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miércoles, 21 de enero de 2015

A aquellas.

Gotas rojo carmesí perlan
los desquebrajados labios, sedientos,
rotos y avergonzados por viajar
sin pasaje ni pretensión
de pagar la multa impuesta
y ¡oh Dios mío! Me bajé en
la parada incorrecta, estaba
llena de tentaciones danzantes,
seductoras calzadas en tacones
hacían algo erótico de
sus maltrechas vacías palabras.
Ensordecían el ruido y atraían
todo foco presente a ellas
y ¡ay!, que traidores ojillos,
colores del mismo cielo
o esperanzados, la calma
de esa nana para un niño de cuna.
Encendían la caldera de mi pecho,
tantos mil nudos por milésima
en aquel helado océano,
buscando en introspectiva
el oleaje desatado de emociones
que excita a la imaginación
al punto de creer real
el paseo de mi esencia
por el cotorno de sus fingidos amores.
Las despedí con la mano:
adios, desconocidas, adios,
que lástima que vuestra belleza
sea la única que corrompe
el tiempo, ansioso de su funeral.