójimo y solo sufre cuando ve que sus resultados no son los esperados.
Mis palabras las borrará el tiempo, caerán en el olvido más profundo junto con todas las historias que nadie quiso contar, pero me sentiré satisfecho si quien lee en estos párrafos halla consuelo o la lección de que la felicidad nace del pequeño gesto que es creer en nosotros mismos.

-Iván Sánchez Mora