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jueves, 29 de enero de 2015

Desde la juventud.

Hostigué a mí juventud
a disfrutar de si, y así pasó,
mi mirada fija en palabras
que nunca han sido dichas,
a rostros que nunca volveré
a ver nuevamente.
Y solo los miré callado,
satisfecho con contemplar
la belleza de la mujer,
embriagado por tanta
mi razón se desata en
un fondo que nunca conocí.
Seducido por el contorno
de un vientre tímido,
por el bote a ritmo
de sus atríbutos más
ambicionados por los ojos,
de una caricia a la visión
por la dulzura en sus expresiones,
la muerte que tienta
si tras ella hay dicho paraíso.
En buen medida alargué
mi teoría de ideales,
limitado a ser testigo
contemplé un mundo de apariencias.
¿Dónde está la belleza?
¿Cuándo murió la poesía
en labios ajenos?
Elevó sus alas el ave
de expléndidas garras
y pico dorado bajo el sol,
pero solo cuando fue madura
y perdió plumaje
ante cuervos insatisfechos,
se perdió entre las nubes
ignorando los cantos cortesanos
ya afligida con aprendida lección.
Y así son las mujeres que veo:
Bellos rubíes fogosos a la vida
ignorantes de la piedad
que nunca concede el pecho,
reajustado latido por cicatrices
no corrompe su belleza
ni mancilla tal hermoso ópalo
si no que concede aquello
que perdura, eterna, en una mujer.

domingo, 25 de enero de 2015

El desaliento.

Impasible canté mi silencio
como un rezo o una plegaria
por calmar mis nervios de latón.
Mire al destino con desasosiego,
temeroso, acongojado, carente
del aliento que sustenta mi vida,
pues entonces no supe
que alentar mis ganas
era levantar el vuelo
que se me negó al nacer.
Acribillé con pensamientos
a cualquier atisbo de duda
para saber que hay tras de mi
y esas emociones
que a mi corazón bloquean.
Así llegará mi muerte,
con la búsqueda de un sentido
a través de las letras
que decorarán mi epitafio.

miércoles, 21 de enero de 2015

A aquellas.

Gotas rojo carmesí perlan
los desquebrajados labios, sedientos,
rotos y avergonzados por viajar
sin pasaje ni pretensión
de pagar la multa impuesta
y ¡oh Dios mío! Me bajé en
la parada incorrecta, estaba
llena de tentaciones danzantes,
seductoras calzadas en tacones
hacían algo erótico de
sus maltrechas vacías palabras.
Ensordecían el ruido y atraían
todo foco presente a ellas
y ¡ay!, que traidores ojillos,
colores del mismo cielo
o esperanzados, la calma
de esa nana para un niño de cuna.
Encendían la caldera de mi pecho,
tantos mil nudos por milésima
en aquel helado océano,
buscando en introspectiva
el oleaje desatado de emociones
que excita a la imaginación
al punto de creer real
el paseo de mi esencia
por el cotorno de sus fingidos amores.
Las despedí con la mano:
adios, desconocidas, adios,
que lástima que vuestra belleza
sea la única que corrompe
el tiempo, ansioso de su funeral.

Flores desnudas.

