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lunes, 25 de mayo de 2015

A los problemas cero preocupación.

Tantas son las veces en las que creemos toparnos con un muro que nos impide seguir. Nos obcecamos en intentar saltarlo, como si tuviésemos capacidad para ello. Tratamos de derribarlo, aun sabiendo que no tenemos fuerzas suficientes. Hacemos mil intentos, sin pararnos a pensar y así ver que a un lado está una puerta abierta.
Los problemas no son más que necesidades por cumplir, sean del tipo que sean, y siempre concluyen en la búsqueda de nuestra paz interior, y solo debemos aguantar la presión, pues el tiempo no es quien abrirá puertas o ventanas, derriba el muro a base de soplar.
Pasamos media vida preocupados por el que pasará y nos olvidamos de lo que está pasando. Solo sabemos hacer planes para hacer más planes, descuidando el hecho de que nosotros no controlamos aquello que puede ocurrir y así nos preocupamos ante los imprevistos que acontecen, pues carecemos de poder sobre ellos.
Tan sencillo es como dejar de planear, disfrutar del momento para que los improvistos sean vanas sorpresas que no afectan a nuestra actitud. Fuerte es aquel que sabe afrontar su vida y no lo que le queda por vivir. Nuestras manos no son solo simples extremidades, tienen la capacidad de construir las escaleras que salten los muros que nos refrenan, el futuro que nosotros queremos. Construyamos con lo que tengamos cerca, no esperemos a que llegue algo que a lo mejor no aparece nunca, disfrutemos de nuestras obras y no esperemos que a otros les guste, tan solo tú vas a sentir beneficio de tu propio camino, las palabras del resto tan solo son los lastres que se atan a nuestro paso, e ahí nuestra capacidad de andar como si no fuesen más que unos zapatos incómodos o una cruz de espinas a nuestras espaldas.
Debemos desprendernos de todo aquello que pesa y resulta innecesario: odios, rencores, preocupaciones y, en algunos casos, de personas. No debemos olvidar que el destino al cual tratamos de llegar es la felicidad, que cuanto más cerca más sentimos su calidez en el pecho.
Pero no debemos olvidar que cada uno tiene su propio camino. Mi concepto de ser feliz no es el mismo que el de nadie, por eso hemos de emprender caminos distintos, aunque a veces compartamos tramos.
La risa a de ser la única moneda de cambio que usemos, los favores altruistas los únicos contratos que pactemos y la vida ha de ser el mayor amor que vivamos.

"No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos."

-Albert Einstein.