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miércoles, 27 de mayo de 2015

A los ojos de un cualquiera.

Hace bastante tiempo que he dejado al género lírico un tanto de lado, a pesar de que este blog iba a ser dedicado solamente a ello.
Pero es la naturaleza del ser humano la de evolucionar, avanzar hacia delante, aprendiendo de cada error.
Conocer a las personas es una tarea difícil. Nunca terminas realmente de conocer a alguien. Muchas son las veces en las que nos vemos sorprendidos por ciertos actos, pero más aun por quienes son llevados a cabo.
La sociedad nos ha educado para depender de ella o creer que es necesaria, y nada más lejos, pues no conocemos que es vivir lejos de ella.
Pero si como dije antes, nosotros evolucionamos, ¿no debería la sociedad que está compuesta por nosotros evolucionar también? ¿Porqué parece que lo hace mucho más lentamente?
Nos dedicamos el tiempo en prejuzgar a quien tenemos cerca, y no nos molestamos en conocer primero.
No conocemos el pasado de la gente, y lo que conocemos es a través de las opiniones de otras personas. Aun con esa poca información somos capaces de creernos que podemos juzgar objetivamente a una persona.
Sin conocer de una manera cercana no podemos simpatizar, no podemos buscar un porqué a sus actos. Las malas miradas a desconocidos son habituales, como si buscasen el conflicto.
En una pelea no hay ganadores, solo hay dos inútiles en el uso de la palabra.
Es demasiada gente ya la que se siente incomprendida víctima de estos prejuicios, normalmente ante la estética o el físico, sobre todo en esta edad juvenil por la cual todos pasamos.
Una vez oí que el grito del alma es el sonido más fuerte que puede llevar a cabo una persona, pero también es el más ignorado por todos.
Ir solo a lo que nos parece bello solo nos provocará dolor, siendo insectos que se acercan demasiado a la luz de la lumbre.
Más de una vez he tratado con sujetos condescendientes desde la primera palabra que cruzamos, solo porque su primera impresión fue de determinada manera. Las primeras impresiones son erróneas en su mayor parte, son el prototipo que necesita ser perfeccionado.
Toda está reflexión no es solo mía, se debe a que visité otro blog que comparte esta impresión mía. Aquí os la dejo para aquel que quiera leerla: http://elrincondeunomas.blogspot.com.es/?m=1 no tiene desperdicio ninguno.
No hemos de juzgar un libro por la portada, y tampoco si tiene un mal comienzo. Lo que verdaderamente importa es el final.