Mi colapsado pensar se ha olvidado
de ver sin ver,
de comprender el llanto
de las flores despojadas
de  aquellos pétalos repletos
de rencor, ausentes de
amor y de cariño,
solo el odio las mantiene erguidas
sobre su tallo, molestas,
ahogadas en rabia y savia
a sabiendas de que aquella luz nocturna
no regalaría más sus baños amarillos.
Sus espinas seguiran protegiendo
del peligro que causaba aquel dulce aroma,
aferradas a sus pecados
orgullosas de su fragilidad de cristal fino,
avergonzadas al caer rendidas por el invierno
canoso, feroz en su hábito
de estrangular cruel
la vida hecha a morir.
Ansían provocar lágrimas
a la inocente primavera
y sonreír luminosas
a una dorada estación,
verter sobre si
rayos fríos al tacto
pero son sangre hervida,
vapor de deseo alegre,
a presión de fuerza
alzan sus cráneos floridos
a tratar de contemplar mares,
las tierras cubiertas
maduras ya por una barba verde
pisada por unos curiosos visitantes
que caminan sin saber apreciar,
testigos de la carne
que nos consiente,
las imagenes que amedrentam
al miedo y el temor
a que todo cambie,
que ya se sabe
que nada puede huir
de aquel dios llamado Tiempo
imponente con su orden,
de su mano invisible
haciendo de estas
un recuerdo de una obra
sin artista y alguien
que añore y sufra
nostalgia sangrante y triste
por no poder acariciarlas ya con los ojos.
La tierra no se mueve
más quieta espera a que
el sol se haga el ciego,
no da nutrientes el aire
que mi aliento urbanista
al exhalar contamina
y no son digestivos
estos versos versados en la locura,
y no regaré bellezas efímeras
por mucho que el jardín se lamente,
olvidaré las flores mustias
que solo se ocuparon de mantener
vivos tonos en el cuadro
sin tener en cuenta el reflejo
de aquello que es real o no.

martes, 20 de enero de 2015

A quién supo que es amor y lo probó.

No abrí mis ojos por temor
a conocer lo real y aprender
a distinguir entre amor y hambre
de carne, triste gula, pero
se acepta en una sociedad
torturada por el deseo,
la pasión de dos cuerpos
entrelazados en fogosas caricias
vacías de cualquier sentimiento
que implique al ser.
Comenté sobre piernas,
tentación para el pecado
pues soy hombre, pero
se que llenar el estómago
no llena el hueco
donde gusanos esperan
con impaciencia tejer
los capullos para
hiperactivas mariposas.
Entonces me planteé
que había tras cada joven,
preciosa en sus andares
y no obtuve más que burlas
y un juicio poco preciso
sobre mi sexualidad, imbéciles
que no saben que es
el nerviosismo, las palabras
atascadas en una garganta seca,
y creen erróneamente que hombre
es piropos propios de
caninos en celo, ahogados
en testosterona y hormonas.
Hombre es quien es capaz
de hacerse cargo de sus palabras,
del peso de un "Te quiero"
y no un cobarde embustero
que regala amores falsos
siendo un mentiroso más
que no sabe consumirse
por anehelar a una mujer.
Y no seré hipócrita, no,
pues no se ignorar
el físico, mi condición de
hombre me hace ambicionar
sentir tacto en mi mano
recorriendo su cuello,
delicado y lento,
parando en un pecho sugerente,
llegar allí donde
vierto toda la pasión que albergo,
mar embravecida en
calmada tempestad,
pero,¿de que
sirven besos que no
saben hablar?
¿Para que quiero labios
que saben igual
a la otra, a esta, aquella
y la de más allá?
Quiero enloquecer por
un contacto único,
paralizarme por unos ojos
que sepan de miradas,
una pupila abierta al mundo,
conociendo la unión
que otorga el alma,
alimentando sueños
que no nos harán despertar,
sonriendo como un bobo
feliz al ser conocedor de
no ser presa de un encanto
si ella también está bajo
el hechizo de aquello
que algunos llaman amor.
Veré como me quedo ciego
desapareciendo sus defectos
en la nada, comenzaré
a sentirme completo
y sabré que si algún día falta...
mejores días no vendrán.
Se que todo llega al final,
pero no por ello me apresuraré,
no cambiaré a nadie
pues nadie cambia,
aunque nos puedan engañar,
me negaré a ser víctima
de titiriteras,más sabré
que unos ojos y un gesto
esconden la luz
que me saqué de esta
tortuosa y plena oscuridad
donde me hallo sumido
causa de la soledad
que las caricias vacías proporcionan.