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lunes, 6 de octubre de 2014

Como Bécquer.

Y torció su gesto en una mueca triste,
me hizo perder los papeles donde escribía mi redención,
pecar de nuevo, abriendo viejas cicatrices,
sintiendo con el cerebro el pensamiento del corazón.
Y si el alma habla, ¿qué dice?
Nadie entiende su incomprensible razón,
ignora las marcadas directrices
que señala la pasión
como ignoré a aquellas actrices,
solo querían de mi un simple poema sin pisar mi habitación.
Preguntar si me leíste,
una sonrisa como contestación,
como Bécquer, mis versos empezaron a ser felices
cuando comencé a creer en Dios.