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martes, 8 de abril de 2014

Madurez.

Desde que el patio de mi casa ya no es particular
no he vuelto a ser el mismo,
en mi casa solo hay sombras,
sombras que dejé de aquel niño.

¿Qué es mi vida si no parchís?
Añoranza al comparar el presente con el recuerdo,
llegaba a las diez tras sacar el cinco e iba feliz,
ahora por mucho que tiro no llego a casa a tiempo.

Mi corro de la patata, ¿qué fue de él?
Fue paro de chucherías en bolsas de kioskos,
de querer ser el mejor
si ahora soy el mejor si me reflejo en tus ojos.

El pilla-pilla descansa en herencia para los siguientes,
ahora solo se pillan catarros
por los aires que tienen las mujeres
en la forma de tratarnos.

¿Dónde están los ascos por las niñas?
Ahora si nos faltan no sabemos que hacer,
que no las quiten de nuestras vidas,
uno no sabe lo que vale algo hasta que lo llega a perder.

Desde que las pedorretas guardaron silencio
los deseos empezaron a hacer ruido;
pretenden pagar por mis recuerdos por debajo de su precio,
por ello nunca me descuido.